Secretaría de Cultura emite manual interno para combatir “trampas” de la prensa

Antonio Martínez Velázquez, conocido en redes sociales como Antonio Marvel, fue parte de los voceros no-oficiales de la 4T durante las pasadas campañas electorales y a finales del año pasado dejó su lugar como editor de la revista Horizontal para integrarse formalmente al gobierno federal en el rol de Director de Comunicación Social de la Secretaría de Cultura.

Si bien el trabajo informativo desde la dependencia se ha sostenido para destacar las diversas expresiones artísticas o culturales que emanan desde la federación, la dirección de comunicación ha dado la nota por diversas infamias como un error respecto a qué se celebra el 5 de febrero dentro de un comunicado y su respectiva defensa, invocando incluso el tema de las fake news como excusa. Otra comunicación, pero interna y no necesariamente responsbilidad de Martínez Velázquez, fue cuando un comunicado interno pedía “fomentar el acoso” en algo que no era más que un error de redacción.

Hoy la oficina de Martínez Velázquez vuelve a ser noticia gracias a que La Jornada reveló los contenidos de un documento interno en el que Comunicación Social da sugerencias respecto a cómo torear a los reporteros de la fuente cultural. Si bien podría ser una práctica común (lo es, de hecho) dentro de las oficinas gubernamentales e incluso la iniciativa privada, contrasta un poco la existencia de un manual tan explícito si tomamos en cuenta el pasado profesional del titular de la dependencia ya que fue director de un medio de comunicación.

Dice la nota de La Jornada, que surge a través de una filtración y declaraciones de trabajadores anónimos de Secretaría de Cultura, lo siguiente:

La lista de ‘‘trampas” reporteriles que describe el documento incluye las ‘‘ironías”, cuyo antídoto es ‘‘no engancharse, no pelear y mantener la calma”. Tampoco debe el entrevistado permitir el parafraseo.

Además, de hoy en adelante, cualquier entrevista a algún servidor público de la Secretaría de Cultura federal debe solicitarse con tres días de anticipación al encargado de área de cada oficina, por escrito, llenando un formato, para que se turne la petición a Comunicación Social y sea ahí donde den luz verde.

‘‘Los nuevos encargados no entienden que el trabajo periodístico no se programa, no podemos esperar tres días a que analicen la solicitud, con el riesgo de que nos digan que no se puede. O tal vez se iniciará una política de amiguismo en la que se otorgue la información a los medios afines, marginando a los que ejerzan un trabajo crítico”, señalan los trabajadores, que pidieron omitir su nombre.

El manual de comunicación completo lo compartió Juan Carlos Talavera, periodista en Excélsior, en Facebook:


Aunque es una práctica estándar, el entrenamiento mediático a funcionarios (o en la IP, a ejecutivos y trabajadores), las fuentes consultadas por La Jornada mencionan que es “desastroso” el armado y fraseo a lo largo del mencionado manual, donde diapositivas como la siguiente contienen un lenguaje que se lee como represor o algo contrario a los ideales que especialmente buscaría defender una dependencia cultural.

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De manera autocrítica, también ésta es una oportunidad para pensar en que el gremio reporteril también puede estructurar mejor sus entrevistas pero hay un problema mayor: la cultura de la entrevista banquetera en México y ver a titulares de área como voces autorizadas en temas que no precisamente tienen al vuelo, buscando así el error en la entrevista que posteriormente se vuelve viral.

Debe haber un punto medio.

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