Carta a Virginia Woolf (sin habitación propia)

Por Débora Hadaza

Para ponerle drama me gustaría decir que le escribo entre montones de ropa por doblar, pero la verdad es que ya la doblé y guardé, además acabo de cenar un bistec de pierna de cerdo con verdolagas en salsa verde que yo cociné. Le cuento esto porque a usted le gustaba hablar de esas cosas que ahora nos parecen triviales, ya no hablamos de nuestras cenas ¿sabe? Ya no nos detenemos para describir el lugar donde comemos ni los platillos como lo hacía usted, vivimos de prisa y no tenemos tiempo para disfrutar de nuestro entorno o escribirlo. Yo le creo, me suena lógico que nadie puede crear bien si no ha comido bien; pero, en la realidad de mi país al menos, el Estado pretende hacer ver al artista como un abusivo o un derrochador, como si la modesta pensión que le da por un tiempo fuera la causante de que el presupuesto no alcance, como si la buena comida y los viajes, que por fin puede darse, le sangraran tanto como la corrupción y dejaran al país sin lo necesario para otros asuntos sociales, como si la creación artística no fuera imprescindible para reconstruir el tejido social de un país como el mío.

También le creo cuando dice que una mujer necesita una habitación propia y una entrada fija de dinero para poder escribir. Me imagino que si no tuviera que gastar tiempo en hacer la comida, en lavar, planchar y doblar ropa, podría dedicar más tiempo a investigar, a leer, a viajar. Esa escena que usted narra de la mujer viendo su entorno desde el techo, como si el techo fuera el límite de una cárcel, la he sentido ¿sabe? Usted era muy elegante y yo no quiero sonar resentida, sería lindo contar con eso necesario; sin embargo aquí estoy, sin mucho tiempo ni mucho mundo, sin sueldo, pero tengo una computadora portátil, libros físicos y en pdf, además del ejemplo de otra mujer, alguien que no la contradice a usted pero que sí le discutiría: Alice Munro. Ella fue conocida como la ama de casa que escribía cuentos; y espere, sé que esto le parecerá interesante: Alice Munro escribió cuentos porque era para lo que le alcanzaba el tiempo mientras sus niñas hacían la siesta. Pero eso no es todo, hay más datos curiosos e interesantes: escribía en el cuarto de lavado, entre el lavadero y la mesa de planchar, ahí ponía su mesita y trabajaba. Quizá le parezca increíble que en semejante entorno se haya creado una obra tan sólida y deslumbrante como para recibir el Nobel de Literatura en el 2013, pero así fue. Ante eso señora mía sólo me queda una cosa, escribir -ahorita lo hago en la mesa de la cocina, mi hija está viendo la televisión, tengo quizá una hora y café.

Escribir y escribir porque ahora tengo el privilegio de usar mi nombre, porque ya no soy Anon. Usted dijo que era necesario que las mujeres dejaran la marca de su altura en el mundo, de lo grandes que podían llegar a a ser.  Yo creo que usted se sentiría contenta al ver tantas escritoras en México, a tantas mujeres que han decidido no sólo escribir sino además crear editoriales, desde donde mujeres y hombres, que de otra forma seríamos ignorados por las grandes editoriales, tenemos una trinchera desde donde resistir.

Usted dijo también que valía la pena escribir a pesar de las carencias por esas poetas que no lograron ser escuchadas. ¿Sabe? Hizo que se me partiera el corazón con la hermana de Shakespeare y yo no quisiera romperle el corazón a usted, pero así como esa gran poeta terminó despedazada ante la indiferencia aquí en México miles de mujeres, de estudiantes, de profesionistas, -doctoras, abogadas, escritoras, maestras, etc.- son despedazadas literalmente. Me pregunto qué haría usted si en el periódico de cada día se encontrara con las noticias que nosotras leemos a diario. Si leyera de cómo una abogada fue encontrada en el closet de su novio, de una cantante que terminó pudriéndose en la playa, de una universitaria encontrada envuelta en una sábana en un motel. ¿Le dolerían todos las investigaciones, descubrimientos, enfoques, que ya nunca podremos leer?¿Escribiría sobre el futuro imposible de estas mujeres así como escribió de la hermana de Shakespeare? O tal vez leer estas noticias diario le causaría tanto peso que no necesitaría de piedras para hundirse en el río. Yo quiero creer que resistiría escribiendo por ellas, que tomaría coraje de los sueños que dejaron inconclusos, que no perdería la oportunidad de hacer sonar su voz de mujer desde las letras.

“Pero yo sostengo… que hacer este trabajo, aún en la pobreza y la oscuridad, merece la pena”.1Woolf V. (1929). A room of one’s own . Londres, Inglaterra: The Hogarth Press Ltd.


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Referencias   [ + ]

1. Woolf V. (1929). A room of one’s own . Londres, Inglaterra: The Hogarth Press Ltd.
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