María del Pilar Gómez González #VocesVioletas

#VocesVioletas es un espacio semanal dedicado a compartir poesía escrita por mujeres de México y Latinoamérica.

María del Pilar Gómez González “Pil Gómez González” (Tecario,1991); vive en Tacámbaro, Michoacán, México. Estudió la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue alumna del pintor y poeta Marcos Davison en la Universidad del Claustro de Sor Juana, y posteriormente asistió al taller de Hernán Lavín Cerda en la Facultad de Filosofía y Letras.

Fue publicada en 2012 en las antologías “Nuevos Poetas de la UNAM” de la revista electrónica Círculo de Poesía, así como también en la revista  Punto en línea UNAM y en la Antología mundial + 20.000 poetas del Siglo XXI. Actualmente se encuentra trabajando en su proyecto Relación música y poesía, comenzó iniciación musical en Taller de “Descomposición musical” de El David Aguilar y Academia Marking de música.

A continuación presentamos una breve selección de su obra:


Sonetillo

Árbol de tez parda:

solo, adormecido

tan dentro del olvido,

una ilusión guardas.

¿Y por qué te tardas

en dar lo que pido

para ti, florido,

antes que el sol arda?

Viste de colores,

no de hojas cobrizas

perfuma de olores

quisiera con prisa

llenarte de flores

pintar tu sonrisa.

 


 

*

 

Todo se fue diluyendo

     tu esencia

tu cuerpo

tu voz

tú.

Entre los límites

            que aprendió la sangre a deletrear.

En la recámara,

en las ventanas,

en la lluvia

fue cayendo tu nombre

Desvanecieron mis manos y piernas;

todo se fue diluyendo

hasta no escuchar nada.

Entonces comencé a buscarte,

en todos lados,

en mi esqueleto,

mas todo

era silencio

raramente

silencio;

alarido

no.

  


  

Carta a mamá (La nada)

 

Diciembre,2018 

Yo era sólo un ¡Tump! ¡Tump! En las percusiones de tu corazón

  

I

El día que vi la luz por primera vez, conociste la oscuridad

el despertar fue fácil, pero la vida como sueños me trajo problemas

a veces amo más a mi pie izquierdo que a mi mano derecha;

se puede volar tan alto hasta olvidar que se tiene cuerpo

se puede caminar en las estrellas

o pensar que no eres nada.

Que “la nada” son tres sílabas:

tres relojes;

hombres girando como si fueran manecillas en un círculo

luciérnagas sin rumbo preciso.

Formé a mi madre y la vida se convirtió en un amasijo de guijarros.

 

II                                

(Yo nací un día que Dios estuvo enfermo, Espergesia; César Vallejo)

La vida y la muerte se miraron a los ojos;

dos desgarrábamos el vientre de mi madre

y el primero de mis gritos culminó con su vida.

Dos fuerzas tiraban del cosmos traspasando mi cuerpo;

estábamos condenados a repetirnos.

De las dos, mi hermana era pintora:

ella me dijo que la vida y la muerte eran dos cicatrices que no sanaban nunca.

Las palabras estrellaban mi cuerpo, como una percusión en el pecho.

De las dos, era yo la distraída, la abstraída

soñando siempre mi origen de aire para sentirme libre.

Formé a mi padre, después del abandono,

y me fui buscándolo como se busca a Dios.

Fui rescatada por el médico que atendió el parto, lo nombré papá

y su voz en la memoria de mi oído naufragó por toda la casa, hasta el grito de la soledad en que me acuesto

fui perdiendo el juicio escribiendo poemas de invierno después del encierro.

No quiero morir; hoy quiero cantar:

yo nací el día en que papá puso un bolero y sólo mi guitarra llena este vacío.

 


 

Boceto sobre el blues

  

“You don’t know what love is, until you’ve learned the meaning of the blues” ( Nina Simone)

 

Ayer me hablaban del blues y no podía entenderlo. No conoces el blues hasta que la tristeza se vuelve más honda que el hambre y sólo quieres tomar tu par de botas marrones y viajar al sur a esas hermosas montañas que conociste en fotos. No conoces la nieve hasta que amas sólo a fantasmas sin cuerpo, aleteando las pestañas para que se conviertan en mariposas. Mi amor: tengo una caja llena de escritos con todas mis muertes, mi memoria es un espectro del sol, un canto de palabras mutiladas: pero aquí canta la guitarra y la vida empieza de nuevo. Ésta debe ser la ciudad de los terremotos, de los edificios arrodillados…Y tus dos ojos, la calle a la que corro para salvarme de la demolición, un oasis a la distancia, una utopía. No conoces el blues hasta que eres un expulsado y encuentras tu identidad en el peregrinar. No conoces el blues hasta que los pies se vuelven más livianos que el miedo; no conoces el miedo hasta que te preguntas tu identidad y la luz te taladra los ojos en el silencio comprimido del párpado al que pertenece, hasta que lo ahogan las cuerdas en su fugacidad de notas improvisadas en pentatónicas. No conoces la penumbra hasta que ves todos sus colores rebotar contra la luz una noche de insomnio y vas quitando al verso los “caireles” de los que hablaba León Felipe hasta dejar la letra desnuda.

  


 

Mariposa

   

Me abrazo al vuelo de los lepidópteros y a la  música del viento;

mi resonancia es la misma en la metamorfosis y su gravedad.

Conjuré fantasmas al delirio

respiré hondo.

Encontré mi país en la sinfonía del lagrimal

y mis cicatrices se envolvieron en pulseras de colores.

  


 

Un canto para el insomne

  

“Zumbido”: SonidoenelpenSamientoquenoSevaSuperpoSiCióndeimágeneSinconcretarmetáfora. “Quiero irme al carajo” “quiero irme al carajo”, “te amo”, “te amo”. “Te amo”, la noche es eterna abeja para el insomne, no hay control en la anacronía del cráneo, aliteración sin poder cerrar los ojos. “Te amo, quiero irme al carajo”. Estoy… el respirar se vuelve un canto en el abismo y se torna rojo; mi energía es domada. Un centro azul se abre en la oscuridad mi resonancia es una con el viento. Doy pasos por todo mi cuerpo hasta topar con pared y escucho la música de mis pisadas en el oleaje de las colchas azules, danzando: cada uno de mis movimientos hace desesperar al mundo; cada paso que doy es un ritmo en la respiración, un verso, una herida; para el insomne la poesía es un pulso sonoro constante; su identidad, una luz prendida en medio de callejones y edificios y la voz del ser amado se le va yendo, como el ruido de los aviones en la memoria de la casa vacía. A veces se siente libre unas horas antes de entrar a la oficina, donde los teclados de las máquinas y murmullos cantarán una canción de cuna monótona como el arrullo con que se mecen los árboles, las flores en las macetas o los mares fuera de su tempestad. Al regresar a casa sueña, viaja y conoce otros mundos al ponerse los audífonos; la música lo hace sentir vivo en otra dimensión, entonces recuerda una y otra vez que lejos de las aspirinas y las cápsulas de colores, vive cuando el respirar se vuelve un canto en el abismo, cuando su energía es domada y cuando un centro azul se abre en la oscuridad, donde su lamento es un zumbido entre las multitudes y su resonancia es una con el viento.

  


  

Te ama Kali (septiembre, 2018)

 

Me desbordaba en avalancha, mis brazos llovían como un abanico en la penumbra de mi respiración frente a tu paz. Como el dios Shiva, resplandecías hermoso en mi verborrea, en los susurros de las voces que me coronan. Seguí tus pasos a ciegas y encontré mi identidad en nuestras guitarras, un par de guitarras viejas que habían vibrado con nuestra melodía; porque fuimos el rostro de un viejo amor que atravesó la ventana para juntar sus labios en una utopía. La ira y el miedo se convirtieron en un arroyo, presencia inexistente, y seguí bailando.


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1 comentario

  1. 20/02/2019 at 20:52 — Responder

    Amazing! Felicidades por la revista y por dedicar un espacio a la poesía hecha por mujeres. Me da gusto se da valor por igual a la poesía realizada tanto por hombres como mujeres, pues ninguna es mejor que otra, sólo diferentes puntos de vista y matices de la vida. Distintos modos de ver las cosas.

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