La música extraña activa el centro del placer en nuestros cerebros

Si eres una de esas personas a las que les encanta cuando suena ese acorde inesperado pero perfecto, existe una buena explicación. Una nueva investigación muestra que lo inesperado musicalmente activa el centro de recompensa de nuestros cerebros y nos hace aprender sobre la música mientras escuchamos.

Investigadores liderados por Ben Gold, de la Universidad de McGill, puso a 20 voluntarios en una tarea de aprendizaje de recompensa musical. Cada participante eligió un color, luego una dirección. Cada elección vino con una cierta probabilidad de llevar a una consonancia o a una disonancia. Con el tiempo, los sujetos aprendieron qué opciones tenían más probabilidades de producir música tanto consonante como disonante.

La prueba fue diseñada para crear una expectativa de disfrute musical o insatisfacción, mientras se media la actividad cerebral de cada sujeto, con imágenes de resonancia magnética funcional (IRM).



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Usando un algoritmo, los investigadores determinaron el error de predicción de recompensa para cada elección: la diferencia entre una recompensa esperada y la recompensa real recibida. Compararon esos datos con los datos de MRI, y encontraron que los errores de predicción de recompensa se correlacionaban con la actividad en el núcleo accumbens, una región del cerebro que en estudios anteriores se ha demostrado que se activa cuando el sujeto experimenta placer musical.

Pero esta es la primera evidencia de que los errores de predicción de recompensa provocados por la música no convencional e inesperada causan placer. También es la primera vez que se muestra una recompensa de este tipo, a partir de una experiencia estética para crear tal respuesta; los estudios anteriores se habían centrado en recompensas más tangibles, como la comida o el dinero.

Los sujetos cuyos errores de predicción de recompensa coincidieron más estrechamente con la actividad en el núcleo accumbens también mostraron un mayor progreso en el aprendizaje de las opciones que llevaron a los tonos consonantes. Esto establece a la música como una recompensa neurobiológica capaz de motivar el aprendizaje, mostrando cómo un estímulo abstracto puede activar el sistema de recompensa del cerebro para lograr un efecto placentero y motivarnos a escuchar una y otra vez.

“Este estudio se suma a nuestra comprensión de cómo los estímulos abstractos como la música activan los centros de placer de nuestros cerebros”, dice Gold. “Nuestros resultados demuestran que los eventos musicales pueden provocar errores de predicción de recompensa formalmente modelados, como los observados para recompensas concretas como comida o dinero, y que estas señales apoyan el aprendizaje. Esto implica que el procesamiento predictivo podría desempeñar un papel mucho más amplio en recompensa y placer que el que previamente se había señalado”.

Con información de PNAS y Medical Xpress  | Selección, traducción y edición del Colectivo Alterius

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