La cultura bajo extorsión en el Centro Histórico: La Bota agredida por delincuentes

¿Qué pasó? Dos personas entran a La Bota. Inmediatamente son abordadas por un par de sujetos que comienzan a intimidarlos. No hay que decirle a esto “talonear”, porque ya nos parece que se trata de algo menor, y no lo es. Se está dando desde hace tiempo un tipo de asalto que se hace por medio del uso del cuerpo, en donde el agresor nos intimida de tal manera que obtiene lo que él quiere: el celular, la cartera, en ocasiones un cigarro… con tal de no hacernos daño. Ahora, “te estoy taloneando” es como decir “te estoy asaltando sutilmente”.

Son palabras del escritor Antonio Calera-Grobet, propietario de La Bota, un sitio que no sólo es un restaurante, una cantina, una taberna, o una hostería, sino uno de los espacios culturales más activos de la Ciudad de México en los últimos cincuenta años.  Sin ir más lejos, La Bota es el bastión cultural más importantes del centro del país. El cual, el pasado lunes 28 de enero, fue atacado por extorsionadores que rondan las calles del Centro Histórico, quienes golpearon al equipo que labora en el restaurante y destruyeron parte del mobiliario.

La lógica de ese asalto sutil es la siguiente: si tú no me das el dinero para que yo me tome unas cervezas afuera, me las voy a tomar al lado de ti y te voy a hacer la vida de cuadritos. Me da la impresión que los asaltantes ya venían observando a los dos clientes desde antes de que éstos entraran a La Bota. Nosotros tenemos un protocolo de seguridad, el mesero que los atendió se puso en medio, entre los asaltantes y los clientes, para decirles a los agresores que se retiraran. En ese momento, como se puede ver en el video [que grabaron las cámaras de seguridad], recibimos la primera agresión.

El reloj de las cámaras de seguridad marca las 10:48 de la noche cuando dos hombres jóvenes, vestidos con ropa y corte de cabello de moda, entran a la hostería ubicada en el número 40 de la calle de San Jerónimo, a unos cuántos metros de la estación del metro Isabel La Católica, para amedrentar a dos clientes, también hombres jóvenes, que bebían cerveza  tranquilamente dentro del establecimiento. Cuando los extorsionadores golpean al mesero Erick Hernández son las 10: 51.

Parece un modus operandi de la policía
Lo golpearon fuertemente hasta que el equipo de La Bota logra detener la agresión. Después se van, y a los pocos minutos regresan con otras seis personas a golpear al equipo y a los clientes.  Durante todo ese tiempo —fueron veinte minutos entre la primera agresión y la última—  como se puede ver en el video, un miembro de mi familia llama a la policía. A la policía se le habló insistentemente durante 30 minutos y nunca llegó. De haber llegado esta pandilla de golpeadores no se hubiera agrupado, no nos hubiera golpeado a su antojo durante tanto tiempo.

Antonio Calera narra los hechos con serenidad, apenas sube un poco el tono de voz cuando se refiere a la nula participación de las autoridades, y en esta inflexión me puedo dar cuenta que está furioso. Una furia que nace a partir de la impotencia. Una impotencia que comparte con millones de ciudadanos en todo el país, porque él sabe que la impunidad sucede en todas las delegaciones de la ciudad, y en cada rincón de México.

No se puede hablar tanto de una negligencia policíaca, porque entiendo la negligencia es esto: yo no pude controlar esto, no fui capaz. Lo que nos pasó a nosotros no es una negligencia porque los policías ni siquiera se presentan en el espacio a encarar a los agresores. Simplemente no se aparecen, en el video se ve como el equipo llama a una torreta —se está interpelando a una autoridad, no se le está hablando a una lámina con llantas—, la policía nos ve, acelera y se va.

Nadie como él conoce tan bien el Centro Histórico, autor de El paseante (un libro de crónicas sobre la Ciudad de México) Calera-Grobet ha reflexionado con profundidad sobre el acto de caminar.  Y cómo este acto ha sido anulado a partir de la creciente violencia que poco a poco se ha apoderado de todos los espacios sociales. Ahora el cronista me cuenta que está dispuesto a pelear para recuperar las calles, para defender los espacios públicos que son también espacios de desarrollo creativo, artístico y cultural. Está consciente que necesita del apoyo de todos los que quieran sumarse, y hace un llamado principalmente al gremio que más cerca tiene, el gremio cultural.

 

Recuperar la libertad de vivir

En La Bota hay un protocolo para garantizar la seguridad de sus clientes, pero ¿quién protege a los que intentan proteger? ¿Quién protege a los que tratan de sanar el tejido social a través del arte y la cultura? ¿Quién protege a los que honradamente trabajan para crear una nueva sociedad en donde los valores humanos sean respetados?

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Al respecto de este tejido social tan dañado, Antonio señala: “estamos hablando de un músculo que tiene gangrena, que está supurando pus, que pertenece a un cuerpo enfermo cercano a la muerte”.

Sobre esto Calera-Grobet es enérgico: “El número de desaparecidos en México es el de una guerra. Y los escritores, la gente que estudió ciencias sociales, los agentes culturales, tenemos la responsabilidad de poner los puntos sobre las íes y nombrar las cosas como son, nosotros  debemos utilizar un discurso distinto al de los políticos que en muchas ocasiones oculta la verdad“.

Y advierte: “La principal mentira de los políticos respecto a la seguridad pública es hacernos creer que si nos pasa algo es por nuestra culpa. Están equivocados. Las autoridades tienen la obligación de garantizar la libertad de vivir, de que podamos transitar por nuestra federación sin miedo, de pasear en ocio por nuestra ciudad”.

Antes de encender otro cigarrillo en la sala de su casa, agrega: “Este es el momento en el que debemos de retomar las calles porque ya no son nuestras, porque tenemos miedo de que nos pase algo cada vez que salimos. Este es el momento de unirnos y recuperar lo que nos han robado”.

 

 

 

 


“No somos mejores que cualquier otro espacio”

Desde el primer momento de la conversación, Antonio me advierte: “No quiero que nos traten como si fuéramos especiales, porque no lo somos”. Se refiere al hecho de que él como algunos integrantes de su equipo laboral son ciudadanos que se dedican a actividades artísticas y culturales —él mismo es gestor cultural, artista visual y escritor—, y estos oficios son como cualquier otro. Entre su equipo, se encuentran poetas como Gerardo Grande o Ricardo Suasnavar, quienes también fueron agredidos el pasado lunes 28 de enero.

“No tengo porque redundar en la forma en la que hemos trabajado, la cual ha sido con total humildad: no somos mejores que cualquier otro espacio. Somos un grupo de personas que trabajan tanto en La Bota como en proyectos hermanos como La Chula Foro Móvil (una camioneta en la que realizan actividades de promoción de la lectura), la editorial Mantarraya, los contratados por temporadas como durante el festival “Poesía por Primavera”. Somos quizá 30 o 40 personas que trabajan por la cultura mexicana y que ahora se ven amedrentadas por este tipo de sucesos”, expresa Calera-Grobet.

¿Por qué no hay una respuesta efectiva de las autoridades para proteger estos espacios? Antonio da una respuesta rápida: “Porque no hay una regulación efectiva de estos espacios, porque no hay reglas de juego establecidas claramente. Los espacios que se abren en el Centro Histórico y en otras delegaciones dejan mucho que desear. Son espacios que no cuentan con los permisos oficiales, espacios en ocasiones clandestinos y que son tolerados por las autoridades. Por estos espacios cutres, tolerados, clausurados y re-abiertos un sinfín, los que hacemos las cosas legalmente quedamos a la deriva”

Actos violentos que se ciernen sobre estas microempresas que son el sustento de distintas familias
Este tipo de tolerancia es el caldo de cultivo de actos violentos como el que sufrió La Bota. Actos violentos que se ciernen sobre estas microempresas que son el sustento de distintas familias. Este tipo de presiones, pone en riesgo la estabilidad de los negocios y de los espacios urbanos en donde se encuentran. Entre la delincuencia y la falta de apoyo de las autoridades, los negocios viven bajo amenaza.

 

 

No es la primera vez

 

“Ahora no habíamos querido hacer este comunicado porque pensábamos que lesionaría la imagen de La Bota, y la del Centro mismo, pero ya no es posible detenerlo. No es la primera vez para nosotros, hace seis meses sufrimos un asalto que no habíamos querido denunciar. Abrieron las cortinas, destrozaron un mueble y se llevaron la caja fuerte, así como el CPU de las cámaras para que no pudiéramos saber nada. Si nosotros sumamos más o menos lo que se quedó en la caja, más el robo de la computadora, más la obligación de comprar un nuevo sistema de seguridad, con todo lo caro que son estas cosas”, dice Antonio Calera-Grobet.

“Bueno ahora sí lo vamos a decir, y no es para sentirnos como víctimas y para que miren qué difícil la tenemos. Difícil la tiene todo el mundo, el ama de casa que va al mercado, el estudiante que tiene que transbordar varias veces para llegar a su escuela, el trabajador que tiene que llegar a su empleo que está a dos horas de distancia de su hogar, el oficinista, la clase alta, la clase media, la clase baja. Ya no es posible que se le permita a los políticos seguir pudriéndonos. No están cumpliendo con su trabajo y ya basta, eso es lo que hay que decir”, sentencia Calera.

¿Hay la misma cantidad de policías en todas las alcaldías?¿están igual de preparadas?

Sin perder la esperanza, me confiesa: “Espero —de manera muy ingenua, lo reconozco— que se haga una burbuja mediática y que se sientan aludidos los del poder de facto, es decir la gente del Fideicomiso del Centro Histórico quizá, la gente de la autoridad del Centro Histórico quizá, pero más la gente de la Secretaría de Seguridad, más los policías, los juzgados, los ministerios públicos, la gente que decide cuánto personal policiaco manda a ciertas zonas, ¿hay la misma cantidad de policías en todas las alcaldías?¿están igual de preparadas?”

Antonio concluye con firmeza: “Hacemos mi equipo y yo, vecinos y amigos que tanto nos quieren, seguramente infinidad de paseantes que aman como nosotros el Centro Histórico, un comunicado a todos los ciudadanos. Por supuesto al medio al que yo pertenezco, que es el medio de los creadores, de los pensadores, de los intelectuales. Hacemos un comunicado a las autoridades, un ultimátum ético para que hagan bien su trabajo. Y ese llamado no podría caer en mejor momento que en esta cuarta transformación tan mentada, ahora que supuestamente se intentarán hacer bien las cosas. No hay cultura sin libertad, no hay libertad si hay crimen”

 

 

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4 comentarios

  1. Avatar
    Juan
    13/02/2019 at 10:34 — Responder

    Al menos en el Centro Histórico los policías están comprados por estas mafias. Se venden al mejor postor. No se puede confiar en ellos, no tienen escrúpulos y son parte del problema.

    Hace una semana aproximadamente una de estas pandillas invadió un local comercial en esta zona. Al otro día se quizo proceder para sacarlos con un operativo policial y los mismos policías se negaron a hacer su trabajo. Y eso que ya se les había pagado una buena cantidad de dinero por una protección extra, pero se vendieron al mejor postor. El local sigue invadido.

  2. Avatar
    Jonathan
    14/02/2019 at 23:19 — Responder

    Pinche mierda de policía puro muerto de hambre jodido, gañan, disfrazado de seguridad. Son tan basura como esos delincuentes, son la misma escoria y provienen de la misma podredumbre que esos rateros, cualquier bicoca los corrompe, no se como nadie hace nada. Yo si prefiero que militaricen el país y cosan vivos a balazos a toda esa bola de malnacidos que se dedican a delinquir.

  3. […] El reciente ataque a la hostería “La Bota” habla del enfoque que se le ha dado a este tipo de recintos con tradición ya dentro de la escena cultural, uno en el que no se les considera como bares pero tampoco como centros culturales, simplemente como espacios más o menos marginados a los que en realidad no importa tanto la atención que pueda brindársele, un descuido que no tiene que ver tanto con el funcionamiento del espacio como sí del abandono de los locales dada la negativa tajante de las autoridades para reconocer la existencia de la delincuencia organizada en la CDMX. Y es que el problema dejó de ser el de los saqueadores minoritarios que arriba se enlistaron para conformar grupos que trastocan no a la clientela de los sitios como sí a la estructura de proyectos y negocios, golpeando a las economías monetarias y culturales. Ojo, no se señala algún cartel como responsable de este tipo de atentados sino a sociedades delimitadas que conocen bien la logística de los espacios para poder actuar bajo el amparo de la impunidad. […]

  4. […] El reciente ataque a la hostería “La Bota” habla del enfoque que se le ha dado a este tipo de recintos con tradición ya dentro de la escena cultural, uno en el que no se les considera como bares pero tampoco como centros culturales, simplemente como espacios más o menos marginados a los que en realidad no importa tanto la atención que pueda brindársele, un descuido que no tiene que ver tanto con el funcionamiento del espacio como sí del abandono de los locales dada la negativa tajante de las autoridades para reconocer la existencia de la delincuencia organizada en la CDMX. Y es que el problema dejó de ser el de los saqueadores minoritarios que arriba se enlistaron para conformar grupos que trastocan no a la clientela de los sitios como sí a la estructura de proyectos y negocios, golpeando a las economías monetarias y culturales. Ojo, no se señala algún cartel como responsable de este tipo de atentados sino a sociedades delimitadas que conocen bien la logística de los espacios para poder actuar bajo el amparo de la impunidad. […]

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