Estancias infantiles: ¿mera estrategia electoral?

#VueltayVuelta, una columna regular de Carlos Aguirre

El Financiero ha reportado que no solo la aprobación de AMLO es alta sino que sube y sube, antes del combate al huachicoleo era del 76%, después del 86%. Niveles altísimos, que esos sí no los tiene ni Obama, el encanto con el gobierno de López Obrador es evidente, no hay marcha atrás sobre eso.

Algunos opinólogos han atinado a decir que es porque la ciudadanía no ve los daños que han hecho las decisiones de AMLO y otros porque por el contrario, las decisiones que han hecho les parecen positivas en su día a día, en su andar cotidiano. Entre esas dos posturas hay abismos de diferencia. La reflexión es: ¿cómo, a pesar de los infinitos escándalos pequeños que se generan diario, de la excesiva información diaria y del desgaste de gobierno, AMLO sube en popularidad? La respuesta puede ser sencilla: lo símbolos, la estrategia y la oposición.

Al cancelar el programa de estancias infantiles la oposición, partidista o no, ha refugiado sus argumentos en los datos, evidentemente en hechos positivos, era un programa que funcionaba y que daba buenos resultados y de los pocos donde no había corrupción excesiva, eso parece razonable pero en los símbolos y en la estrategia de comunicación, ineficiente. AMLO sin ningún empacho lo cancela y decide dar dinero a los ciudadanos en la mano, aludiendo a la bendita o maldita corrupción, a ese virus que el ciudadano tiene metido en la cabeza, a ese que pasó a ser el mal prioritario, por delante de la inseguridad. AMLO lo entiende bien y todo es un símbolo.

Esta idea viene del podcast Botepronto: darle dinero en la mano a la ciudadanía es la cosa más efectiva en la historia del clientelismo electoral y si aunado a eso destruyes uno de los programas estandarte de Felipe Calderón, mientras este decide regresar a la política con un nuevo partido y además lo señalas de corrupción en la CFE: lo quieres matar antes de que nazca. Ese es el pragmatismo y la eficiencia comunicacional de AMLO.

Por eso sube su aprobación, porque es audaz como ningún presidente, porque es pragmático como el mejor político del país y de esto han escrito decenas de opinólogos: está mal, sí, está mal cancelar programas exitosos y hacerlo con fines electorales es de vergüenza. Pero es una genialidad maquiavélica.

Muchos tenían la esperanza depositada en AMLO de que con él, la cultura política iba a cambiar, que los gobernantes iban a dejar de pensar en la elección próxima como su única prioridad: la verdad dice lo contrario, el censo de los programas sociales y darle dinero a los ciudadanos en la mano son prácticas clientelares de las más absurdas. Pero en otra muestra de audacia, AMLO sabe que con esos niveles de popularidad y con esa estatura moral, nada lo detiene.

Si combinas combatir la corrupción y darle dinero en la mano a la ciudadanía en la misma frase no esperemos que sus puntos de popularidad bajen: eso es lo que tiene que combatir la oposición, a ese discurso de manera creativa, a insistir y a innovar. Sin embargo, como dijo Salvador Camarena, si para defender las estancias mandas a Josefina Vázquez Mota, estamos perdidos.


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1 comentario

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