Entrena-Miento de vida: A propósito del fanatismo y sectarismo

Por Dr. Héctor Cerezo Huerta

Herbert Marcuse (1964) en “El hombre unidimensional”, ya planteaba que sólo quien no entiende lo que está pasando puede estar satisfecho y conforme con los beneficios del sistema. Por ello, es tan necesaria una Psicología Crítica que nos lleve a vivir, vivir bien y vivir mejor, anhelo que, desde la modernidad temprana, el filósofo Spinoza intuyó como primera exigencia ontológica; la necesidad de preservarnos. Sin embargo, la preservación humana no es individual, sino social ¡Sorpresa mayúscula para los neoliberales! El ser humano se preserva mediante el trabajo y esa relación exige la cooperación y no la competición. ¿Qué vería hoy Spinoza? Una condición humana reducida a idiotas con iniciativa, pendejos motivados, metrosexuales de primavera, princesas posmodernas que inundan las redes sociales con selfies eróticas y entes económicos que disfrutan la autoexplotación. Cuando afirmo que abundan los “idiotas”, lo contextualizo en el sentido clásico griego; aquel que sólo piensa en sí mismo, cuya existencia gira alrededor de la maximización de su patrimonio, del tener y del aparentar.

Savater (1991), afirma que el idiota actual pretende vivir para sí mismo e igual que en la Grecia Clásica, se desinteresa de la polis, pero increíblemente pretende que la polis funcione como ellos desean ¡La imbecilidad acecha y no perdona! Escribe excitado Savater. En consecuencia, no es casual que legiones de idiotas deriven naturalmente fascinados en movimientos fanáticos y sectarios. El fanatismo infecta nuestras calles y multitud de organizaciones políticas, empresariales, educativas, terapéuticas y de salud pública. El signo de nuestros tiempos es convertirse en seguidores de movimientos, sistemas ideológicos o sectas que anhelan el bienestar y el equilibrio con la naturaleza, con la buena alimentación, con la felicidad, la compasión y el pensamiento positivo. Cada vez que escribo sobre sectarismo, me queda claro que los fanáticos se indignarán y negarán de modo histérico, visceral o hipócrita sus métodos de persuasión coercitiva.

Una viñeta de ejemplo. En enero pasado, se llevó a cabo el Foro Económico Mundial –WEF- por sus siglas en inglés-, que tuvo como sede la ciudad de Davos, en Suiza. ¡Qué lindos se veían sentaditos y meditando en traje y corbata frente a un impresionante paisaje de nieve y abetos, los ejecutivos de la élite económica mundial! No era casualidad que escucharán -entre otros tantos- a Jayanti Kirpalani del movimiento sectario Brahma Kumaris (alias Universidad Espiritual Mundial, Centros Raja Yoga, Academia para un Mundo Mejor, Relax Kids, Imágenes y Voces de Esperanza, Self Management Leadership). Los propios líderes espirituales decían sobre este perfil de adeptos: “Es muy difícil gestionar este tipo de personas”, “Están tan centradas en sí mismas que son incapaces de escuchar”.

¿Acaso será porque su perfil de psicópatas directivos se los impide? Lo que se ha consolidado en Davos hace varios años, continuó expandiéndose en agencias estadísticas que midieron niveles de “bienestar y felicidad”. Posteriormente, el movimiento de la psicología positiva infectó a universidades y empresas. Hoy, se ha instalado en los planes y programas de estudio de instituciones educativas e infinidad de empresas para crear sujetos aparentemente “felices”. En relación a la utilidad del foro de Davos, el secretario general de Amnistía Internacional, Kumi Naidoo, afirmaba que “es como si instaláramos tumbonas en el puente del Titanic mientras la humanidad se hunde”.

El escritor israelí Amos Oz (2018), ya afirmaba maravillosamente: “No he visto nunca un fanático con sentido del humor”. Quizás eso se deba a su preferencia por observar un mundo complejo de la forma más simple. En este sentido, el mercado neoliberal tiene un papel decisivo en la manera en que la gente concibe la felicidad y el bienestar posmoderno. Por un lado, se anima a los sujetos a ser autónomos, optimistas y flexibles, a tomar riesgos, y a ser emocionalmente resistentes frente a las condiciones económicas y profesionales precarias y ultra competitivas. Por otro lado, la felicidad es una idea tan vaga que se presta a la perfección para ser explotada por una multitud de mercenarios: coaches, conferencistas motivacionales, risoterapeutas, entrenadores de vida, consteladores, bioneurodecodificadores, programadores neurolinguísticos, gestores de felicidad y fauna similar. Ninguno es capaz de comprender que es inservible, la promoción de una cultura tirana de la “felicidad” en un entorno de injusticia y exclusión social.

Para efectos prácticos, en este texto, me centraré en la descripción de tres fenómenos ideológicos preocupantes, a saber: a) Fanatismo y Sectarismo, b) Entrenamientos de “desarrollo humano” y c) La falacia de la felicidad enlatada.

a) Fanatismo y Sectarismo

Las sectas actuales concentran sus esfuerzos en la venta de intangibles como el crecimiento personal. Su disfraz de “desarrollo humano”, les permite funcionar con envoltorio empresarial, lo cual demuestra que se adaptan a la idiosincrasia de cada época histórica. Ya no hay barbas mesiánicas ni templos o textos fundacionales, sino una narrativa fanática del éxito, salones magistrales de hoteles o edificios propios, buenos trajes, dinámicas de grupo, adoración “proceso” y al enrolamiento. Increíblemente, los mecanismos de manipulación y persuasión coercitiva son ancestrales. El fanatismo es una distorsión cognitiva y una actitud paranoica en la que se abstraen elementos de la realidad para beneficio propio y se olvida la pluralidad y diversidad. Por ello, un fanático supone que sus creencias son absolutamente verdaderas y aplica una necesidad compulsiva de defenderlas y promoverlas.

El problema nuclear del fanatismo es que sus prácticas están convirtiéndose en acciones tan frecuentes que, a veces ya no somos ni siquiera capaces de notar la exclusión. El “branding” de los movimientos sectarios es otorgar a las creencias, categoría de conocimientos. He permanecido por largo tiempo y de modo intenso ligado a expresiones fanáticas. Conozco a varios veganos que han dejado de hablarme cuando les he dicho que me encanta comer carne. Tengo amigos diabéticos que se han atrevido a darme un sermón médico al ver que me receto un delicioso whisky. He trabajado con “colegas” que me dispararían a la cabeza sin dudarlo, al denunciar su adherencia a la irracionalidad.

Conozco a varias feministas que mantienen relaciones violentas de pareja, pero imparten talleres contra el acoso. Mi propia infancia me volvió “experto” en fanatismo comparado. Mi familia, ha estado llena de creyentes y redentores. Mi padre, guadalupano consumado, mi madre más bien conservadora, un abuelo franciscano, un medio hermano “cristiano” y una madre-abuela excepcional, escéptica y racional. Lo que sugiero es que la semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo y que, el sectarismo surge como una disfunción de una sociedad en crisis socioeconómica.

Crisis estructurales y problemas de salud mental, son los blancos mercadológicos perfectos para el avance del sectarismo. El perfil de sus consumidores; dificultad para apropiarse reflexivamente del conocimiento, dependencia de sus creencias y fetichismo por su mercancía emocional.

Supuestamente, dichos programas han sido diseñados para “ayudar” a las personas a entrar en contacto con su auténtico yo, motivados por ideales emancipadores, pero que, paradójicamente, suelen tener el efecto de presionarlas para que acaben pensando de tal forma que se confirme la ideología de los fundadores del programa. Por ello, muchos de quienes empiezan pensando que su vida está vacía o sin rumbo terminan, o bien perdidos en el modo de pensar, sentir y actuar de su “entrenamiento”, o bien con la sensación de no ser “nunca suficientemente excelentes” hagan lo que hagan. Lo esencial es convertir a sus entrenamientos en un instrumento sacralizado y prometedor.

Es indispensable aclarar que no se cataloga a un grupo como “secta” en función de su contenido, sino de sus prácticas de persuasión coercitiva. Las sectas contemporáneas vomitan toda una fraseología pedante que individualiza los conflictos colectivos, legitima la despiadada explotación de los trabajadores, prioriza el capital corporal, material, relacional y emocional, sobre el capital intelectual, distrae la atención de las causas sociales y matiza como subversiva cualquier crítica o epifanía prodigiosa. El arraigo de las sectas se debe al capitalismo salvaje, a las empresas que prefieren las porras psicológicas en lugar de un verdadero desarrollo organizacional y a las personas crédulas que añoran soluciones fáciles y no reflexivas.

b) “Entrenamientos” de vida

Para intentar entender cualquier grupo sectario, conviene comprender el contexto en el que surgen y las ideas que ellos suponen son únicas y transformadoras. En el caso de las sectas comerciales de desarrollo humano, antes denominadas coaching coercitivo y hoy disfrazadas eufemísticamente como: entrenamientos de vida, coaching  ontológico o ejecutivo, liderazgo transformacional, ingeniería de lo imposible, life coaching y decenas de nominaciones similares; se trata de cursos, talleres o entrenamientos con un esquema multinivel, operación piramidal y dinámica sectaria, a los cuales se acceden a través de un enrolamiento comercial y en los que  se usan sin propósitos terapéuticos ni marcos éticos; estrategias de persuasión coercitiva bajo la falaz premisa de modificar creencias limitantes y generar una reconstrucción en las personalidades de los participantes.

Aclaremos que, coaching y coaching coercitivo (sectas comerciales de desarrollo humano) no representan un mismo fenómeno, aunque ambos exponen problemáticas ideológicas muy profundas. Combatir el sectarismo, implica ante todo, el desafío ético de pensar y actuar políticamente más allá de las formas conocidas y del dominio ideológico del mercado y su política que mitifica la cultura del yo, el éxito y el rendimiento. Nunca antes en la historia, el discurso del capital humano produjo una fusión total entre el capital y quien lo detenta. Ahora resulta que, el sujeto es el único responsable en invertir en su capital emocional, corporal, intelectual, relacional y laboral, sus capacidades y competencias, para obtener una ventaja o ganancia de la vida.

Respecto al coaching, nadie pensó que una técnica formativa nacida en Estados Unidos de América a inicios de 1970 y cuyo objetivo fue incrementar el rendimiento individual de los deportistas, se convertiría a la postre, en una verdadera “avalancha” de intrusismo profesional y en el mejor dispositivo neoliberal para individualizar los problemas sociales. El coaching no nació con Sócrates tal como balbucean los coaches ¡Pobre Sócrates! Fue el primer “coach” sin saberlo. ¡Gracias a todos los dioses o hubiera exigido una doble dosis de cicuta! El coaching es un sistema cínico de plagios de teorías, métodos y técnicas psicológicas. Y por ello, aludir a Sócrates y a la mayéutica es un burdo intento por contextualizarse históricamente.

El coaching coercitivo es un asunto muy diferente y complejo que guarda relaciones con el coaching, pero cuyo origen sectario se ubica en los seminarios Insight de John-Roger, MSIA (Movimiento del Sendero Interno del Alma) y en especial de los cursos del potencial humano de Werner Erhard (EST: Erhard Seminar Training, donde varios “entrenadores” han acudido a conocer y aplicar el modelo a su regreso). A partir de ello, se desbordó la aparición de grupos tales como: Lifespring (Fuente de Vida), Lifetraining (Entrenamiento de Vida), Control Mental Silva, Landmark Education Corporation, Psychotronics Inc., Momentus, Harmony Institute, Resource Realization, Phoenix 2000, Serendipty, Wing Seminars, Millennium, LGAT y en Latinoamérica: Escuela de Vida, Insight, ArgentinaWorks, Chileworks, Mexworks, Asianworks y la metástasis de grupos que nos inundan en México.

Estas sectas son iniciáticas y estructuradas en niveles. Parcialmente clandestinas y segmentadas hacia distintas clases sociales –y por ello, su insistencia en el secretismo, contrato del silencio y falacia de “vivir el proceso”. Son además, supremacistas, porque sus miembros se ven a sí mismos como elegidos, transformados y moralmente superiores. Se dicen “seres transformados, responsables, comprometidos y amorosos”, balbucean un peculiar argot cotidiano: “La realidad es el espejo de tus pensamientos”, “Si lo crees lo creas”, “Lo que es adentro es afuera”, “Si lo resistes, persistes”, “Análisis es parálisis”, “Tú te lo generas”. Los identificas por sus pegotes de la señal del “Vota 4”, ícono del adoctrinamiento recibido ¡perdón, entrenamiento! El fanatismo es la única forma de comprometerse en una secta, la vida es una “porquería” sin ella. Nadie se conoce suficientemente bien a sí mismo, el adepto a estos “entrenamientos” no es la excepción y precisamente, ese es su principal argumento de promesa de venta emocional.

Dichas sectas son elitistas, pues la idea de pertenencia a una sociedad “transformadora” implica un nivel social que no está al alcance de cualquier mortal básico. Estos grupos lo cumplen todo; una buena dosis de misterio, ritos de admisión, dinámicas pseudoterapéuticas grupales, logos convincentes, nombres simples y listo. Además, construyen una historia envolvente y fundacional, que logra la sensación de sentirse enamorado del grupo y no estafado. Los “entrenadores” tienen una historia prototípica. Tuvieron “grandes” maestros del desarrollo humano; Anthony Robbins, Richard Bandler, John Grinder, Gabriel Nossovictch, entre muchos otros “iluminados posmodernos”. Se convirtieron en coaches, emprendedores y apasionados por la autorrealización del ser humano gracias a una epifanía reveladora, posterior a miles de kilómetros acumulados buscando la felicidad. Todo para que al final se dieran cuenta que la respuesta estaba en su interior y a partir de ese momento, su misión fue “liberar el potencial de las personas”.

No cabe duda que, el neoliberalismo es un fenómeno dominante, abrasador y condicionante de la realidad. Su fortaleza no proviene de su competencia teórica, ni de su capacidad explicativa, menos aún de su eficiente, poderosa y recortada lectura sobre el funcionamiento de las psiques de los ciudadanos. Su dominancia, radica en anhelar respuestas concretas y evitar plantearse preguntas críticas y además, en saber jalar y apretar “collares y correas ideológicas”. En otras palabras, somos domesticados mediante dispositivos tecnocráticos de conformismo, control y reproducción de la noción de un hombre como un simple instrumento. Solo así, se disfrutará de los totalitarismos ideológicos, la industrialización de la mente y la reducción del pensamiento a creencias enlatadas.

c) La falacia de la felicidad enlatada

La falaz ideología del éxito, la motivación y la transformación humana jamás cuestiona el contexto histórico-cultural, es más, hacen todo lo posible por despolitizar la economía, la psique y el ethos. Se trata pues, del control totalitario de la felicidad, la experiencia subjetiva y la exaltación del yo en búsqueda del éxito; ese látigo para el esclavo, esa libreta del capataz que contribuye al deseo de ser siempre el primero y el miedo de jamás quedar en último lugar en la vida. En el supermercado de las almas, abundan opciones espurias de superación personal y consumidores fetichistas por la mercancía ofertada. Este imaginario, anula el desgarro psicosocial trasladando la culpa al individuo, aunque no es infalible para quienes deliberan y dudan. Se trata pues, de hundir al máximo a los ciudadanos en el universo de la competencia, la supuesta autonomía laboral, la destrucción de las protecciones sociales, el debilitamiento del derecho al trabajo, el desarrollo deliberado de la precariedad masiva o el endeudamiento generalizado de las familias. Y por si no fuera suficiente, todavía se les grita cínicamente: “Tú decides”.

Una vida en búsqueda del placer, la felicidad y el hedonismo es la vida de un esclavo, ya que éstas, dependen de variables externas a las que todos nosotros siempre estamos tratando de acoplarnos. Se vive estresado pensando y planeando un futuro que no se puede controlar con certidumbre y en concebir a la felicidad como un objeto cognoscible que se puede alcanzar mediante un esfuerzo conciente. ¿Cuál es el problema en esta ingenua búsqueda? En el camino – aunque afirmen lo contrario sus fanáticos- ya no se vive en el presente, pues las personas se concentran más en los medios que se consideran necesarios para alcanzar la felicidad (por ejemplo; enrolamiento o entrenamientos multiniveles) hasta llegar al punto de convertirse en un banal algoritmo y ya no en perseguir una finalidad mucho más sublime, un fin que ni siquiera tienen claro. Dicho fin, ya se ha olvidado o pervertido asumiendo que la búsqueda desesperada de ese bienestar, los distrae del bienestar que ya posee.

Es paradójico que, a pesar de que millones de personas se hayan sometido a un “entrenamiento de vida”, llegado el momento quizás descubran que nunca han vivido. Como suelo decir a mis pacientes en consejerías de salida de grupos sectarios (exit counseling): “El verdadero entrenamiento de vida ya lo tuvieron, solo hay que convertirlo en aprendizaje”. El mundo es defectuoso y a pesar de todos los esfuerzos deliberados por controlar sus imperfecciones y provocar un efecto deseado, es precisamente ese esfuerzo, la fuente misma de nuestra frustración, la cual es aprovechada por estos mercenarios

Los adoctrinados de las sectas comerciales deben comprende que, no identificar su deseo por saber que están siendo manipulados, no implica que no quieran saberlo. Así funciona la persuasión coercitiva: no reconocerse como víctimas, sino asumirse como líderes, seres amorosos, exitosos y transmutados. No buscarán el saber por deseo, lo harán por la satisfacción que puede aportar darse cuenta que son tratados como simples mercancías y jamás, como sujetos.

Por último, te recuerdo que los enroladores te van a decir que “no enrolan, sino que comparten una visión, que son empresas de transformación humana, que ofrecen entrenamientos de vida para crear sentido, propósito y satisfacción en las personas, así como para habilitar un desempeño eficiente, que la gente que asiste cambia bruscamente porque !ya no son los mismos! !Ahora son personas con una misión clara comprometidos a hacerla realidad!”.

Cerejido (2019) inventó el término “cognicidio” como una forma de hijoputez, un tanto sutil en su concepción, pero no menos repugnante en la práctica que consiste en destruirle al ser humano la herramienta que viene utilizando desde los albores de la prehistoria: el conocimiento. Ese es el verdadero problema de las sectas y el fanatismo que pregonan.

Referencias:

  • Cerejido, M. (2018). Hacia una teoría general sobre los hijos de puta: Un acercamiento científico a los orígenes de la maldad. México, DF: Tusquets
  • Marcuse, H. (1964). El hombre unidimensional. México, DF: Austral
  • Oz, A. (2018). Queridos fanáticos. Barcelona, España: Siruela.
  • Savater, F. (1991). Ética para Amador. Madrid, España: Ariel.

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Twitter: @HectorCerezoH

Correo: hectorcerezo@hotmail.com


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