Raquel Huerta-Nava #VocesVioletas

#VocesVioletas es un espacio semanal dedicado a compartir poesía escrita por mujeres de México y Latinoamérica.

Raquel Huerta-Nava Nació el 29 de junio de 1963 en la Ciudad de México, entre poemas de seda, al ser hija de Efraín Huerta (1914-1982), El gran cocodrilo, uno de los poetas imprescindibles de la literatura castellana, y de Thelma Nava, poeta mexicana reverenciada en el extranjero.

Fue una de las figuras más versátiles de la cultura mexicana: poeta, ensayista, historiadora y editora. falleció el pasado sábado 22 de diciembre de 2018 a los 55 años de edad.

Para recordarla y homenajear su trayectoria literaria, compartimos una breve selección de su obra poética:


Doble constelación

para mis padres Efraín Huerta y Thelma Nava

Cuando dos poetas se enamoran
reinventan el mundo.
La palabra: recinto estrecho;
es necesario sacrificar la existencia,
reordenar el cosmos, extinguirlo todo.

Cuando dos poetas se desean
arde todo lo pronunciado:
sólo la piel es memoria insoportable
que los obliga a escribir
desde las lágrimas que los calcinan
desde las larvas que los devoran
desde la sangre que los estalla
rompiendo el eje de sus vidas,
supernova enardecida, delirante.

Dos poetas apasionados son la furia
porque son presos de sí mismos,
se conjuntan sus demonios interiores
en una guerra declarada,
sin cuartel ni prisioneros.

Los gemelos de la palabra
descubren sus ocultas intenciones
las sublimes
las sórdidas
las que matan.

La piel les da la vuelta por las noches,
en llaga ardiente,
maldicen su sino y su obsesión
claman al firmamento
investidos como Xipe Totec
“Nuestro Señor el Desollado”.

Cuando dos poetas se enamoran
no les queda más remedio:
están condenados para siempre
a reinventar el amor.


El sueño del tiempo

I

El tiempo se descubre sorprendido
en el confín del jamás
abriendo el camino de la luz
cuando él nunca había jurado
que nada más existe,
que lo eterno es inmutable
que nada cambia.

II

El tiempo soberano del sarcasmo
conjuga los sujetos
y sus extremidades de angustia
con las que tocan temerosos
la superficie de los confines,
frenos absurdos a la vida;
la fama y la fortuna son
un papalote soñando
controlar las tempestades.

III

El tiempo sueña un atardecer en verano
tras las batallas de la guerra definitiva
renacen corazones asombrados,
se llevan los muertos que nos duelen
lejos de nuestros labios.
Trasponemos el umbral de la palabra
Bordados en la trama del destino.


Las puertas

En las cavernas el tiempo se detiene;
si lanzas una roca puede no caer
oscilar hacia el vacío.

El futuro es la puerta peligrosa
siempre en movimiento:
incierto párpado del augur,
sueños del tiempo detenido.

Seres de universos paralelos
viajan por puertas de luces,
los sacerdotes conocen el misterio,
al prevenir su propia historia.

La casa del sueño es infinita
sólo percibimos sus regalos;
los minutos se resbalan de las manos
dejando texturas de arena del Caribe.

El futuro, clepsidra de cristal
brilla al sol con tono ambarino:
el oleaje de su horizonte,
es surcado por cintas negras.


Ojo ínfimo

Tuve este sueño: nací para estar desnudo
en el ojo del huracán.
Roger Hodgson

La lengua del diablo me cubre el rostro
atravieso sus fauces
y alcanzo a distinguir la claridad.

Siguiendo el mapa de Holtz
contemplo la danza del inicio
para aprehender el karma
y el camino del destino.

No hay mentiras al ojo del corazón.


Cantares del Jardín de la Azucena

V

florecen azucenas en los puertos,
en sus calles que terminan en el mar
comienzan las preguntas,
en el aire luminoso de la aurora
nace la palabra
entre la brisa
y el oro fulgente de la arena

cabe la vida en formas nuevas
lenguaje del agua
eterno canto de la luz

XVII

florecen azucenas en las calles
suavizan la ruta de la sombra
eterno combate con la luz
vacilan los negros estandartes
ante los muros de la ciudad sagrada

ocultan las miradas

de los dioses

de otros tiempos

XXXV

florecen azucenas en las aguas
sus pétalos humedecidos
perfilan el recuerdo de las horas
celestes cristales
de memoria umbría

al fondo del Adriático
descansa un palacio de zafiros
suspiros del pasado
hacen eco en las grutas submarinas
el miserable príncipe del Benevento
escucha el eterno canto de la strega

XL

florecen azucenas y el silencio
ese largo silencio incandescente
sin fuego sin mentiras y sin mundo
fue un verano largo y enfermizo
sin fiebre sin amor con penas
las palabras ardían
secando nuestras almas
apagando el hálito de la vida
de las sombras
quedando las caderas
volviéndolas ceniza

XLI

florecen azucenas pensamientos
en el dulce jardín de la memoria
donde reposa la ansiedad
de quien al fin se sabe vivo

(penurias de hospital
martirio de la carne
)

muchas veces caí
hundido en la derrota
busqué entre las sombras el cobijo
que sólo da la luz
anduve por senderos de tiniebla
me despojé de antiguas vestiduras
renací para mirar un mundo

diferente

(fulgor de amaneceres
martirio de la sangre
)


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