La relación entre la homofobia y la crisis de la masculinidad

Una investigación de la Universidad de Ginebra (UNIGE) en Suiza ha descubierto que el avance social hacia la igualdad de género está provocando un aumento de la homofobia. En un artículo publicado en la revista Sex Roles, el equipo liderado por Juan M. Falomir demuestra que para compensar esta feminización de la sociedad, emerge una tendencia social que lleva a los hombres más tradicionales a apoyarse en la homofobia para reafirmar su masculinidad.

El proceso social que ha llevado a esta situación se explica de la siguiente forma: antes de mayo de 1968, las normas sociales sobre las que se construía la identidad masculina se basaban principalmente en la oposición hombre-mujer. Una mujer, por ejemplo, tenía que ser sensible y atenta, y estaba obligada a priorizar a la familia a costa de su carrera.

Un hombre, por otro lado, tenía que estar seguro de sí mismo, ser independiente y fuerte, y, sobre todo, tenía que ser no femenino. La masculinidad construida sobre esta oposición era un concepto más frágil que la feminidad: un hombre debía demostrar su virilidad a la sociedad actuando siempre de tal manera que dejase claro que no era una mujer.

Sin embargo, desde la revolución feminista la sociedad occidental se ha estado moviendo lentamente hacia una menor desigualdad de género: además de centrarse en sus carreras, las mujeres actuales logran ser autosuficientes y se les reconoce como personas fuertes. A los hombres se les permite mostrar sus emociones.

Esta nueva situación ha provocado lo que se ha llamado una “crisis de masculinidad”, ya que en esta nueva situación muchos hombres no se acomodan a los nuevos patrones derivados de una sociedad igualitaria y no pueden construir su identidad masculina en oposición a la identidad femenina actual.

Cuestionario revelador

Para profundizar en el conocimiento de esta evolución socio-cultural, los psicólogos de UNIGE utilizaron un cuestionario para probar los efectos en los hombres de la desaparición de la norma que afirmaba la masculinidad en oposición a la feminidad.

El cuestionario medía la sintonía de los hombres actuales con las características clave de la masculinidad tradicional: evitar la feminidad, restringir las emociones, afirmar la confianza en sí mismo, la agresión, la dominación, la atracción por la actividad sexual y la homofobia.

Tres grupos de hombres heterosexuales, todos de países occidentales, tuvieron que declarar si estaban de acuerdo o en desacuerdo con unos 50 puntos relacionados con estas normas, para conocer sus reacciones en función de si tenían o no información previa sobre el estado de la cuestión facilitada por los investigadores.

Al primer grupo (control) no se le dio información previa alguna y tenían que responder al cuestionario sin más. Al segundo grupo se le mostraron diversos estudios históricos sobre cómo se afirmaba la masculinidad frente a la feminidad en la sociedad tradicional. Y sólo al tercer grupo se les explicó la evolución de la masculinidad, conciliada con los nuevos valores femeninos, antes de responder al cuestionario.

Homofobia y heterosexualidad

Una vez finalizada esta fase, los integrantes de los dos últimos grupos, que habían respondido al cuestionario en base a la información previa recibida, tuvieron que responder a un segundo cuestionario que medía sus actitudes hacia los homosexuales (sus derechos, sentido de moralidad, las emociones que sienten y su comportamiento) y la afirmación de su propia heterosexualidad en ese contexto social.

Lo que puso de manifiesto esta investigación es que la homofobia y la reafirmación de la heterosexualidad se manifestaron con mucha intensidad en el grupo de hombres del tercer grupo, a los que se les informó que la masculinidad actual está reconciliada con los valores femeninos.

“Es un sistema interconectado”, explica el profesor Falomir. “Al disminuir el significado de la norma anti-feminidad, los hombres la compensan enfatizando la importancia de la norma de heterosexualidad. La homofobia es la forma alternativa de afirmar su masculinidad”, añade.

Una salida

El estudio determinó asimismo que el aumento de la homofobia no se debe directamente al deseo de reafirmar la oposición tradicional entre hombres y mujeres, sino a la necesidad de afirmar la masculinidad en un contexto social más equilibrado entre los perfiles masculino y femenino.

La salida es afirmar la masculinidad frente a la homosexualidad, que viene a sustituir la oposición femenina tradicional a los valores masculinos clásicos. Y esta tendencia se manifiesta particularmente en los hombres más tradicionales y reacios a asumir los nuevos rasgos sociales de la masculinidad.

Estos resultados reflejan el hecho de que nuestras sociedades occidentales, que establecen la igualdad de género como un principio fundamental, siguen siendo reacias cuando se trata de los derechos de los homosexuales.

“Cuanto más igualamos a los géneros, más difícil se vuelve para los ‘hombres tradicionales’ gestionar esta igualdad y continuar construyendo su masculinidad. “Como ya no pueden diferenciarse de las mujeres, ven la homofobia como una forma de restaurar su virilidad”, concluye el profesor Falomir.


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