La poesía en lengua Mè`phàà de Hubert Matiúwàa como una forma de resistencia

Por Ulber Sánchez Ascencio 1Ulber Sánchez Ascencio, Tepetixtla, municipio de Coyuca de Benítez, Guerrero. Lic. En Literatura Hispanoamérica por la Universidad Autónoma de Guerrero. Ha sido Becario en creación literaria en 2006, 2008 y 2010, en la categoría de Jóvenes creadores, en el estado de Guerrero. Ha publicado los libros de poesía: Días como esas tortugas que van al mar (Verso destierro, México, (2010), Como música de Mahler moran las tristuras de la infancia (Instituto Mexiquense de Cultura, estado de México, (2011). Actualmente estudia la maestria en Humanidades en la Universidad Autónoma de Guerrero.

 

 



La cosmovisión de los pueblos originarios parte de la tradición oral, de la historia personal y de la historia social, de sus usos y costumbres, de sus formas de interpretar el mundo, de su contacto con la naturaleza y con lo que está a su alrededor, siempre teniendo respecto con el mundo. Para ellos, su cultura es parte importante para entenderse como sociedades originarias. Estos pueblos han vivido en esta parte del mundo que es el continente americano desde antes del mal llamado descubrimiento de América.

En este contexto de la modernización y de la globalización mundial, los pueblos originarios  han resistido a este poder hegemónico del capitalismo, que ha creado las condiciones para que se viva en un mundo de crisis social, económica, esta crisis basada en el individualismo y en las formas de vivir pensando sólo en la obtención de beneficios particulares y dejando de lado la convivencia y la dialéctica entre los seres humanos y la naturaleza, como bien señala Enrique Leff  “ y en el uso de la palabra, no sólo para designar las cosas, sino para simbolizar, significar y valorar culturalmente la naturaleza” (Leff 385). Es por eso que desde los años 90, los pueblos originarios son vistos como una alternativa para habitar el mundo y construir armonía con la naturaleza.

Sin embargo, la globalización no ha podido eliminar a los pueblos originarios de América Latina, sino todo lo contrario, éstos han resistido todos los embates de la modernidad:

Los pueblos originarios son vistos como una alternativa para habitar el mundo y construir armonía con la naturaleza.
“La crisis ambiental es pues un problema del conocimiento, de las formas de conocimiento con las cuales hemos construido la civilización moderna en tránsito a una cierta modernidad y de las formas como hemos destruido el ambiente, al tiempo que hemos subyugado los saberes que se fueron construyendo en el proceso de co-evolución de las culturas con sus naturalezas, con sus territorios y sus mundos de vida” (Leff 281).

Estas formas de conocimiento siguen vigentes, la concepción de la realidad de los pueblos originarios es una idea colectiva de entender el mundo, el aprendizaje empírico enseña también interacciones, diálogos, saberes locales.

México es un país de una riqueza cultural, aquí, existen y existieron grandes civilizaciones que demostraron con la práctica que el estar en contacto con la naturaleza era de vital importancia para la supervivencia, es decir sólo tomar de ella lo que sea necesario.

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A partir de la colonización vino el declive de muchas de las civilizaciones mesoamericanas, el saqueo y el apropiamiento de estas tierras, fue la manera en que acabaron con gran parte de la cosmovisión de los pueblos originarios. A pesar de esta barbarie de occidente, han resistido y luchado por el reconocimiento de su autonomía, y este “dialogo de saberes es una propuesta y una demanda desde abajo, desde los excluidos, para el reconocimiento de sus saberes, sus idiomas, su cultura y sus identidades diferenciadas” (Argueta 14). La vigencia de los pueblos originarios es real, aunque viven en un mundo absorbido por la globalización. Con este sistema de dominación es difícil sostener un dialogar en el que exista una igualdad de condiciones. Entonces, ¿cómo resistir ante la agresión de la globalización y sus formas de dominar a la sociedad?  Porque la globalización es tan tan natural que no le ponemos atención, estamos ciegos ante la realidad que sucede frente a nosotros, como bien señala Terry Eagleton cuando argumenta lo siguiente:

 

“A un hombre para quien el capitalismo es tan natural como la luz de la luna no se le ocurre que las compañías que no se mueven por el beneficio pueden ser superiores moralmente a aquellas que nos curarán las heridas o enseñaran artéticamente a nuestros hijos solo si vamos con una tarjeta de crédito por delante” (Eagleton 44).

 

Aun hoy, las comunidades o los pueblos originarios conservan sus saberes ancestrales y su tradición, es una forma de ver y estar presente en el mundo. Actualmente en el estado de Guerrero existen cuatro pueblos originarios que conservan sus costumbres, su lengua, su visión, su comunidad: el pueblo originario de los Nahuatl, el pueblo Mè`phàà o tlapaneco, el pueblo Na  Savi o mixtecos y el pueblo Nnànncue o amuzgos. Jaime García Leyva comenta al respecto de los pueblos originarios:

 

En el estado de Guerrero existen cuatro pueblos originarios que conservan sus costumbres, su lengua, su visión, su comunidad: el pueblo originario de los Nahuatl, el pueblo Mè`phàà o tlapaneco, el pueblo Na  Savi o mixtecos y el pueblo Nnànncue o amuzgos.
Los pueblos originarios de Guerrero son muestra de la riqueza lingüística vigente. Son culturas que se han sabido reinventar, reconstruir y adoptar elementos externos y herramientas técnicas para seguir sobreviviendo. La lengua ha sido, y es, un elemento articulador y medio de transmisión de sus conocimientos ancestrales. Los ámbitos en que revitalizan su lengua materna son el seno familiar, la comunidad, las celebraciones festivas, los rituales, las ceremonias y la vida cotidiana. (Leyva, 115).

 

Es en este contexto de la lengua que los pueblos originarios han ganado terreno en la visibilidad de su cultura. Poetas en lenguas originarias han surcado ese anonimato con la escritura de poemas, donde revelan la cosmovisión de sus conocimientos. Han aportado desde la poesía en lengua originaria su visión del mundo. El lenguaje oral es la manera más rápida de transmitir algún conocimiento sobre alguna actividad, vincula a la comunidad con los habitantes, crea identidad y formas de entendimiento, pero, la poesía escrita les da el valor de conservan la escritura de sus tradiciones y de su conocimiento ancestral con la naturaleza. 

El poeta Hubert  Matiúwàa  quien también publica bajo el seudónimo de Hubert Malina, sabe la importancia de ser visibles, y que a través de su poesía se conozca la palabra de los Mè`phàà, su cosmovisión, su manera de resistir ante un mundo de crisis. En tiempo de crisis la poesía es una forma de migrar ciertas ideas para dar certeza a lo que sucede. En Hubert podemos encontrar ese compromiso de nombrar el mundo particular de los Mè`phàà. Es un poeta preocupado por todo lo que acontece en un mundo contemporáneo, lleno de violencia en todos los sentidos.

La poesía como conocimiento no ha estado alejada de la realidad, vive esa realidad, está atenta a lo que sucede en el mundo, así se fija una postura para nombrar los pequeños acontecimientos. El poeta da su versión del mundo desde su realidad, parte de ahí para conectar con los otros. “Con el universo poético del poeta se nos entrega toda su alma” (Bachelard 30).  Y esa alma es toda la cosmovisión de los poetas. La poesía tiene como objetivo hacernos participe con la lengua y la visión estética del mundo. O como dice Amado Alonso “La imagen del mundo no es, sin embargo, inventada arbitrariamente a la medida del sentimiento inicial, sino que en ella intervienen los aportes de la experiencia (Alonso 13-14). Nada es inventado sino todo es parte de la realidad del mundo que el poeta mira con detenimiento y entonces ejecuta su creatividad para darle sentido al discurso de lo mirado.

El primer libro de Hubert Malina, quien firma así, Malina, para darle identidad a su espacio geográfico de donde es originario: Malinaltepec, Guerrero. Su libro se titula Xtámbaa (piel de tierra), editado por Pluralia ediciones en el año 2016, es el primer poemario en lengua   Mè`phàà, su importancia radica en que, a partir de este primer libro, la visibilidad de su lengua y su geografía, se hizo presente en ciertos sectores de la sociedad, no sólo en el ámbito literario. Este poemario de Hubert, es importante también porque menciona la cosmovisión de su pueblo y muestra el respeto hacia sus ancestros. En el poema titulado La cicatriz de mi voz anuncia:

Pongamos la palabra para recoger el rostro.

que el hueso escuche el gris de la piedra,

sentemos el aliento de la gran mazorca

para hacer camino con los que vienen a nuestra carne,

los del otro cerro, los de la lluvia, los de la noche amanecida (Malina 6).

Y agrega en el mismo poema:

Al decir la palabra triste de los abuelos,

decimos: palabra que mira,

que guarda, que vive (Malina 7).

La palabra es origen y pasado, resistencia ante los que pretenden minimizarlos, arrasarlos o aniquilarnos.
La palabra es oralidad y esa oralidad es conocimiento, un conocimiento que occidente no acepta por ser un conocimiento sólo del entorno, digamos, que no tiene esa validez científica porque carece de un método epistémico, pero esta oralidad ha sido siempre parte importante de los pueblos originarios, porque a través de este conocimiento han sabido construir una realidad que les ha permitido vivir sin ningún problema con los demás. Hubert conoce este conocimiento ancestral, por eso la voz de los abuelos es de suma importancia para conocer la tradición del pueblo, la palabra es origen y pasado, resistencia ante los que pretenden minimizarlos, arrasarlos o aniquilarnos.

En el poema La voz Mè`phàà, da identidad a un pueblo, a una comunidad que tiene sus propias maneras de existir y respetar al otro, respetar a la tierra, y anuncia:

 

De la sangre de otro bosque

mi mano ceniza en tu huella de luna,

en tu cintura congelada

el revolotear de aves descalzas (Malina 10).

Agrega en seguida:

De ti, vengo tierra, vengo pueblo,

vengo triste palabra, pequeño tallo,

amarillo dolor en tu hoja (Malina 11).

Hay una extensa vinculación del hombre con la naturaleza, este vínculo permite conocer el mundo, la visión de lo que les rodea. Mencionar el mundo desde los pueblos originarios es saber que existen otras maneras de conocimientos, otras formas de realidades menos agresivas con la naturaleza. Sin embargo, no hay registro de estos saberes que nos permitan ver su validez, desafortunadamente, tiene que existir un registro para que este conocimiento sea legitimado por los demás o por la epistemología occidentale. No se entiende este equilibrio que “para el pensamiento indígena el hombre forma parte indisoluble de la naturaleza” (Argueta 29). Al respecto Hubert en su discurso poético anuncia ese vínculo con la madre tierra, en el poema titulado El colibrí:

                        Por la tierra

juntemos alas, pies y cabeza,

para volar lejos

y poner la palabra (Malina 21).

Existe una preocupación por los otros, los civilizados no entienden estas formas de convivencia de los pueblos originarios, suben a la montaña a depredar el ecosistema, a apropiarse de la tierra para explotarla y a no respetar a los habitantes que allí tienen arraigado todo su conocimiento por generaciones, Hubert nos dice:

En gusanos de acero bajan

los que vienen a mandar nuestra memoria,

extienden su telaraña en la madre,

no respetan la palabra nuestra,

como perros flemáticos

envenenan la jícara del pueblo,

dicen:

cuidarán los árboles, los ríos y al hermano animal (Malina 21).

Esa mentira del otro que se dice civilizado está presente en este poema, el otro persuade, engaña y promete, sin embargo, queda claro que las condiciones son otras, y los pueblos originarios son engañados, y esta preocupación la refleja José Bengoa cuando dice que “los indígenas no sólo han cuestionado su propia situación de pobreza y marginalidad, sino también las relaciones de dominación de la sociedad latinoamericana basada en la discriminación racial, en la intolerancia étnica y en la dominación de una cultura sobre las otras” (Bengoa 30). Pobreza y marginalidad no son sinónimos de ignorancia como piensan los otros sobre los pueblos originarios, y en este sentido, la poesía de Hubert refleja esas malas intenciones de la dominación de los otros. Por eso dice Hubert “no respetan la palabra nuestra”, entiende que la palabra y el respecto son importante para un equilibrio con todos los seres humanos.

En otro poema, la cosmovisión de los Mè`phàà, está presente en la obra de Hubert, el libro Xtámbaa, permite al poeta entender esa realidad para significarla, resistir desde la biodiversidad y entender la magia de la naturaleza a través del poema:

La flor repartió el mundo,

pintó cerros en donde andará el colibrí

que levantará nuestra palabra,

quemó al hombre de las ánimas

que enseñaron al pensamiento a caminar tierra,

a juntar la lumbre de la piel,

a sostener la piedra de nuestra voz

en el estómago de lluvia

y amarró piedras en la casa de los muertos

que aguardan a jugar nuestra lucha (Malina 27).

La poesía en lengua Mè`phàà, de Hubert, es resistir ante el embate de la globalización, la poesía canta ese derecho de ser, canta a la comunidad, es la voz de todos los Mè`phàà, a partir de él se reconocen.
La poesía en lengua Mè`phàà, de Hubert, es resistir ante el embate de la globalización, la poesía canta ese derecho de ser, canta a la comunidad, es la voz de todos los Mè`phàà, a partir de él se reconocen. La realidad está aquí, suceden hechos que son dignos de mencionar y ser palabra, eco, voz para los otros. La poesía es memoria, es resistir contra el poder hegemónico, es preserva la palabra, la identidad. La poesía para Hubert tiende puentes con la modernidad y la tradición, esa tradición de sus ancestros y la naturaleza; así lo anuncia en el poema En la cara del aire:

Yo sentí miedo,

desde entonces,

me quité los huaraches para no lastimar la tierra

y no acabarme en ella (41).

 

La visión particular de Hubert nos hace posible ese entendimiento con la propia naturaleza. Regresar la memoria es pertenecer al mundo. Los Mè`phàà, un pueblo con tradición han sobrevivido gracias al contacto con la tierra. La construcción de la identidad a través de la poesía es una forma de resistir. La voz alza el vuelo, es colibrí, es la abuela.

Hubert, muestra en el siguiente poema este problema cotidiano con de las grandes empresas cerveceras como Corona Extra, poema que nos dice:

Corona Extra

pasaron ojos de sol

y caminos de luna,

después de que el tlacuache

pusiera su fuerza en el pulque

y buscara nuestro contento,

ahora, desde Monte Alegre,

se mira llegar entre el polvo,

camiones en donde enfrascada

viene con la palabra “Corona Extra”,

nuestra tristeza (Malina 67).

Las empresas llegan y desplazan las bebidas ancestrales y espirituosas por una bebida diferente, el pulque es desplazado por la cerveza, por eso la tristeza del pueblo y del poeta, la globalización llega en todos los sentidos, “la globalización –señala Bengoa- es un fenómeno cultural que en las últimas décadas se está acercando a las diferentes comunidades nacionales y locales, y estableciendo nuevos estándares o expectativas en las poblaciones” (Bengoa 34). Y Hubert visualiza esta realidad en su propuesta poética.

La violencia que genera el crimen organizado ha tocado también a la región de la Montaña de Guerrero. En su segundo libro de poemas Tsina ri nàyaxa`(Cicatriz que te mira), Hubert aborda este tema que genera no sólo el estado, sino también el narcotráfico,  a manera de prólogo en este poemario Hubert señala que:

“nos presenta diversas formas de resistencia encadenadas a la posibilidad de los momentos que configuran la esperanza. Cuenta la historia de una lucha generacional por la defensa de la identidad y del territorio que lleva a cabo una familia Mè’phàà y aborda las diversas problemáticas originadas por el narcotráfico en la Montaña de Guerrero, como el de la migración hacia las zonas de cultivo de amapola y la explotación de las niñas y niños para la raya” (Matiúwàan 11).

Un poeta es ante todo un ser humano que está preocupado por su presente en la realidad que le toca vivir. La violencia se generaliza y se vuelve algo cotidiano, se cosifica y eso permite que sea observado como un hábito, algo que ya no ejerce asombro en la sociedad, sin embargo, Hubert, poeta que observa esta realidad, nos ofrece la particular visión de la violencia en la Montaña de Guerrero a través de este libro: Cicatriz que te mira.  Sin en su primer libro aborda la cosmovisión a través de la voz de la abuela y la naturaleza de los Mè’phàà, en este libro la propuesta es diferente, el eje temático es la violencia. El poemario está dividido en dos capítulos: Cicatriz que te mira y Las rayadoras de Marutsíí, discurren en la problemática actual que atraviesa todo el estado de Guerrero, la violencia generada por el narcotráfico.

En Cicatriz que te mira, Hubert anuncia en los poemas la muerte de los indígenas en la región de la Montaña de Guerrero, y cómo el gobierno atosiga a los Mé`pháá, esta historia del perseguido ha sido la constante de los pueblos originarios, desde hace más de 500 años han resistido, aún en este mundo contemporáneo son objeto de impunidades y de violación hacia sus derechos humanos y su autonomía, son esa minoría que no son escuchados. Hubert señala:

Cuando llegaron

me escondí en el hueco de la guayaba

que dejaron los gusanos

al huir de sus gritos (Matiúwàa 15).

Al huir del civilizado, el hermano de Hubert se vuelve un apátrida de su propio territorio, entonces esconderse es la única forma de permanecer al mundo. La preocupación de Hubert es señalar estas desgracias que dejan los desaparecidos, pone la llaga en el dedo y asumiendo la referencia de la naturaleza, somete a discusión estos acontecimientos de la huida:

Te esperaba nuestra madre

bajo las láminas y la gotera

que no terminaste de arreglar (Matiúwàa 17).

Esta parte de la poesía de Hubert, asume el compromiso de hablar siempre desde la mirada de los pueblos indígenas, aunque él pertenezca a una cultura como los Mé`pháá, sabe que los demás pueblos originarios sufren de la misma problemática por parte del gobierno y de la globalización, han sabido convivir con este tipo de modernidad que conlleva aferrarse a sus costumbres, a su cultura y su forma de organización. Por eso la poesía es importante para visibilizar a los pueblos originarios. Hubert preocupado por el otro, anuncia en este discurso la preocupación de este canto de barbarie por parte de los civilizados:

Hermano,

en nuestro hombro pesa el silencio del pueblo,

la llaga de piel que quebrantó tus huesos. (Matiúwàa 21).

Conocedor de su región y respetuoso de la naturaleza, el poeta sabe que cuenta siempre con la madre tierra, porque élla también arropa a sus hijos, cuida de ellos y de cualquier vicisitud, la comunicación con la madre tierra es importante en los pueblos originarios, no se entiende el mundo sin esta dialéctica, y Hubert está atento a toda esa forma de conocimiento que ha adquirido con su formación profesional que es Filosofía y letras en la Universidad Autónoma de Guerrero y su formación en la comunidad que es Malinaltepec, Guerrero:

Se supo también,

que grande es la Montaña

para defender a sus hijos,

oscura, si no la conoce (Matiúwàa 35).

Esta crisis social, esta barbarie social, está encaminada a desaparecernos unos a otros, a sumergirnos en ciertas características que la propia globalización gesta desde las más altas cúpulas empresariales, permitiendo así, una ruptura social, convivencia tan importante para seguir existiendo en este mundo. Entonces, Hubert, entiende que, en este sentido, el lenguaje que emplea para nombrar el mundo que mira a partir de esta crisis, tiene mucho de resonancia en su poesía porque como dice Johannes Pfeiffer: “Es que no hay manera de engañar al lenguaje; este posee en sí una fuerza sentenciadora” (Pfeiffer 54). Tan importante es nombrar lo que sucede en la Montaña de Guerrero, los pobladores son asediados por el narcotráfico. Hubert a manera de denuncia escribe en los poemas de la segunda parte del libro Cicatriz que te mira, a los rayadores de amapola y nombra las necesidades de los pueblos originarios por tener formas de ingresos económicos para la sobrevivencia:

Nos buscan,

porque sabemos surcar la tierra

para sembrar las palabras:

hambre, necesidad y pobreza (Matiúwàa 41).

La Montaña de Guerrero ha sido siempre un territorio de pobreza. Por eso los buscan, dice Hubert, por la necesidad y la pobreza.  Es desgarrador ver cómo ésta realidad toca a los hermanos de Hubert, pero como menciono, es necesario que sea visible, y la poesía es una manera de ser visibles.

En otro poema, Hubert, menciona la navaja como objeto que sirve para el proceso de la raya de la amapola, que más adelante llama “maíz bola” a la flor de amapola, utilizando, como en toda su poesía, la figura de la metáfora para nombrar la habilidad de sus hermanos para este proceso de la raya y nos dice:

Nuestras navajas rayan la noche

para sangrar el día sobre la piedra,

cortan kilómetros de carne

y viajan en túneles para esconder la avaricia (Matiúwàa 45).

¿La avaricia de quién? La avaricia de los productores de la amapola, el negocio del narcotráfico, carteles de la droga. Mano de obra barata son las manos de los pueblos originarios.

Mano de obra barata son las manos de los pueblos originarios.
 En este apartado de su poemario, Hubert nos acierta al decirnos que las amenazas a los pueblos es un asunto que se vive a diario, por eso su palabra se vuelve realidad, porque vive esa experiencia en los pueblos originarios. Dice Pfeiffer, cuando se refiera a la poesía, “lo esencial es vivir las palabras en toda su virginal plenitud de sentido y plasticidad (Pfeiffer 27), y la poesía de Huber se vive en todo su esplendor. En otro poema anuncia que la necesidad es pues la que está por encima de todo trabajo, rayar al fin de cuentas es otra actividad laboral, pero existe esa añoranza de volver, de estar en el pueblo, con la naturaleza, aprendiendo a vivir la comunidad, esperando al sol y la noche y entonces anuncia:

Quiero regresar

a las tardes de Zapotitlán,

a los caminos con la leche de olor

para despertar las hojas

y quemarle los pies al diablo. (Matiúwàa 49).

Otra realidad que nombra Hubert, en este poema dedicado a los hermanos que van a la raya de la amapola, es la de los niños que se ven obligados a participar en la manutención de la familia, aportar capital, unas veces lo hacen por querer ayudar, otras por ser obligados, pero en esa idea de ir a la raya, son imbuidos en la violencia que genera el narcotráfico, niños que toman las armas para pasar de la raya de amapola a la violencia, es decir, se convierten en niños sicarios, en jóvenes que utilizan para atacar al bando contrario, niños que ejercen la muerte, como en la novela de la Virgen de los sicarios de Fernando Vallejo, los niños son cooptados por la mafia para hacer el trabajo sucio, matar a los otros narcotraficantes que se quieren apoderar de la plaza, Hubert con magistrales argumentos poéticos, nos dice de estos niños de la Montaña de Guerrero que:

Lo encapucharon con escamas de la tarde

y le colgaron un cuerno de chivo,

tres rosarios del ojo de venado

y se dispuso a cazar hombres

y a sentar la muerte en su mesa.

 

Desde entonces,

dicen que los de la Montaña

somos buenos para eso

y no dejan de venir para llevarse a los niños

y sembrarles la muerte en las manos (Matiúwàa 59).

Estas realidades de la violencia y el comercio del narcotráfico tocan a todas las esferas vulnerables de la sociedad. Actores todos de un mundo moderno, nos vemos inmiscuidos en ciertas actividades de este tipo, los factores pueden ser muchos, pero sin duda, como menciona Hubert en su poemario es “hambre, necesidad y pobreza” lo que hace que busquemos formas de supervivencia a través de un trabajo relacionado con la raya de la amapola.

Así pues, la poesía de Hubert está llena de experiencias de los pueblos originarios, sobre todo del pueblo de los Mè’phàà, y nutrirse de realidades, y plasmarlas en el poema. La poesía es una forma de resistir ante la globalización; reinventa la realidad que permea en su entorno, para que no sea olvidado todo el dolor de un pueblo, toda la forma de resistir, por eso estas maneras de ver el mundo son una alternativa para mirar hacia maneras de organizar la vida en la comunidad. La poesía en lengua originaria es una forma de resistencia ante el pensamiento hegemónico.

 


 

 

 

Bibliografía

 

Alonso, Amado. Materia y forma en poesía. Editorial Gredos, Madrid, 1986.

 

Argueta Villamar Arturo, Corona-M, Eduardo, Hersch Martínez, Paul (coordinadores). Saberes colectivos y diálogo de saberes en México. UMAN, México, 2011.

 

Bengoa, José. La emergencia indígena en América Latina.  FCE, México, 2016.

 

Eagleton, Terry. Esperanza sin optimismo. Tauros, México, 2016.

 

García Leyva, Jaime. Oralidad, historia y educación de Na Savi.

https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/7/3098/7.pdf

 

Malina Hubert. Xtámbaa/Piel de tierra. Pluralia Ediciones, México, 2016.

 

Matiùwàa, Hubert. Tsína rí nàyaxà/Cicatriz que te mira. Pluraria Ediciones, México, 2018.

 

Leff, Enrique. “Diálogos de saberes, saberes locales y racionalidad ambiental en la construcción social de la sustentabilidad”, en Saberes colectivos y diálogo de saberes en México. Coordinadores: Arturo Argueta Villamar, Eduardo Corona M., y Paul Hersch Martínez. UNAM: México, 2011.

 

PFEIFFER, Johannes. La poesía. Hacia la comprensión de lo poético. FCE, México, 2013.

 

 

Referencias   [ + ]

1. Ulber Sánchez Ascencio, Tepetixtla, municipio de Coyuca de Benítez, Guerrero. Lic. En Literatura Hispanoamérica por la Universidad Autónoma de Guerrero. Ha sido Becario en creación literaria en 2006, 2008 y 2010, en la categoría de Jóvenes creadores, en el estado de Guerrero. Ha publicado los libros de poesía: Días como esas tortugas que van al mar (Verso destierro, México, (2010), Como música de Mahler moran las tristuras de la infancia (Instituto Mexiquense de Cultura, estado de México, (2011). Actualmente estudia la maestria en Humanidades en la Universidad Autónoma de Guerrero.
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