Es un honor ser su oposición

Cualquiera que lo haya experimentado sabe que el obradorismo es una experiencia sui generis. Una experiencia, diría yo, mística.

Las decenas de veces que acudí, desde mi natal Zacatecas, a marchas multitudinarias de Andrés Manuel López Obrador (la mayoría de ellas en el Zócalo), sentía cosas distintas a las de otros eventos políticos.

Su ritmo, sus pausas y su capacidad para conectarse con multitudes hacen de López Obrador un político particularmente seductor.

Sus palabras parecen darle un sentido histórico a la lucha política de la que uno forma parte. Y cómo no, si es eso lo que hizo hegemónico al nacionalismo revolucionario: nos contó un relato heroico de pertenencia que López Obrador reivindica, denunciando la traición de quienes abandonaron el camino.

Si a eso le agregamos que López Obrador es un maestro del simbolismo, que eligió batallas históricas como el Fobaproa y que lleva años recorriendo un país en el que los políticos viajan en suburban y con chófer (o en aeronaves privadas), podemos entender por qué su personaje adquirió una dimensión que le permitió resistir diferentes adversidades y llegar, finalmente, a la Presidencia de la República.

Y entonces, ¿Qué fue lo que me llevó de marchar gritando “es un honor estar con Obrador” a convocar hoy a un movimiento de oposición a su gobierno?

Yo diría que son, en términos generales, dos grandes cosas: reafirmar lo que nunca me gustó de él e identificar que varias de las cosas que me habían cautivado de su personaje se quedaron en el camino.

Lo que nunca me gustó de él fue, precisamente, su reivindicación acrítica del nacionalismo revolucionario, que no es otra cosa que la hegemonía cultural que gobernó México durante el Siglo XX.

Desde la primera vez que le escuché a López Obrador que el desastre de México “inició con el neoliberalismo que trajo Miguel de la Madrid en 1982”, regresé a casa a investigar cómo era México antes de 1982. ¿Era menos desigual? ¿Había menos pobreza? ¿Tuvimos libertades o derechos que después fueron cancelados?

Mi búsqueda me hizo desconfiar profundamente de la visión de Andrés Manuel. No encontré ninguna razón para identificarme con los políticos que gobernaron a México en esa época: ni con Gustavo Díaz Ordaz, ni con Luis Echeverría ni con José López Portillo. ¿Por qué su insistencia de reivindicar ese periodo?

La segunda cosa que nunca me gustó de él fue su desprecio por causas que él considera secundarias y que le suele encargar a personas que, aunque forman parte de su movimiento, él no respeta. Esas causas son, irremediablemente, ampliación de derechos y libertades para grupos excluidos: aborto, matrimonio igualitario, uso recreativo de la mariguana, igualdad de género y respeto al medio ambiente, entre otras.

Durante algún tiempo creí, como muchos, que esas causas en realidad eran demandas sofisticadas que no podían ser el eje central de nuestro discurso. “Primero hay que ganar el poder y después transformarlo”, es un argumento que continuamente se repite para justificar que esa agenda se posponga.

Pero después descubrí la interseccionalidad. Entendí que todas esas causas terminan afectando a los grupos que históricamente han sufrido las consecuencias de la exclusión. Entendí que penalizar el aborto es penalizar la pobreza y el género; que penalizar el consumo de mariguana termina por criminalizar a los jóvenes y a los pobres.

La tercera cosa que nunca me gustó de López Obrador está también vinculada al nacionalismo revolucionario. Es su aldeanismo.

Fue Séneca quien escribió que “nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya”. Y yo escuché cientos de veces a López Obrador presumir que nunca había viajado fuera del país (lo ha hecho recientemente).

Habrá quien sostenga que el aldeanismo no es un gran defecto. Podría no serlo, claro está, si no se tratara de un hombre que aspira a gobernar un país de 130 millones de personas.

Y es que su aldeanismo es la explicación de otros grandes defectos de Andrés Manuel, como sus ocurrencias (sigue pensando en trenes y refinerías) o las serias limitaciones de su equipo cercano (César Yáñez, Alejandro Esquer, Gabriel García y sus propios hijos mayores de edad).

Ahora bien, he dicho que estas tres cosas no me hicieron romper con él. Y aunque hayan ido cobrando mayor relevancia con el tiempo, reconozco que lo apoyé pese a identificarlas.

Entonces, ¿Qué fue lo que me hizo desplazarme hacia la abierta oposición a López Obrador?

Su extravío moral.

Andrés Manuel sintetiza su supuesta superioridad moral en una frase: “no robar, no mentir y no traicionar al pueblo”.

Sin embargo, tras el descalabro electoral de 2006, López Obrador inició un camino sin retorno y rompió la promesa que nos hizo cientos de veces desde el templete: “no vamos a dejar trozos de dignidad en el camino”.

Tal vez el ejemplo más grotesco disponible sea el de los sismos de 2017. Como fue documentado por el INE, Andrés Manuel y Morena mintieron (no donaron el 50% de su prerrogativa), robaron (crearon un fideicomiso y depositaron los recursos en cuentas privadas de dirigentes de Morena) y traicionaron al pueblo (lucraron con los sismos).

Pero el caso de ese fideicomiso no es el único ejemplo del extravío de López Obrador: está la campaña de propaganda que ha desatado contra el EZLN por no aceptar políticas que el zapatismo siempre ha combatido (el extractivismo, la depredación ambiental y la militarización). Eso, mientras recluta ex gobernadores frívolos y perversos (“ambiciosos vulgares” según sus propias palabras), como sus nuevos lugartenientes en el sureste del país.

¿Y qué decir de su alianza con los grandes medios de comunicación a los que cuestionó en otra época? Con TV Azteca y Televisa, a la que recientemente ha calificado como una “empresa ejemplar”, después de cerrar campaña en su estadio y con un evento producido por el consorcio.

¿Qué decir de un presidente que promete separar el poder político del poder económico y nombra como su jefe de gabinete a un multimillonario con severos cuestionamientos por conflicto de interés, cuya fortuna vinculó él mismo al Fobaproa?

Para mí, solo hay una alternativa: construir el futuro.

Uno que sea distinto al mediocre y corrupto pasado que hizo posible, e incluso necesario, el ascenso político de Andrés Manuel.

Pero que sea, al mismo tiempo, diferente a la simulación que representa López Obrador.

Necesitamos decir, con todas sus letras, que la restauración, la mentira y el pasado no son cambio. Que México es mayor de edad. Y que es un honor construir otra nación.

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5 comentarios

  1. Araceli Chavarría Chapa
    04/01/2019 at 17:52 — Responder

    Una cosa es lo que leíste e investigaste Maynez y otra lo que has vivido..seguramente no te tocó vivir lo que nos tocó vivir a los que nos acercamos a los 60 años..no te puedes basar en lo.que investigaste para buscar hacer una oposición al gobierno de AMLO..no.puedes juzgarlo cuando apenas tiene 1 mes de gobernar.
    Además lo.que los críticos políticos escriben es muy subjetivo!
    Antes de que ganara Obrador te admiraba..pero ahora tus publicaciones se notan de un tipo enojado y muy ardido que no puede aceptar que ganó Obrador!
    Entonces no eres lo que dices..yo que he vivido los gobiernos priístas y panistas es lo.peor que le ha pasado a México! Reflexiona!

  2. Alex
    04/01/2019 at 18:06 — Responder

    Araceli y aún así MALO añora esas épocas del PRI que comentas… te contradices. Saludos.

  3. GH
    04/01/2019 at 22:50 — Responder

    Quien culpa tiene el deber moral de comprobar su dicho, si este señor tiene pruebas sobre el supuesto robo, que las exhiba; de otro modo solo es otro más de esos patéticos personajes que tiran la piedra y esconden la mano.

  4. Janet
    04/01/2019 at 22:54 — Responder

    Los PEJEZOMBIES no entienden razones, no analizan, sólo son fanáticos, alaban a su líder. Y lo que él diga es lo que ellos repiten. Si antes él decía que SI ante alguna situación los PEJEZOMBIES “¡Si! ¡Si! ¡Si!” y si ahora dice NO a la misma situación los PEJEZOMBIES “¡NO! NO! NO!” y viceversa…

  5. Víctor Lara
    05/01/2019 at 09:04 — Responder

    Quienes estamos a favor de AMLO, aún con todas las contradicciones que mencionas de él, y que estamos concientes por haber vivido y recordamos los diferentes sexenios por los que ha atravesado el país, tenemos una perspectiva muy diferente de la tuya y, créeme, sin caer en actitudes reprobables como Denise Dresser cuando quiere “juvenear” a alguien.
    Me parece que toda persona que presuma de ser congruente e irreprochable en sus actos, debería contar con una trayectoria celestial, y eso Maynez estás muy lejos de serlo y es imposible. Todos los seres humanos tenemos acciones buenas y malas y dependerá de la conciencia de cada quien seguir el camino de elección.
    Sin mucha historia, desde Miguel de la Madrid a Peña Nieto, jamás se destapó una cloaca como la que está sucediendo con la mala administración de Pemex, cuyos expresidentes no pueden contar con apelación alguna. Esto por supuesto le ha dado un golpe tal a toda esta red de corrupción, que buscan bajo cualquier pretexto y acciones absurdas, hacer una campaña mediática y de desprestigio a como dé lugar para frenar los buenos propósitos que tiene en mente AMLO.
    No estamos ciegos o con una venda en los ojos quienes damos la confianza a AMLO, y estamos dispuestos a rinda cuentas si cayera en un acto de corrupción, pero en éste momento lo menos que necesita éste señor es estar perdiendo el tiempo en responder cuestionamientos absurdos y fuera de lugar como los que haces Maynez. Se debe juzgar y poner entredicho todas aquellas acciones que puedan ir en contra del desarrollo del país, y un aeropuerto que estuvo pensado por un grupo de gente que sólo vió un jugoso negocio para beneficiarse (así como el huachicoleo), y aún más, meter las Afores sin consultarnos y poner en claro cuál sería nuestra ganacia por el hecho de ser en automático socios por inversión, no puede criticarse su cancelación.
    Con el sinvergüenza y burro de Peña Nieto votaste por el alza a la gasolina y ahora la quieres bajar; no es incongruencia?
    Deberías criticar lo que verdaderamente es adverso para sacar del atolladero en que fueron metiendo a México sexenio tras sexenio, pero al parecer tienes un comportamiento muy mediocre y no tienes buenos cimientos de historia pues a estas alturas de tu vida te pones a investigar cómo fueron los gobiernos antes de Miguel de la Madrid para poder entender lo que dice AMLO. Y qué crees?, las familias la integrabamos varios hijos (desde 4 hasta 8 hermanos), el padre era el único que trabajaba y su salario daba para darle sustento a todos (en mi caso fuimos 9 hermanos y todos tuvimos las mismas oportunidades de estudio). Hoy en día las familias son de 2 ó máximo 4 integrantes y para salir adelante deben trabajar tanto el padre como la madre al igual que los hijos si viven con ellos.
    Ocurrencias? Por si no te hagas dado cuenta para un crecimiento de nación se requieren los combustibles para mover el mundo y si estos no son lo suficientemente accesibles en precio y producción, frenan el desarrollo de una nación. Había tal producción en los 70 y 80 que el precio del combustible era tan bajo que te podías dar el lujo de tener 2-3 autos, (la mayoría eran de 6 cilindros) y podías llenar el tanque cuántas veces fuera necesario. Se podría decir que había derroche. Hoy en día puedes darte ese lujo?
    Prácticamente la mayoría de las escuelas eran públicas y con el neoliberalismo el gobierno empezó hacer tan deficiente la educación que empezaron a crecer las escuelas privadas y le dieron en el traste a las públicas.
    Obviamente tu alcance de análisis está muy limitado. Criticas una alianza con los medios chayoteros y estás viendo que estos quisieran precisamente eso. Prácticamente están tronadas porque ya no es un medio preferente de comunicación. Fueron rebasados por las redes.
    Hay que darle tiempo al tiempo y ver si AMLO se hace acreedor al desapruebo de la nación.
    En las condiciones en que se encuentra el país aguanta tus mediocres críticas por lo menos un año.

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