Tenemos que hablar de la preocupante xenofobia (entre mexicanos) contra Yalitza Aparicio

Roma de Alfonso Cuarón está dominando la conversación en rumbo a la famosa Temporada de Premios de Hollywood por varios aspectos:

  • Es el regreso de un reconocido director, Alfonso Cuarón, que en las castas de la farándula logró dar el brinco de “visionario” (innovadores pero no a prueba de balas, en su etapa Children of Men) a ser toda una institución por diversos frentes, desde el cine de fantasía o ciencia ficción ligera, hasta dramas estremecedores.
  • Con el mundo a sus pies luego de Gravity, Cuarón decidió regresar a México para filmar una producción en una de las colonias más características de la CDMX: La Roma.
  • Roma, de la que virtualmente no se sabía mucho salvo que era de una familia -uhm- en La Roma, era una compra preciada en el circuito de festivales como Cannes o Tribeca.
  • Al final, Netflix ni siquiera esperó reacciones de los críticos o una corrida filmíca. La compraron en de una de esas adquisiciones récord que dejan cada vez más rezagados a distribuidores con sensibilidad indie como A24, Focus, Sony Classics o Fox Searchlight.
  • En Cannes, los directivos no dejaron a Roma ser parte de la competencia oficial.
  • Esto es por un debate alrededor al respeto de la institución del cine y cómo deben verse las películas.
  • Roma obtiene, de cualquier modo, reseñas sobresalientes por parte de críticos de todo el mundo y es ya una favorita para el Oscar.
  • Sin estrellas, ni siquiera para la escena mexicana, ligadas a la producción, Roma está logrando algo histórico.

Es así como la conversación llega al celebradísimo papel de la actriz mexicana Yalitza Aparicio, una desconocida que ha tenido una prensa internacional que cualquier interprete mexicano envidiaría. Al igual que Cuarón con Gravity, ella ahora tiene al mundo a sus pies.

Este ascenso meteórico en el perfil de Aparicio la llevó a las páginas de la edición mexicana de la revista Vanity Fair. Y llegó el racismo por parte de los mismos usuarios mexicanos de redes sociales, quienes no soportaron el alto perfil de esta joven actriz.

Citamos de La Opinión, algunas opiniones de  Eufrosina Mendoza, ex presidenta de la comisión indígena en la Cámara de Diputados y actual secretaria de Asuntos Indígenas en Oaxaca, acerca del tema:

Eufrosina, quien tuvo que luchar en su propio pueblo (Santa María Quiegolani) para que se le permitiera votar y ser votada como mujer, considera que en México no se ha logrado erradicar el racismo y la discriminación principalmente por tres asuntos: los estereotipos, la educación y las malas políticas (el presupuesto ronda los 19 millones de dólares anuales supuestamente para estos fines).

Cita por ejemplo: los programas de gobierno llevan el título  “asuntos indígenas”, en lugar de “desarrollo indígena”. Otro tema de lenguaje es el mote de “comunidades vulnerables” cuando lo que son pueblos “con falta de oportunidades”. Pero el peor de los fracasos de la política pública está en haber dejado a los medios de comunicación sin presiones para cambiar estereotipos de belleza.

“Hay cuotas de género y cuotas indígenas en el congreso porque sólo así se van abriendo las oportunidades, entonces, ¿por qué no tenemos los indígenas cuotas en la imagen que ofrecen los medios de comunicación y la publicidad?

Es así como Eufrosina pone en la mesa el tema de la asignatura pendiente por los medios generalistas, para dar representatividad a todos los tonos de piel y modos de vida que involucran a la cultura mexicana.

Vanity Fair se sumó a una campaña de temporada de premios para promocionar con glamour una película por parte de un estudio (Netflix) desesperado por su primer Oscar. El resultado fue interesante, si bien las razones detrás fueron poco nobles, pero la audiencia no estuvo lista.

Y los medios tenemos una deuda ahí.

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