Sobre el 12 de octubre y la identidad indígena

 

Regresar a casa es como abrazar a la madre que te recibe desde la puerta, lugar donde uno bordó sus primeros pasos, le fue sembrado el pensamiento, las manos callosas, los ojos rasgados, los pies color café y el alma lucero empapado de amaneceres. Regresar a casa es volver a andar los caminos donde uno aprendió a mirar al otro, a soñarse al infinito, a escucharse de sí mismo desde la boca de otros. Regresar con el alma llena de mariposas es como no haberse ido nunca porque para llegar lejos, uno necesita tener memoria y la memoria es ese recuerdo que uno lleva atado hasta la muerte.

Mi primera formación lo recibí en casa, allá entre la sombra de la toronja con una edad de aproximadamente 60 años. Ahí escuché los consejos de mi abuela y de mis tíos. Bajo ese techo de teja con paredes de carrizo tuve mi primer jalón de orejas para enderezar mi destino. Mi segunda casa fueron las montañas y las veredas recorridas durante dos años en CONAFE, donde conviví con sonrisas de la infancia, rostros de hombres y mujeres de tierra y viento. Tal vez mi tercera casa sea la universidad, lugar donde decidí tomar un camino distinto al campo. Donde a los veintitrés tomé una vereda llena de letras, de libros y de ideas que se van haciendo más propias y más concretas.

Dialogar con los hermanos de lenguas y pueblos distintos, de pensamientos y manos de semilla que luchan por construir a sus pueblos, por construirse a sí mismos como ciudadanos ilustres, me inyecta alegría y vida hacia mis andares. En el camino de la profesionalización muchos se darán cuenta de la importancia de sus culturas: la lengua, el pensamiento, las costumbres, la organización social, de justicia, las fiestas patronales, las comidas, los trajes, el respeto hacia uno, hacia el otro, hacia la naturaleza, los cuentos y los mitos, todo aquello que abona a nuestra identidad como seres únicos en esta tierra. Sin embargo, muchos de estos profesionistas comenzarán a olvidar a sus pueblos por tanto, a olvidarse de sí mismos, de su propia identidad como personas. Pero el pueblo nunca los olvidará a ellos porque los pueblos, siempre confían en su gente, esperan lo mejor de ellos sin importar si estos lo traicionen. Todas las culturas originarias defienden y seguirán defendiendo la parte más humana de esta naturaleza. Se seguirán construyendo como colectivo, seguirán levantado esa bandera llamado respeto. He ahí la razón del porqué nuestros rituales, todos, están vinculados a la naturaleza y por más que se les tache de profanos, éstas siguen vivas y seguirán por largos siglos. La gente tiene esperanza en los hijos del pueblo. Todo aquel que sale a prepararse fuera de las comunidades es hijo del pueblo. Por eso es necesario regresar a nuestro lugar de origen, a esos pueblos que han sido golpeados, violentados, castigados, perseguidos y alejados de las grandes propuestas de desarrollo urbano. Es necesario revindicar lo nuestro y lo nuestro es simplemente ser hombre de respeto ante el mundo.

Para entendernos tenemos que regresar a nuestra historia, a esa historia invisibilizada y no escrita en los libros de educación básica. Galeano nos los recuerda en uno de sus textos, lo que existe es una historia de machos (blancos) para los machos donde el papel de la mujer está totalmente invisibilizada cuando en América, durante la invasión europea, hubo grandes movilizaciones de mujeres de los pueblos originarios que lucharon por sus tierras, por sus hijos y por la vida. Sin embargo, estas vidas no fueron tomadas en cuenta dentro de la historia oficial por el simple hecho de ser mujeres o peor aún, por pertenecer a un pueblo originario, por ello, es necesario entender nuestra historia, del porqué de las cosas, quiénes lo proponen, si debemos o no intervenir en las decisiones hacia nuestro pueblos, nuestras lenguas. Es netamente necesario dialogar, preguntarnos: quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. En estos cuestionamientos es donde vamos a encontrar nuestra propia identidad. Una identidad colectiva o individual, el cual se define como: “la concepción y expresión que tiene cada persona acerca de su individualidad y acerca de su pertenencia o no a ciertos grupos. El rasgo que se considere decisivo para la formación de la identidad cambia según las culturas y periodos históricos”. José del Val define a la identidad como un atributo de la persona y de todo grupo humano dado que es “condición misma de su humanidad (por tanto), no existe individuo o grupo sin identidad… la identidad es una resultante compleja de situaciones históricas y valoraciones subjetivas, no es un dato inequívoco y comprobable”.

A partir del siglo XIX y XX, en distintas naciones como España, Estados Unidos, México, Argentina y demás países americanos se propuso conmemorar la llegada de los españoles a tierras americanas que tuvo lugar en 1492. Algunos de los nombres por tal festejo son: Descubrimiento de América, Día de la Raza, Encuentro de Dos Mundos, Día de la Hispanidad, Columbus Day, entre otras. Estos conceptos y celebraciones fueron propuestos por los gobiernos e intelectuales mestizos sin tomar en cuentan el consentimiento ni la voz de los pueblos originarios, ignorando las cicatrices aun vivas en millones de personas que viven desde el norte de México hasta el sur de Chile y Argentina. Decir descubrimiento implica muchas cosas, la realidad es que nosotros nunca fuimos descubiertos, nuestros antepasados llevaban más de cinco mil años de civilización en estas tierras. Galeano nos lo vuelve a recordar:

“En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja.”

Entonces ¿necesitábamos en verdad ser descubiertos para después ser saqueados, asesinados, esclavizados, quemados en la hoguera, contagiados de enfermedades y más? Para los gobiernos mestizos, todo fue necesario para llegar a donde estamos. Y la pregunta entonces ¿En dónde estamos? En una “civilización” que ha alcanzado cosas interesantes en cuanto a desarrollo tecnológico, científico, biológico, educativo y artístico. Pero también en una sociedad llena de racismo, machismo, discriminación, corrupción, narcoviolencia, feminicidios, despojo de tierras por empresas mineras y más. En donde nuestro medio ambiente está cada vez más en decadencia, y por feo que se escuche, es en  los pueblos originarios en donde hay más salud ambiental: ríos y aire limpios, aves, mariposas, grandes valores de respeto, sin olvidar el alto índice de analfabetismo, pobreza extrema y muertes infantiles. De este colonialismo nacen la palabra indio e indígena para clasificar a los que no eran blancos y no creían en la religión católica. Aquí nace una lengua y un pensamiento hegemonizante. La palabra “indio” en México como en otros países, se ha usado para minorizar a la gente por su condición de pobre, de malos modales, incivilizado, idiota, tonto, bueno para nada, pendejo y así una lista de significados clasicistas, despectivos y racistas. Sin embargo el término indio y de acuerdo con Elena Yásnaya Aguilar Gil viene:

del sánscrito “sindhu”, la palabra pasó al persa como “hindush”, al griego como “indós”, y de ahí al latín “indus”, y luego al castellano ya convertida en “indo”. El nombre de este río se relaciona también con la región que conocemos como India y después, mediante una historia de confusiones geográficas escuchada ya demasiadas veces, el gentilicio “indio” terminó siendo utilizado para nombrar a los integrantes de un conjunto de pueblos que habitaban el continente americano a la llegada de los colonizadores europeos.

Del término indio nació la palabra indígena que significa: originario de, sin embargo, en su aplicación y significado real en la vida cotidiana, está relacionada con algo peyorativo y solo se aplica para la gente que habla alguna lengua originaria. Tal vez sea el caso de los aztecas que dentro de la historia se habla de Cuauhtémoc, Nezahuacóyotl, Tlacaélel y otros personajes que se ubican en la historia prehispánica. Entendiéndose prehispánica como antes de la llegada de los europeos, porque después vino la invasión y el saqueo a estas tierras. Me acuerdo ahora de la lengua  de Xun Betan, escritor tsotsil quien desde sus primeros años de estudio amó a la historia y el glorioso pasado de los mayas. Después de estudiarlos, descubrió que él era maya. Que los tsotsiles, los tzeltales, tojolabales, zoques, mames, ch’oles y demás pueblos con los que convivió eran mayas. A mí me pasó algo similar, desde mis primeras lecturas amé el pasado de los aztecas, la labor de Nezahualcóyotl como arquitecto, poeta y sobre todo, un gran político a quien se le consideró Rey Nezahualcóyotl. Después supe que ellos hablaban náhuatl, yo también hablaba pero no entendía esta relación entre los aztecas y nosotros los nahuahablantes de este tiempo, porque fuera de nuestras comunidades se nos conocía como “indígenas” o en todo caso mexicaneros. Más tarde entendí que nuestro origen, que esa semilla y ese pensamiento sembrado en nosotros venían de nuestros abuelos, nuestros tatarabuelos quienes huyeron de las bayonetas, las espadas, las botas y los caballos, todo para no ser exterminados, para salvar esa identidad propia que ahora somos nosotros. Hasta aquí entendí que el caso de los aztecas es el mismo de los tuun savi (mixtecos), tutunakú (totonaco), wixarikas (huicholes), binii’za (zapotecos), ñonmda (amuzgos), me’phaa (tlapeneco) y así todas las culturas originarias que antes de la llegada de los europeos éramos más de 100 existentes en el país hoy llamado México, de los cuales solo quedan 68, 69 con el español, por lo tanto, representamos un 13% de la población total con una cantidad de 25 millones de personas según datos del INALI. De los idiomas nacionales muchos se siguen considerando como dialectos por desconocer el significado entre lengua, idioma y dialecto. En el estado de Guerrero se hablaron 22 idiomas que representaba cada una, una cultura propia. Tiempo después solo se registraron 11 pueblos. Actualmente solo 4: me’phaa, tuun savi, ñonmda y nahua. Tan solo en Guerrero somos cerca de 600 mil hablantes aproximadamente: 230 000 nahuas, 167 000 tuun savi, 130 000 me’phaas y 57 000 ñonmdas. Toda esta historia, todas esas lenguas, los pueblos rebeldes, triunfadores y aniquilados, toda esa filosofía propia, creencias, formas de vida, color de la ropa, de la tierra, pero sobre todo el idioma que aún conservamos, es lo que nos hace distintos ante el mundo, nos da identidad como seres de respeto.

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Conferencia titulada ¿Qué es la identidad indígena? impartida el día 12 de octubre de 2018 en el auditorio de la Universidad Autónoma de Guerrero.

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