Nuevo congreso, nuevo Trump

Por  José Eduardo Múzquiz Loya

Las intermedias de Estados Unidos son una elección que debería importarle a cualquier persona, porque el resultado del conteo final puede traducirse en un airstrike desde un dron en Afganistán o Libia o un grado más de calentamiento global dentro de 15 años. Lo interesante fue que, si bien no se dio la blue wave – oleada azul – que esperaban los demócratas, si hubo ganancias considerables, tanto electorales como simbólicas para el lado azul. Especialmente interesante, lo obtenido por el ala progresista: los demócratas socialistas.

Al finalizar las elecciones de 2016, el 11 de noviembre de ese año, el partido republicano tenía el poder de la presidencia y de ambas cámaras legislativas, de forma que los republicanos concentraban podían actuar con relativa facilidad, votando con mayoría para llevar a cabo su agenda.

Luego de dos años y con una votación inmensa para una elección intermedia, los resultados fueron los siguientes. La House of Representatives (algo así como la Cámara de Diputados), fue ganada por los demócratas, mientras los republicanos mantuvieron el Senado. El Senado le da a Trump la capacidad de hacer nombramientos con relativa facilidad, mientras la House le da a los demócratas el control de la agenda legislativa y capacidades investigativas en contra de la administración. Esto tiene asustado al presidente, quien ha dicho que si los demócratas lo investigan el tendrá una respuesta “cuasibelica”.

Además, esto refleja la misma tendencia del sistema electoral que vimos en 2016. Los demócratas se llevaron la mayor parte de los votos, aunque el sistema federal mantiene a los republicanos a flote. El Senado representa a los estados, mientras la House representa a la población.

Era un resultado predecible, el partido opositor suele ganar en las intermedias, pues la elección presidencial genera altas expectativas para el ejecutivo entrante, lo que acaba por reflejarse en un inevitable desencanto por parte de un sector del electorado.  Además, para los demócratas la lucha por el senado era una partida defensiva: la mayor parte de los asientos en disputa estaban en su poder y el mejor escenario era no perderlos.

Regresando a los demócratas socialistas, hubo algunas ganancias interesantes.  Alexandria Ocasio-Cortez, nativa del Bronx y de familia puertorriqueña, ganó su elección para convertirse en la congresista más joven de la historia. Ilhan Omar se convirtió en la primera refugiada, la primera musulmana y la primera hijabi en ser electa para el congreso. Por otro lado, Colorado eligió al primer gobernador gay en el país, Jared Polis.

Hubo otras races (carreras, les dicen allá) que fueron especialmente cerradas, notoriamente la del Senado en Texas, con el demócrata Beto O’Rourke; la gubernatura de Georgia con Stacy Abrahams y laFl de orida con Andrew Gillum.  El primero, texano progresista, joven y rockero, le saco un susto a Ted Cruz en un estado tradicionalmente republicano. Los segundos dos son aún candidatos afroamericanos a gobernadores cuyo conteo de votos está tan cerrado que es probable un recuento.

Ante estos resultados, la reacción de Trump ha sido estrepitosa y negativa El presidente se mueve de un lado al otro en las entrevistas. En su cara es posible ver el descontento. Está más agresivo y errático. El día después de las elecciones, comenzamos a ver esta nueva faceta – más intensa – de Trump.

La primera señal fue la salida de Jeff Sessions del gabinete. El exsenador por Alabama dese el inicio de su mandato como Procurador General se declaró incompetente para darle seguimiento a la investigación sobre la intervención rusa en las elecciones de EEUU, llamada Russia Investigation simplemente por haber formado parte de la campaña que es objeto dicho proceso.

En la conferencia de prensa luego de que Sessions presentó su renuncia a petición del presidente, el corresponsal de CNN en la Casa Blanca, Jim Acosta le hizo una pregunta a Trump con respecto al nombramiento de Matthew Withaker, como procurador interino. Se trata de un empleado del Departamento de Justicia que propuso en un programa de CNN que el presidente podía cortarle los fondos a la investigación de sin despedir al detective en jefe, Robert Mueller.

Trump se atropelló para decirle a Acosta que CNN era una basura y que deberían estar avergonzados de que alguien como el fuera el corresponsal. En ese momento, una interna de la Casa Blanca se acercó a quitarle el micrófono a Acosta, quién se resiste alejando la mano de la muchacha con su antebrazo.

Otra parte de esta nueva actitud es adivinable en el modo en el que el incidente con Acosta es la forma en que lo manejó la vocera de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders. En un uso torpe del arte obscuro de las Fake News, Huckabee compartió un video editado por una página de noticias sensacionalistas de la ahora llamada “interacción” entre ambas personas. Este eufemismo, representa el operar de la alquimia falsonotícica: lo que pasó está en disputa, aunque esté en video.  Googlée “Jim Acosta Intern Video” y véalo usted misma.

Este es el niño-hombre Trump asustado de perder el poder.  Podemos esperar en los siguientes dos años movimientos más abiertamente agresivos. El grado en el que esto se dé definirá la historia de los próximos veinte años. Michael Moore, cineasta norteamericano originario de Flint, Michigan, ha dicho que teme que Trump se convierta en un dictador que destruya la democracia norteamericana. Recordemos que el fue de los primeros en decir que Trump ganaría. Si bien el debilitamiento de Estados Unidos puede ser leído con esperanza desde ciertas narrativas antimperialistas lo cierto es que las caídas de los titanes suelen ser estrepitosas. Aquí es cuando deja de ser chistoso (aunque hemos estado ahí muchas veces con Donald), porque el autoritarismo comienza a ser más abierto.

@joseemuzquiz


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