Hacia una Ciencia y Tecnología de la Liberación

Una breve introducción.

Bajo el concepto de Ciencia Comunitaria he venido desarrollando con diversas compañeras y compañeros un proyecto en colectivo llamado Alterius, con el cual hemos explorado algunas de las rutas posibles para hacer investigación científica sin recursos públicos y sin inversiones de capital privado. La idea desde un principio fue poner a prueba la posibilidad de montar laboratorios autónomos apoyados por una red tejida con diversas comunidades que confrontan al poder dominante en varias formas.

Con esta serie de textos que iré entregando semanalmente en esta sección de Tercera Vía, busco desarrollar conceptualmente una propuesta que desde ahora podríamos llamar “Ciencia y Tecnología de la Liberación”. El nombre apunta a una postura política que tiene como sujeto fundamental a las comunidades marginadas pero no debe pensarse necesariamente desde la tradición de la Teología o la Filosofía de la Liberación.

Se trata de una propuesta que surge de un caminar lento pero constante desde el año 2013, fecha en la que renuncié al programa doctoral en el área de Ciencias Biológicas y de la Salud, que se imparte en la Universidad Autónoma Metropolitana, y que abandoné definitivamente mis labores de investigación y docencia en los espacios académicos convencionales.

Si bien “Ciencia y Tecnología de la Liberación” suena pretencioso, más que lanzar una respuesta estándar busco sentar algunas de las bases de una ciencia hecha por las comunidades para desarrollar tecnologías que les permitan confrontar la guerra sistemática de la que son objeto. Ya no sólo aplicando saberes ancestrales en procesos de producción agrícola, construcción de viviendas, sistemas locales de salud y otras demandas mínimas para la vida en comunidad, sino también incorporando las herramientas STEM para potenciar el desarrollo de estas tareas de manera local, fortalecer procesos de resistencia (por ejemplo dotar de tecnologías de comunicación eficientes a las llamadas autodefensas; creación de redes digitales autónomas y descentralizadas) y conectar sus experiencias a nivel global por medio del Internet (en particular resulta interesante la potencia del Internet de las Cosas).

Una mención especial merece el llamado a profundizar en los efectos positivos del hackeo en todos sus niveles, ya sea en mecanismos de seguridad, liberación y compartición de información e incluso para desarrollar nuevas formas de financiamiento y en casos de extrema urgencia atacar sistemas gestionados desde las estructuras de dominación.

En cualquier caso, debemos partir de un análisis mínimo sobre el estado actual de la Ciencia, una revisión crítica de lo que hemos llamado “comunidad científica” y un recorrido por las respuestas que han surgido en todo el mundo y que podríamos denominar como Ciencias Libres.

Los miedos de la Comunidad Científica

Podríamos partir de una hipótesis arriesgada que nos de una explicación sobre el escenario actual de la comunidad científica.  Me atrevo a proponer que el miedo a la extinción de la especie es el equivalente social a la pulsión de muerte del individuo y a mí entender la angustia descontrolada que se gestó desde el momento en el que comprendimos la insignificancia de lo humano, sentó las bases para la consolidación del sistema de dominación racionalista. Todo indica que la comunidad científica actual está montada en la política esquizofrénica que busca a toda costa la permanencia cósmica 1Para una revisión amplia de la evolución del actual sistema de control global, conviene revisar los textos sobre la Civilización Capitalista de Abdullah Öcalan, filósofo y uno de los líderes emblemáticos de la resistencia kurda.

El desarrollo tecnológico se apuntala fundamentalmente desde la pretendida superación de la condición humana en la Tierra, los grandes presupuestos de la Ciencia moderna no se destinan a la solución de los problemas ambientales porque existe claridad en la imposible tarea que resulta si se pretende frenar la devastación orgánica. Acelerada o no, el fin de la humanidad en el planeta tierra es imparable. Lo urgente entonces es la sustitución de lo que nos hace débiles frente a ese escenario magnánimo: Desarrollo militar, robótica e inteligencia artificial, diseño genético y ciencia espacial, todas estas áreas pertenecen al mismo relato y buscan el mismo fin; la destrucción de lo comunitario.

De hecho, resulta un tanto paradójico que la comunidad científica goce de tan buena salud en tiempos donde el sistema político busca anular todo lo común. Siguiendo al filósofo coreano Byung-Chul Han 2Byung-Chul Han 2017. La sociedad del cansancio (2a Edición. Editorial Herder., lo común no podría ser más que un enemigo de la sociedad del rendimiento. Dicha sociedad, basada en la competencia, tiembla ante la cooperación. Pero gracias a los grandes centros de investigación, vemos como la cooperación y la comunidad es aceptada cuando se dirigen hacia la concentración de poder y la acumulación material.

Debido al control político de la investigación científica, ésta goza de una mala fama entre muchas de las respuestas actuales a la crisis humana (que es a la vez social y ambiental) por eso conviene hacer desde un principio una distinción importante sobre el quehacer científico. Podemos pensar la ciencia como una de las múltiples formas que el Homo sapiens se ha dado para explorar la realidad. Quizá sea la más potente y la que permite extraerle mayor información y transformarla, pero sigue siendo eso, una de las tantas formas que tenemos de explorar nuestro entorno. Dependiendo de los objetivos de dicha exploración, las artes y la magia pueden ser otras formas y, siguiendo las sabias palabras del gran neurobiólogo Francisco Varela 3Un primer acercamiento al pensamiento de Varela puede darse a través del documental de Franz Reichle titulado “Monte grande: ¿Qué es la Vida?” ., el conocimiento que se derivan de cada una de estas rutas de exploración y aprendizaje son igualmente válidas dependiendo del sujeto explorador.


De la Comunidad Científica a las Científicas Comunitarias.

Esta postura crítica frente al sistema montado por la comunidad científica, que iremos desarrollando conforme avanzan los textos, pone a quienes nos denominamos científicas comunitarias en una especie de limbo difícil de sortear. Por un lado, buscamos establecer contacto en espacios que miran con recelo los avances tecnológicos y se apartan de la visión epistemicida de la ciencia tradicional pero a la vez creemos que podemos encontrar aliadas en los espacios que le dan vida a esa misma tradición.

En diversos foros hemos informado sobre los diversos esfuerzos por hacer Otra Ciencia, lanzamos críticas sobre el sistema académico tradicional y tratamos de explicar que sin el desarrollo de tecnología de código abierto sería imposible hacer una Ciencia radicalmente distinta, pero igualmente válida a la convencional por el rigor de sus métodos. Pero nuestra propuesta en ocasiones ha sido rechazada porque aunque señala importantes fallas en el sistema tradicional tampoco está lo suficientemente consolidada para representar una alternativa viable para quienes no pudieron encontrar espacios laborales en centros de investigación.

Se nos ha criticado porque supuestamente no sabemos distinguir entre Ciencia y Tecnología, ya que en lugar de hablar sobre temas científicos concretos, nos hemos decantado por mostrar las implicaciones del uso de plataformas poco conocidas en nuestro país para desarrollar tecnología libre en comunidad.

Mostrando la DataPlantik

Sin lugar a dudas el foro más importante que hemos pisado con nuestra propuesta es el convocado por las comunidades autónomas de Chiapas, bajo el nombre “Los zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”. En ese foro sin duda contactamos a un nivel profundo con las bases zapatistas que nos escucharon, quienes por lo que he sabido nos recuerdan como los Frankesteins 4En referencia a la plática de mi compañero Iván Domenzain del Castillo titulada “Los Frankensteins también siembran”, donde hizo una formidable analogía desde el relato de Mary Shelley y la recuperación de los corazones (emociones) en los científicos comunitarios., pero para algunos de los científicos ahí reunidos era difícil aceptar que ya había un esfuerzo organizado de investigadoras con sólida formación académica intentando un proyecto de ciencias autónomo y autogestionado. Sin entrar en el terreno de las especulaciones, el hecho es que dejamos de ser consideradas en la iniciativa zapatista y eso nos llevo a una crisis interna que restó impulso a nuestro trabajo.

Sin embargo, esto no nos detuvo. Otras integrantes del colectivo, están llevando los talleres y la tecnología libre a otros espacios comunitarios, como el CESDER en la Sierra Norte de Puebla, la periferia de la UAM Iztapalapa y una compañera se mantiene apoyando algunos de los procesos de investigación autónoma que se derivaron del ConCiencias por la Humanidad. Además, mantenemos las labores de divulgación por medio de la sección #VíaFutura de este medio de comunicación y construimos nuestras propias plataformas virtuales, incluyendo una página web y una página en Facebook que incluye una comunidad de más de 250 mil seguidores.

Hemos replicado nuestros talleres en diversos espacios públicos y organizado decenas de conversatorios sobre variados temas científicos. Todo esto resultado de un esfuerzo bastante digno y totalmente voluntario, soportado por una comunidad que poco a poco se suma en apoyo de nuestra propuesta. Mención especial merece la integración de una Red Latinoamericana por los Saberes y las Ciencias Comunitarias que actualmente conecta proyectos de Colombia, Brasil y México.

Por mi parte, interesado en aclarar la respuesta de las comunidades zapatistas he viajado desde entonces hacia el Sur y si bien no he intentado entrar en contacto con ellas, esto dejo de ser relevante cuando en el proceso me acerqué a un Hogar Comunitario llamado Yach’il Antzetic, un proyecto hecho por mujeres para apoyar a otras mujeres que pasan por embarazos no planeados e impartí junto a mis compañeras algunos talleres de tecnología de código abierto aplicada a la investigación agroecológica. En Yach’il, además de hacer divulgación científica para niñas y niños, hemos apoyado en labores agrícolas, producción de hongos zeta y recuperado viejas computadoras para iniciar un proyecto de educación libre, basados en los principios del proyecto “agujero en la pared” de Sugata Mitra.

Conflictos de la Ciencia Comunitaria: Inmediatez, competencia y sobreexigencia.

Sin embargo, la tarea no ha sido sencilla y a pesar de las cosas positivas, para seguir caminando debemos aceptar que los objetivos principales del proyecto no han sido del todo cumplidos. Entre algunos de los problemas que no hemos podido sortear, se encuentra la falta de una propuesta teórica sólida que permita resolver conflictos de organización, expandir la idea y convocar a más personas interesadas en nuestro proyecto.

Si bien se han dado diversas reflexiones a lo largo de estos tres años, la experiencia que hemos sumado en nuestro caminar permite hacer un balance para rescatar lo poco que se ha hecho bien y resolver las cuantiosas fallas que hemos tenido.

Una constante en el primer acercamiento a un esfuerzo como el nuestro, es la prisa por hacer investigación. La cuál además carece de puntos de partida propios. Por lo general lo que he observado en quienes deciden intentar una nueva forma de hacer ciencia, es la perpetuidad de un sistema basado en la competencia y una sobreexigencia para obtener resultados rápidos. La prisa es consecuencia de las condiciones que las y los investigadores convencionales deben soportar frente a un sistema productivista como el que fomentan las Universidades y los centros de investigación apoyados por Conacyt.

Ese ritmo de trabajo tiene sentido cuando lo que se busca es competir por patentes o apoyos económicos, pero no para resolver problemas concretos. Como he comentado en diferentes foros, basta observar las condiciones de vida en las calles aledañas a los espacios universitarios para notar la distancia entre investigación y aplicación, y la desconexión de los y las investigadoras frente a los problemas de lo que debería ser su comunidad. Un ejemplo simple pero ilustrativo es lo que sucede en la periferia de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa, donde se vive desde hace décadas un grave problema de escasés de agua potable y al mismo tiempo se producen constantes inundaciones en época de lluvias.

Exceso y falta de agua, en una ecuación que debería ser simple de resolver si existiera la voluntad de hacerlo. Pero lo que en realidad tenemos es una comunidad enferma que compite por reconocimiento y se aplaude a sí misma cuando logra un pequeño espacio en las revistas indexadas. Si bien esto es valioso, no se considera que por lo general dichas revistas soportan una visión particular de la investigación científica y valoran la producción de cierto tipo de conocimiento que fortalece un sistema que por lo general impacta de forma negativa a los pueblos. ¿O acaso hay quién piensa que el desarrollo armamentístico surge de una necesidad que no sea la de mantener la dominación territorial, con el despojo, el desplazamiento y la devastación ecológica que esto implica? ¿No se observa que los avances biomédicos por lo general se traducen en fármacos de patente o terapias que pueden ser aplicadas a unos cuantos? ¿Que las tecnologías de remediación ambiental palidecen frente a la dinámica de producción neoliberal, que es a la vez lo que marca el ritmo acelerado en la degradación ecológica?

Para un relato amplio sobre este tema, se puede revisar la notable crítica de la filósofa italiana Rosi Braidotti sobre el desarrollo tecnológico de los países que concentran la mayor parte del poder político global 5Rosi Braidotti 2015. Lo Posthumano Editorial GEDISA.. Para nadie debería resultar extraño que la mayor parte de las innovaciones tecnológicas partan de la carrera bélica pero cuando se valora a la Ciencia en su conjunto suele hacerse desde una posición romántica en la que se descargan las esperanzas futuras, sin observar que efectivamente la mayor parte de los problemas que ponen en entredicho la continuidad de la especie, surgen precisamente de las mentes y laboratorios más reconocidos del mundo. Entonces uno puede preguntarse si cuando en la Marcha por la Ciencia los jóvenes estudiantes levantan pancartas con la consigna “Sin Ciencia no hay futuro” están conscientes de que sería igualmente válido señalar que “El futuro está en riesgo por la Ciencia”; cuando menos por una Ciencia mal encaminada.

La siguiente pregunta sería entonces ¿Hay otras respuestas para afrontar lo que nos depara el futuro? Si bien siendo realistas habría que ser pesimistas, encontramos propuestas que producen un nivel de esperanza sensato. Y en este sentido cabe asegurar que nada como la organización autónoma de los pueblos originarios está dando una batalla tan concreta y efectiva contra las políticas ecocidas 6Notarán que he decidido partir de la crisis ambiental como punto central en estas reflexiones. En primer lugar me parece adecuado sacar del centro del debate las condiciones sociales y económicas para intentar superar la mirada antropocéntrica persistente en la filosofía de la ciencias y en segundo plano, no por eso menos importante, partir de la crisis de la biósfera nos obliga a trabajar una mirada intersubjetiva con otras formas de vida. Parto de una convicción simple pero pocas veces advertida por quienes buscan salidas a ambas crisis, la de que las condiciones básicas sobre las cuales se pueden establecer sociedades sanas sólo pueden darse en un entorno ecológicamente sustentable. por lo que cabe imaginar novedosas estrategias si sumamos a esas respuestas comunitarias la creatividad, el rigor y el potencial transformador que aporta el método científico.

Para lograrlo se requiere de un diálogo auténtico, no simulado ni condicionado por alguna de sus partes. La propia Braidotti señala una ruta cuando dice que para encontrar una caja de resonancia entre dos comunidades aparentemente dispares 7Aunque ella se refiere al diálogo entre ciencias humanas y ciencias naturales, sin duda podemos extrapolar su idea al diálogo necesario entre comunidades originarias y la comunidad científica para el desarrollo de nuestra propuesta “necesitamos insistir en la cultura del respeto mutuo” 4.

Es esta cultura la que pienso apuntalar en esta serie de textos que si logran su objetivo, señalarán puntos frágiles, muchas veces contradictorios, en ambas direcciones; la de la investigación científica convencional y las respuestas de orden ecologista que rechazan toda aportación de la ciencia hegemónica. Si la tarea conduce a buen puerto, obtendremos una ruta conciliadora entre ambas visiones y señalaremos los siguientes pasos para su consolidación.

Texto: Jesús Vergara-Huerta
Fotografías: Lorena Magdaleno

El presente texto corresponde a una serie de reflexiones sobre el quehacer de un científico independiente que, junto a un grupo de colegas especialistas en diversas áreas, se ha dado a la tarea de proponer un nuevo paradigma en la forma de hacer investigación. Las entregas al respecto podrán consultarse semanalmente en la sección VíaFutura de Tercera Vía y en la página del Colectivo de Ciencias Comunitarias ALTERIUS.


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Referencias   [ + ]

1. Para una revisión amplia de la evolución del actual sistema de control global, conviene revisar los textos sobre la Civilización Capitalista de Abdullah Öcalan, filósofo y uno de los líderes emblemáticos de la resistencia kurda
2. Byung-Chul Han 2017. La sociedad del cansancio (2a Edición. Editorial Herder.
3. Un primer acercamiento al pensamiento de Varela puede darse a través del documental de Franz Reichle titulado “Monte grande: ¿Qué es la Vida?” .
4. En referencia a la plática de mi compañero Iván Domenzain del Castillo titulada “Los Frankensteins también siembran”, donde hizo una formidable analogía desde el relato de Mary Shelley y la recuperación de los corazones (emociones) en los científicos comunitarios.
5. Rosi Braidotti 2015. Lo Posthumano Editorial GEDISA.
6. Notarán que he decidido partir de la crisis ambiental como punto central en estas reflexiones. En primer lugar me parece adecuado sacar del centro del debate las condiciones sociales y económicas para intentar superar la mirada antropocéntrica persistente en la filosofía de la ciencias y en segundo plano, no por eso menos importante, partir de la crisis de la biósfera nos obliga a trabajar una mirada intersubjetiva con otras formas de vida. Parto de una convicción simple pero pocas veces advertida por quienes buscan salidas a ambas crisis, la de que las condiciones básicas sobre las cuales se pueden establecer sociedades sanas sólo pueden darse en un entorno ecológicamente sustentable.
7. Aunque ella se refiere al diálogo entre ciencias humanas y ciencias naturales, sin duda podemos extrapolar su idea al diálogo necesario entre comunidades originarias y la comunidad científica para el desarrollo de nuestra propuesta
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