“La mayor enfermedad de la poesía fue, es y será Alejandra Pizarnik”: Nicolás Fiks en entrevista

Por Carlos Castorena

El mundo se contenta con sus poetas,  nadie los escucha pero a nadie le importa. Suponen que son unos bichos raros que le cantan a la vida y lanzan flores al amor. Entonces aparecen esos oscuros magos  que le escupen al mundo.

La poesía de estos últimos magos es para el hastío de la existencia, su filosofía es un grito de rabia contra el sinsentido de una ruleta eterna de calamidad que no va a ninguna parte. Vomitan sobre la masa amorfa en que se ha convertido la humanidad, con la esperanza (y esa palabra es extraña de usar) de tocar algo, lo que quede,  de humanidad, alguien que pueda sentir empatía, que pueda ver el mundo desde el más hondo gris y no cierre los ojos ante la calamidad.

Así es el poeta Nicolás Fiks (Buenos Aires, Argentina, 1978) quien estará  presente en la FIL de El Zócalo 2018 en la Ciudad de México promocionando su nuevo libro EL paraíso de los sádicos, el cual  podrán encontrarlo desde el  sábado 13 de octubre apartir de las 12 en el stand de la Editorial Dark &  Glow  Press.

Conversamos en exclusiva con el autor argentino sobre su libro Muerte por hambre (México,  Camelot América, 2018) y la visión más nihilista de la poesía.

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Tu poemario recuerda mucho a la forma en que los clásicos Helénicos exponían sus tesis filosóficas, ¿Estarías de acuerdo en que más que un poemario es una exposición filosófica?

La comparación es muy feliz. De alguna forma me siento muy allegado a los clásicos que exponían sus tesis en foros, escuelas o simplemente en la calle. Me gusta Aristipo, Pirron, por supuesto toda la escuela cínica: Diogenes y Antistene. Creo que los escritores deberían alejarse de todo el acartonamiento moderno, de toda esa postura asquerosa de “literato comprometido con las formas” y declamar sus verdades de manera mas agresiva, mas directa. Me gustan los terroristas escritores, tipo el Che o Paco Urondo, incluso el emperador Marco Aurelio, quienes mientras mataban personas escribían sus verdades. Eso es una exposición filosófica, cuando latís junto a tus emociones y haces de tu vida una obra de arte. Wilde podría ser otro ejemplo. Los escritores actuales me parecen unos imbéciles.

Me gustan los terroristas escritores, tipo el Che o Paco Urondo

¿Por qué es importante Mainländer en tu poesía y Por qué sería importante leer a Mainläder en nuestra época?

Mainlander, luego de Hegesias de Cirene, es sin lugar a dudas mi clara influencia en este libro. De Hegesias apenas hay fragmentos, Cioran lo cita, Papini también… en cambio sobre el Gran Philips Batz, quien únicamente es citado por el mas grande de todos, Borges, pesa un silencio harto injusto. De hecho Nietszche tomo su frase “Dios ha muerto” de un texto de Mainlander, y toda la filosofía nihilista, de los márgenes, se ha basado en él (Caraco, Cioran, Papini antes de su conversión al Catolicismo). Sería interesante que tus lectores buscasen el libro Filosofía de la Redención de Mainlander y saquen sus conclusiones. Existe una excelente traducción al español de la profesora chilena Sandra Vaquer y otra del catedrático español Manuel Pérez Cornejo, quien tuvo el gesto de prologar mi obra.

Mainlander es importante para aquellos que se sienten derrotados y fracasados, es decir la mayoría; no es un paliativo, no te ayudará a vivir sino que te ayudará a morir. Mainlander y espero que mi libro Muerte por hambre sean el camino armonioso y literario para aquellos que rechazan la vida.

¿Qué relevancia tiene el Nihilismo en esta época?

Ninguna. Es una mera afectación literaria. El verdadero nihilista destruye y se destruye de facto, no en meras teorías o ensayos como el viejo pajero de Savater. Considero más nihilista a Jefrey Dahmer o El Caníbal de la Guerrero ( que por cierto era un excelente poeta) que a cualquier escritor que haga apreciaciones mas o menos interesantes sobre el tema. La decisión de mi suicidio junto a mi mujer es nihilismo, lo otro es literatura: un oficio de esclavos.

¿Consideras, como Sartre, que “el infierno está en los demás”?

La gente es horrorosa, un auténtico cáncer para todas las especies. Los demás me resultan vomitivos en el mejor de los casos: si tuviese impunidad seria sin dudas un genocida. Mi admiración  a los tiranos es emotiva: desde Pol Pot hasta Kadafi y por que no Bush? Todo lo que vaya contra el género humano me es querido. Debo hacer grandes esfuerzos para no desmayarme del asco cuando estoy en medio de la gente… eso es algo que no se cura ni con un libro ni con éxito o dinero. Se cura con la muerte.

¿Para qué escribir un libro como  “Muerte por Hambre”?

Para dejar un legado a los nuevos hermanos que aparezcan en este camino. Para dejar un precedente. Espero estar a la altura de los grandes maestros que rechazaban la vida (desde los filósofos antiguos hasta los cataros) y que alguien algún día continúe con este tipo de textos, con esta ideología,y que la Historia quizás pueda conocer que no todos estamos agradecidos de vivir. Algunos hermanos mueren en la soledad de una habitación o en las sombras de la locura: para todos ellos, para la gente que necesita el aliento final para terminar, escribo. Los editores me importan una mierda. Y el público en general también.

¿Se puede decir qué eres un poeta que prioriza la idea sobre la forma?

Gracias por el cumplido de llamarme poeta. Creo que sí. Ciertamente corrijo y pulo mis textos, quizás con menos exactitud de lo que quisiera, pero la idea siempre debe prevalecer. Elegir prosa o verso es anecdótico, hasta incluso ingenuo. Uno vomita lo que siente, el resto son reglamentaciones de profesores.

 

¿Ser un poeta que no habla sobre lo típicamente llamado bello, o amoroso, ha sido un impedimento para encontrar lectores?

Nunca me intereso en encontrar lectores. Mi mujer era mi lectora. Con ella me es suficiente. Aunque si encuentro lectores que financien mi casa con alberca en Playa del Carmen, estaría muy agradecido

¿Cuál crees que es la mayor enfermedad de la poesía de nuestro tiempo?

La mayor enfermedad de la poesía fue, es y será Alejandra Pizarnik.


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