El miedo a la escasez del agua en la Ciudad de México: ¿Cuánta agua tenemos, cuánta agua nos toca?

En el transcurso de casi treinta años, después de la creación de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) en 1989, la situación hídrica en el país se ha complejizado tanto en relación al crecimiento de las ciudades y desarrollo de los sectores productivos, de la contaminación de cuerpos de agua, del reconocimiento al derecho humano al agua y saneamiento, que resulta inconcebible que se continúe priorizando la disponibilidad del recurso y su aprovechamiento. La política hídrica nacional está centrada en administrar el agua para distribuirla entre los múltiples usos. Como si la gestión se tratara de cuánta agua tenemos para saber cuánta agua nos toca. Y no es que no importe el tema de la disponibilidad hídrica, sino que ésta excesiva preocupación por parte de la CONAGUA manda mensajes contradictorios a la ciudadanía, que la institución señala corresponsable en el cuidado del agua.

Por un lado, se coloca públicamente el tema de la administración de la disponibilidad del agua sin la suficiente claridad desde dónde parten las acciones de gestión, es decir abundancia o escasez hídrica. Y aunque resulte muy tentador responder a quemarropa que son acciones desde la situación de escasez hídrica por la que atraviesa el país entonces, ¿por qué la atención sigue siendo cómo se distribuye el agua entre los múltiples usos como si se tratara de gestionar la abundancia hídrica? en lugar de ¿cómo sanear el agua para uso potable y reutilizar las aguas residuales para un segundo y tercer aprovechamiento?

Por otro lado, se sobredimensiona el problema de la escasez del agua y se proyecta a la ciudadanía la responsabilidad de su cuidado reducido a cerrar el grifo y a pagar el recibo por los servicios correspondientes, como lo plantea Karina Kloster, profesora de la UACM. Es así que el SACMEX propone incisivamente que un mejor uso del agua por parte de los ciudadanos constituye un pilar para resolver la crisis del agua en la ciudad. Sin embargo, que un vecino de la Benito Juárez cierre la llave al momento de lavarse los dientes no implica que proporcionalmente un vecino de Iztapalapa reciba esa agua en su vivienda. El problema va más allá del manejo del agua con uso doméstico.

Sin duda hay también un problema generalizado de escasez y poco ahorro en las prácticas diarias de los ciudadanos vinculadas al uso del agua, que se acrecientan con un modelo de gestión enfocado en distribuir y no en sanear las aguas, que además distribuye mal el vital líquido y, por ende, propicia desigualdad en el acceso al agua.

Para muestra, el corte parcial de agua del 31 de octubre al 4 de noviembre en 13 alcaldías de la Ciudad de México, debido a obras de reparación y mantenimiento al Sistema Cutzamala, se ha convertido en el mega corte con una angustia anticipada por el desabasto del líquido. Al grado que la SEP cancela clases en las escuelas de educación básica y se suman instituciones como la UNAM y el IPN, a pesar de que el Cutzamala abastece sólo alrededor del 30% del agua en la Ciudad de México y que los alcaldes han pronunciado que prevén pipas para las colonias afectadas. No se entiende la suspensión generalizada de las actividades de las escuelas, hasta de aquellas localizadas en colonias en las que no se tiene previsto la reducción en el suministro de agua, si no a partir del reconocimiento de que las instituciones encargadas y/o vinculadas a la gestión del agua (la CONAGUA, el Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México, el SACMEX y las alcaldías) están haciendo mal su trabajo por lo que la ciudadanía desconfía de cualquier plan emergente de las autoridades para atender el corte y en consecuencia, crece el miedo por la escasez del agua en la Ciudad de México, al punto que en estos días la gente cayó en compras de pánico de tambos para almacenar agua.

Vale señalar lo que ya se ha dicho en foros internacionales y nacionales, las crisis del agua no son por escasez sino por una mala gestión, que rebasa el ámbito de la corresponsabilidad del cuidado del agua por parte de la ciudadanía. Es así que se necesita un cambio de la política hídrica nacional que de prioridad el incremento en el saneamiento de las aguas para uso potable y de aguas residuales.


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