A la caza del Planeta X: Un nuevo hallazgo en nuestro sistema solar

Los astrónomos Scott Sheppard y sus colegas, Chad Trujillo y David Tholen, están redefiniendo una vez más la estructura de nuestro Sistema Solar. Descubrieron un nuevo objeto extremadamente lejano más allá de Plutón con una órbita que podría ser la evidencia de la presencia del Planeta X (el hipotético noveno planeta en este sistema solar).

Este descubrimiento refuerza la hipótesis de que realmente existe un noveno planeta en nuestro sistema solar, que se deduce del comportamiento de un grupo de objetos situados más allá de Neptuno, el octavo planeta en distancia respecto al Sol y el más lejano del sistema solar. La existencia del Planeta Nueve explicaría las órbitas peculiares de dos grupos de objetos del cinturón de Kuiper.​

Al nuevo cuerpo celeste los astrónomos le han llamado The Goblin (El Duende), ya que su designación provisional contiene las letras TG y se vio por primera vez cerca de la festividad de Halloween.

La designación provisional de este cuerpo celeste es 2015 TG387 y su ubicación se sitúa unas dos veces y media más lejos del Sol que Plutón, un planeta enano situado a continuación de la órbita de Neptuno.

Su dilatada órbita hace suponer a los astrónomos que el pretendido noveno planeta podría encontrarse en la Nube de Oort, un conjunto esférico de cuerpos celestes situados más allá de Neptuno, casi a un año luz del Sol, y aproximadamente a un cuarto de la distancia del Sol a Próxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro sistema solar.

Si se confirmara la presencia de estos nos nuevos astros, los límites exteriores de nuestro sistema solar deberían modificarse completamente. De momento se sabe que el planeta enano más lejano es Plutón, situado a una distancia media de 5.880 kilómetros del Sol.

En 2006 ya tuvimos que cambiar la descripción de nuestro sistema solar porque Plutón, que había sido descubierto en 1930, dejó de ser el noveno planeta para pasar a ser un planeta enano, junto a Ceres, Haumea, Makemake y Eris.

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Fuente: Carnegie Science
Un mundo helado

2015 TG387 sería un mundo helado con un diámetro de 300 kilómetros, por lo que sería un pequeño planeta enano que se aleja del Sol entre 2,5 veces y 60 veces más que Plutón. Sería también el tercer planeta enano descubierto en los últimos años en los confines del sistema solar, después de 2003 UB313 o Eris, el más masivo de los planetas enanos conocidos, y del astro 2012 VP113, situado a 12.000 millones de kilómetros del Sol.

“Pensamos que podría haber miles de pequeños planetas como 2015 TG387 en la periferia del sistema solar, pero la distancia a la que se encuentran de nosotros les hace muy difíciles de detectar”, explica uno de los descubridores, David Tholen. Y añade: “En la actualidad, solo podemos detectar al objeto descubierto cuando está cerca de su posición más próxima al Sol. Pero en el 99% de su órbita de 40.000 años sería muy difícil de ver”.

Los astrónomos señalan que el hipotético Planeta X parece afectar a 2015 TG387 de la misma forma que a todos los demás objetos celestes más alejados del Sol. Aunque las simulaciones actuales no prueban que haya un noveno planeta masivo en nuestro sistema solar, sí señalan que algo enorme se encuentra en los límites del sistema solar.

Este es el estudio más grande jamás realizado para objetos distantes del sistema solar y  está liderado por Scott Sheppard de la institución Carnegie, Chad Trujillo de la Universidad del Norte de Arizona, y David Tholen de la Universidad de Hawái. Los resultados se han enviado para publicación en la revista The Astronomical Journal.

“Estos objetos son como las migas de pan que nos llevan al planeta X. Cuanto más podamos encontrar, mejor podremos entender el sistema solar exterior y el posible planeta que creemos que está modelando sus órbitas, un descubrimiento que redefinirá nuestro conocimiento sobre la evolución del sistema solar”, señala Sheppard.

El Duende divide a los astrónomos

Como ya hemos visto la alargadísima órbita de El Duende o 2015 TG387, ha hecho pensar a sus descubridores que está influenciada por un desconocido planeta X. Sin embargo, otros astrónomos consideran que los movimientos de este y otros objetos extremos se puede explicar por procesos de difusión orbital peculiares o simples sesgos observacionales.
En estos momentos, la comunidad científica se encuentra dividida con respecto a la interpretación de nuevos objetos como este, observados a lo largo de órbitas muy alargadas que les llevan desde la vecindad de Neptuno y el cinturón de Kuiper hasta la región ocupada por la nube de Oort interna.

Un grupo considera que las propiedades de estos objetos no son compatibles con la existencia de un hipotético planeta X. Por una parte postulan que la distribución de sus órbitas presenta peculiaridades única y exclusivamente debido a sesgos observacionales y efectos de selección. Por otra, argumentan que la existencia de los objetos más anómalos se puede explicar por procesos de difusión orbital en los que la órbita de un objeto va cambiando paulatinamente hasta alcanzar los valores extremos de tamaños y formas orbitales observados.

En la esquina opuesta están los grupos que consideran que las órbitas de estos objetos tan peculiares solo pueden ser explicadas como resultado de las perturbaciones ejercidas por un hipotético planeta aún por descubrir. Los autores del descubrimiento de 2015 TG387 o El Duende defienden esta interpretación y con su nuevo artículo se reafirman en su hipótesis.

El anuncio de 2015 TG387 se une al también reciente de 2015 BP519 o Cajú (el Anacardo), un objeto que tiene una de las órbitas más extrañas jamás observadas y que no parece tener el mismo pasado dinámico que el resto. Con este, ya son 30 los objetos transneptunianos extremos (ETNO, por sus siglas en inglés) conocidos.

Con información de Carnegie Science, Agencia SINC y Agencia T21.


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