Primero transformar el Congreso, luego el régimen

Por Emmanuel J. M. Gómez

El Estado mexicano es joven. Surgió en 1821 con el gobierno del Emperador Iturbide, que es quien termina por dar forma en la constitución de 1824; a partir de ese momento el Estado empezó su devenir histórico con diferentes transformaciones: 1836, 1857, 1917. Sin embargo, con la última constitución, la que nos rige actualmente, producto de la revolución mexicana, el Estado devino en oligarquía y los intereses privados terminaron por imponerse a los públicos desde el congreso y la clase política a merced del Partido o del Presidente.  

La llamada cuarta transformación del país parte del esquema anterior. Su transformación promete redistribución justa de la riqueza, “primero los pobres”, la construcción de un gobierno honesto, del surgimiento de la cuarta república mexicana. Y la verdad el país jamás había estado tan cerca de hacer justicia social.

Tras la aplastante victoria de MORENA en las elecciones federales, el escenario político se se modifica, aunque las condiciones jurídicas e institucionales no han cambiado. En cualquier caso, la coalición Juntos haremos historia, conformada por MORENA, PT y PES y que ganó por mayoría absoluta en las elecciones de 2018 con cerca del 53.2% de la votación el 1° de Julio.  

Sin embargo, el 24 de agosto pasado, el Congreso de Chiapas aprobó una reforma fast track a los artículos 42, 52, 55 y 56 de la Constitución estatal para permitir que Velasco Coello pudiera retornar como “gobernador sustituto” después de pedir licencia como gobernador constitucional para asumir su escaño como senador. En el congreso federal, Morena tenía originalmente 191 diputados; PT y PES le cedieron 56. Empero, aún necesitaba cuatro más para lograr 251, es decir, la mayoría absoluta. La opción fue el Verde.

Así que para el 5 de septiembre la cámara baja lucía con un partido verde disminuido en 5 curules, mientras que Morena había alcanzado los 254 diputados. Estamos, por tanto, ante un sistema de partidos que se ha modificado drásticamente. Recordemos que antes de 1988 vivíamos en un sistema de partidos satélite, con un gran partido de masas en el gobierno; de ahí transitamos a un sistema de partidos tripartita, que se mantuvo vigente hasta 2018. Ahora hay un partido que veremos si se comporta como hegemón o logra realizar los cambios políticos sin enquistarse en el poder.

El escenario actual plantea un cambio drástico en cuanto al rumbo de la política mexicana. MORENA promete el rescate del proyecto nacionalista mexicano de principios del siglo XX: lo hace un siglo más tarde, con menos recursos que entonces, aunque con mayor visión y oportunidades tecnológicas y de comunicación.

En definitiva, la política mexicana está en franca transformación. Considero que al menos tres grandes áreas del sistema político terminarán por definir nuevas reglas, que den origen a la tan anunciada cuarta transformación de la república: la clase política, el sistema de partidos y el régimen político. Y será la renovación de la primera la que permita la conformación de un nuevo sistema de partidos, y éste, a su vez, deberá dar paso al cambio de régimen impulsado desde el diseño legislativo.

En la medida en la que se ajuste el entramado jurídico ante la nueva realidad política será que el régimen político también vaya cuajando. Cabe aclarar que el próximo partido en el gobierno, MORENA, por sí mismo satisface la condición de mayoría absoluta en los congresos locales de los Estados federados; sin embargo, para reformar la Constitución deberá además lograr la anuencia de otros legisladores, quienes le permitirán alcanzar mayoría calificada, con dos terceras partes del Congreso. En ese sentido, hay una enorme oportunidad para los partidos pequeños y legisladores “independientes”: ellos pueden definir el rumbo del país.

El cambio profundo que las instituciones necesitan para lograr el México democrático que se anhela está condicionado a la formación de las mayorías calificadas en el congreso federal. Se esperaría que en estas condiciones los legisladores comprendan que podrían ser decisivos para lograr la aprobación de importantes reformas, y que eso tendría un alto valor tanto en la política como en la historia del México contemporáneo.


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