Estamos muy mal si las marcas son nuestra brújula moral

Lo que ha pasado con Nike estos últimos días es una historia acerca de la responsabilidad de las figuras públicas, compromiso y, un poco, acerca del cinismo que resulta tener a una #marca como el punto de partida en el que las multitudes ajustan su brújula moral.

El caso más sonado, antes de pasar a lo particular en México, es el de Colin Kaepernick quien lleva más de dos años sin trabajar como mariscal de campo en la NFL luego de que se rehusó a estar parado durante el himno nacional en un partido de los 49ers de San Francisco [su equipo]. ¿La razón? Pasa que decidió hincarse por dos razones, 1) para no honrar un país racista y con brutalidad policial que cuesta vidas, 2) por respecto a las personas de color que son víctimas de quienes deberían cuidarlos.

Esto le valió un castigo por la NFL, cuyo proveedor oficial de uniformes es Nike, y Kaepernick tiene un juicio contra directivos de la liga por haber cortado su carrera luego de demostrar una [sensata] postura ante un problema social y político, más allá de los tiempos que se viven con Donald Trump en la presidencia.

Ahora, Nike [junto a Kapernick] se han ganado una especie de ovación por parte de sectores progresistas de medios y redes sociales en Estados Unidos por esta publicidad que en teoría está en el marco del 30 aniversario del Just Do It.

Las reacciones, tanto de  simpatizantes de Trump como de aquellos a favor a favor de los derechos humanos, han sacado un poco de proporción el asunto. El acto notable de Kaepernick fue su manifestación pública a favor de todas las vidas y en contra de la brutalidad policial, que usualmente es un asunto racista y de clases sociales.

¿Es genial que una celebridad use su plataforma para inspirar? Por supuesto. Y esto viene de sus valores y ética, así como el haberlo hecho asumiendo el sacrificio a su carrera.

No hay que sacarlos de proporción. No es el acto de un novato o alguien que apenas está en ascenso, era una jugada calculada de alguien que [en primer lugar] podría seguir teniendo una vida cómoda estando fuera de la NFL. Aquí hay una especie de negociación en el hecho de que hay atletas y [por supuesto] activistas que han tomado posturas mucho más claras en contra de la discriminación racial y desigualdad. Pocos tan contundentes como Kaepernick, con su enorme plataforma al ser un atleta con difusión televisiva masiva y un culto impresionante en redes sociales. Lo simbólico contra lo práctico.

El héroe, si hay que buscar uno, es el deportista. No una #marca que lo incluye a una campaña comercial y se monta en el mame progresista. Todo con matices: podría ser peor, ya que otras marcas queridas (In-N-Out Burger, SpaceX) tienen lazos económicos con causas conservadores y discriminatorias. Nada malo con la publicidad que aprovecha el momento en que vivimos y del lado correcto de la historia, sólo que hay que tomar las cosas con perspectiva: las marcas no son nuestras amigas ni ven por nosotros, quieren que compremos.

Es importante que tomen una postura y esto tiene consecuencias, como una minoría vocal de imbéciles que están quemando sus Nike. Pero la #marca no es una mártir y seguirá triunfando con esta decisión calculada y probada ante audiencias antes de salir a la calle [pregunta a cualquier amigo en una agencia grande de publicidad]. Le pasará como a Starbucks [firma que no está muy de acuerdo con Trump], miles de orates que no eran clientes estarán furiosos pero se consagrará con aquellos que ya eran fanáticos. Y de paso cachará a otros tantos.

Nike y las morras: el caso México

El tema Kaepernick apagó un poco la pequeña polémica que vivió Nike en México el fin de semana. Pasa que la #marca lanzó un anuncio bastante impactante, una delicia visual con imaginería ligada a cosas como el #NoMeDigasGuapa y en general con alegorías feministas. Le encantará a los profes de sociología y de mercadotecnia, mientras que a otros más bien les está dando ñañaras de que una marca norteamericana bastante cara se quiera montar en el tema del machismo y violencia cotidiana contra las mujeres en la Ciudad de México.

El anuncio es este:

Se llama Juntas Imparables y cierra con el Just Do It. En una primera vista, lo sentí como algo inspirador y muy en el ánimo de lo que también trabajamos en esta plataforma. Si eres mal pensado, notas algunos tokens más allá de la impecable realización, siendo que en realidad no hay alguna sentencia profunda. Tal vez no debería, ya que va  dirigido a audiencias masivas y apenas es una embarrada al tema. Al final, quiere vender zapatillas deportivas. No es ningún servicio social.

La conversación no está siendo contra el acoso callejero, sino de que chingones son sus publicistas. Y es un escaparate más para el calzado.  Ni siquiera vamos a entrar al debate sobre si el capitalismo es válido cuando promueve causas justas, sino que simplemente el comercial está lejos de ser perfecto y su al menos se atreve a hablar de estos temas no basta.

Tampoco es que sea responsabilidad de una #marca tratar estos grandes problemas. Es de todos, pero si buscamos responsables institucionales hay bastantes (gobierno, universidades, iglesia) que deben tomar la batuta.

O en corto: estamos muy mal si le aplaudimos a las #marcas el afirmar lo que debería ser por derecho.


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