Escribir en una lengua originaria

"¿Qué implica escribir en una lengua originaria?, ¿qué implica escribir en zoque?, ¿es lo mismo que escribir en español? ¿Hay algo más que un mero cambio de lengua?, ¿será que supone asumir no sólo una estética sino una forma de ser, de ver el mundo distinto?", escribe para #VíaLibre Jaime Sa’akäsmä

Por Jaime Sa’akäsmä

¿El hecho de que aún hoy en día un indígena no pueda o no quiera escribir en su propia lengua no significa realmente gran cosa? ¿Su literatura puede ser “indígena” a pesar de que la escriba en español o, por el contrario, si asumiera una escritura en su idioma, esto no debería cambiar las formas, los temas, el ritmo, a los que estamos acostumbrados? La escritura en otro idioma no debe suponer una reconfiguración mental, ¿o sí? En caso de que sí, ¿más allá de la lengua hace falta también narrar desde otra lógica, desde otro horizonte, para así colmar de sentido su elección? Entonces, ¿qué implica escribir en una lengua originaria?, ¿qué implica escribir en zoque?, ¿es lo mismo que escribir en español? ¿Hay algo más que un mero cambio de lengua?, ¿será que supone asumir no sólo una estética sino una forma de ser, de ver el mundo distinto?

En mi lectura de autores que, además del español, escriben en otras lenguas mexicanas advierto un compromiso que empieza a configurar una estética frontal, particular: una estética que toma en cuenta de forma decisiva lo histórico, lo social y lo cultural. Esto es, la mayor parte de los autores en lenguas originarias sabe que su escritura no es un asunto plenamente individual, sino un esfuerzo por nombrar (re-configurar) a sus comunidades y a sí mismos, por lo cual, más que una estética, ensayan un quehacer ético que transita de lo individual a lo colectivo, de lo oral a lo culto, de la representación artística al pensamiento crítico. Para no generalizar demasiado, me ceñiré a la tradición escrita en mi lengua.

La mayor parte de los autores en lenguas originarias sabe que su escritura no es un asunto plenamente individual, sino un esfuerzo por nombrar (re-configurar) a sus comunidades y a sí mismos, por lo cual, más que una estética, ensayan un quehacer ético que transita de lo individual a lo colectivo, de lo oral a lo culto, de la representación artística al pensamiento crítico.

Por supuesto, la escritura artística en mi lengua —y de tantas otras lenguas del país— es un hecho reciente. Si bien, debe considerarse que en nuestros pueblos han existido manifestaciones complejas que hacen uso de lenguajes múltiples para generar eso que se suele calificar como “obras artísticas”. Ahí están, por ejemplo, las danzas que condensan música, teatro y ritualidad. Ahí están, a su vez, ciertos rituales que combinan oración, música y una especie de performance. Y ahí está, por otro lado, el trabajo de Mikeas Sánchez y Humberto Saraoz: para mí los dos escritores odetzame’tam contemporáneos más relevantes. (En esta ocasión, sólo hablaré de Mikeas). Mikeas Sánchez fue quien, por primera vez, hizo visible la escritura “artística” en nuestra lengua. Por ello, creo que el itinerario de su proceso escritural puede ayudar para tomar consciencia de lo que implica escribir en una lengua originaria.

Según sé, sus primeros escritos los realizó en español. Y no fue hasta que descubrió una oleada de hombres y mujeres que escribían en su propia lengua, cuando se sintió capaz de intentarlo. Así, fruto de sus primeros sueños y de una particular nostalgia, fue que dio a luz Tumjama maka mujsi’ (Y sabrás un día, 2006).1Posteriormente, el título del libro se modificó en odetzame a: Maka mujsi tumä jama. A mi modo de ver, en ese libro la autora todavía no tenía consciencia plena de su quehacer, en un sentido amplio, el libro no está tan organizado como sus libros posteriores y se huelga en la consciencia individual. Fue éste un libro febril, escrito bajo las velas del sueño. Con todo, hay ahí versos que tienden ya un puente hacia el otro, un tú que parece estar cerca, demasiado cerca:

Ngotzambatzi äj’ nwyt

mij’ ngotzambatzi’ mijtzi.2Hablar de mí /es hablar de ti.

Por entonces obtuvo una beca para estudiar en Barcelona. En un contexto distinto y bajo otras condiciones, vivió experiencias que la llevaron a cobrar mayor consciencia de su propio ser y de los otros: en ese sentido, como un catalizador de sus procesos, en su segundo poemario aúna su experiencia como mujer-amante y madre. Desde mi perspectiva, con Äj’ nhkujkomo (Desde mi médula, 2011), su voz comenzó adquirir un tono más reflexivo, más responsable. Pues, además del amante, reconocía al otro que brotaba en su vientre: esa pequeña estrella que comenzaba a crecer en su interior,3Matza: Estrella en odetzame es el nombre de la hija de Mikeas. y le provocaba miedo y extrañeza, hasta que

Yaju’kam

wäbä’ijtku’y

äj dum’ijku’y

te’ paakpä ombabä toya

jambäbatzi äj’ sudgu’y

jambäbatzi mij sudgu’y

tsotsku’y eyabä sudguy’isñye

yayibä mijxkäjsi äjxkäjsi

yayibä’ dä ngiskuy’omoram. 4(Por último / calma/ la soledad de mi vientre / el dolor lento y desalmado / muerte de mi amor por mi / de mi amor por ti / creación de un amor más grande/ más allá de ti y de mi / de nuestro odio mutuo).

A partir de este libro, la poeta ha buscado darle voz al otro, ya no parte sólo de sí misma (de su ego), sino de la experiencia que se adquiere en nuestra relación con otros, con lo otro. Resultado de ese ejercicio de desprendimiento es quizá Mumure’ tä’ yäjktambä (Todos somos cimarrones, 2012).

Kasujpa tä’ ägba’ jana’pama

uka’ ni’ijs ji’ tä’ pike’ dä yomijku’y

teje’ nkispa’ sone’naka

yangamyajpasen’omo wyrun’dam

teje myabaxäbya’ Dakar’bä kupku’y

juwä sone’ yuk’tambä yomo’istam […]5“Ser libre es dormir desnuda / sin unas manos buscando tu sexo / piensa mil veces / mientras cierra los ojos / y se sueña en una calle de Dakar / entre una decena de muchachas negras […]”.

Así, en esa búsqueda de una poética comprometida con el otro es que escribe Mojk’jäyä / Mokaya (2013), último libro publicado, con el cual Mikeas Sánchez recupera cierta parte del conocimiento ancestral de los ode’pät y de las ode’yomo, transita de lo individual a lo colectivo (Tambatzi yomos’ ñoyikäsi’ram: Me nombro y hablo por todas las mujeres):6El poema Mojk’jäyä es el más radical en cuanto  a la expresión de una feminidad que disocia lo individual para asumir la voz de una colectividad ninguneada: la voz poética habla por sí misma y por las niñas maltratadas, por las muchachas violadas, por las vírgenes y por las rameras, por su madre y su abuela, porque no quiere que nadie más hable por ellas: “Jin suni chapia’ä äj näyikäjsi / u’ yajk näjmayaju’ Kopajktzoka / u Elena u Clitemnestra / u Lesbia u Piogbachuwe (No quiero que nadie más me nombre/ que nadie me llame Kopajktzoka/ o Helena o Clitemnestra/ o Lesbia o Piogbachuwe)”. lo mismo habla de ser mujer, como de ser varón, e incluso, se vuelve al pasado más remoto, en busca de un ser múltiple, primigenio:

Mokaya’chä

Yomochä teserike pänäjchä

Mojk’jäya / Jäyäs’myojk

Wadbabä wane / tobyabä wane

Nijpatzi te tzame / nijpatzi yä’ najs’7“Soy Mokaya / Soy hombre y soy mujer / Mojk’jäyä / la flor del maíz /la palabra cantada/ la dolorosa palabra / cultivo la palabra / cultivo la tierra”.

¿Por qué se habría de asumir que la literatura producida en español es distinta a todas las literaturas producidas en una gran diversidad de lenguas llamadas indígenas?
Aunque no ahondé lo suficiente, mi intención en este breve recorrido de la poesía de Mikeas Sánchez es mostrar cómo su trabajo poético fue adquiriendo cierta consciencia del otro, de los otros, que se da no sólo por la madurez de la poeta sino quizá por su búsqueda artística en otro idioma. Para mí es claro que su poesía fue pasando de lo individual, a una visión colectiva, comunitaria, en la que se percibe una nueva construcción de ser indígena en un contexto actual. Primero reconoce su yo femenino en relación con el amado, luego advierte su condición de marginalidad, su otredad, en una posibilidad más amplia de ser mujer y, entonces, advierte que su persona se sostiene más fuerte cuando construye puentes hacia los otros. Y es precisamente a esto a lo que aludía cuando hablaba de que la escritura en lenguas originarias implicaba la construcción de una estética que está atravesada por una postura ética.8Actualmente, la poeta sigue escribiendo y participa de manera activa en el Movimiento Indígena del Pueblo Creyente Zoque en Defensa de la Vida y la Tierra, ZODEVITE. Por supuesto, entiendo que esto no es privativo de los autores de lenguas originarias, ni tampoco es una completa novedad. No obstante, ¿por qué muchos de estos autores, asumen no solo una visión individual sino, en cierta medida, colectiva? ¿Por qué de-construyen o re-construyen su propia identidad?

Eso, creo yo, vuelve a la literatura indígena contemporánea un “fenómeno” valioso. Aunque como diría, Yásnaya Aguilar, ¿eso existe?: “¿Por qué se habría de asumir que la literatura producida en español es distinta a todas las literaturas producidas en una gran diversidad de lenguas llamadas indígenas? ¿Cuál es el rasgo literario que las hace diferente? ¿Cuál es el rasgo literario en común entre la poética del tarahumara y la del zoque que permite que se las adscriba a una misma categoría?”.9 Texto publicado en línea: “La literatura indígena no existe”, http://estepais.com/site/?p=42178 (consultado el 2 de mayo de 2018). Y entonces, vuelvo a preguntarme, ¿existe o no una implicación al momento de asumir una lengua u otra?, y tal implicación, ¿entraña un estilo o un ethos distintitos? Más que respuestas, tengo preguntas, muchas preguntas. No me atrevo siquiera a aventurar rutas, así que aquí me quedo, como al principio, un poco acobardado por mis planteamientos. Por lo cual, solo añadiré que pienso que lo que actualmente buscamos los autores indígenas es: no sólo producir obras artísticas, sino modos de pensar distintos y se ensayan modos de articular (o re-articular) la concepción generalizada de literatura. Creo que en gran medida muchos escritores en lenguas originarias (al menos, los que conozco) están de acuerdo en que “desestabilizar y romper algunos cánones que controlan el espacio cultural resulta una tarea indispensable si aspiramos a tener una sociedad sin monológicos mecanismos reguladores y con múltiples y diferentes identidades. Pero también resulta urgente —entendiendo que la cultura no es solo “reflejo” sino “mecanismo de constitución”— si queremos construir una sociedad materialmente más justa”.10Víctor Vich, “Sobre cultura, heterogeneidad, diferencia”, en Estudios culturales: discursos, poderes, pulsiones, Santiago López Maguiña, Gonzalo Portocarreño, et al. (editores), Lima: Pontificia Universidad Católica de Perú, Universidad del Pacífico, Instituto de Estudios Peruanos, 2001, p. 38. Lo anterior es signo, pues, de que se quiere (y se busca) “Cuestionar, repensar y rearticular algunos cánones que gobiernan la significación de la vida”.11Ibid., pp. 38-39. Ya que si se ha vivido una historia de desplazamiento, negación, olvido, rechazo, ninguneo, sojuzgamiento, no me imagino que, de buenas a primeras, vamos a contentarnos con una poética que proclame un arte por el arte; claro que no, somos conscientes de que nuestra poética surge de esa situación otra, limite, y se procura una estética que involucre una dinámica de acción, una movilización ética.


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Referencias   [ + ]

1. Posteriormente, el título del libro se modificó en odetzame a: Maka mujsi tumä jama.
2. Hablar de mí /es hablar de ti.
3. Matza: Estrella en odetzame es el nombre de la hija de Mikeas.
4. (Por último / calma/ la soledad de mi vientre / el dolor lento y desalmado / muerte de mi amor por mi / de mi amor por ti / creación de un amor más grande/ más allá de ti y de mi / de nuestro odio mutuo).
5. “Ser libre es dormir desnuda / sin unas manos buscando tu sexo / piensa mil veces / mientras cierra los ojos / y se sueña en una calle de Dakar / entre una decena de muchachas negras […]”.
6. El poema Mojk’jäyä es el más radical en cuanto  a la expresión de una feminidad que disocia lo individual para asumir la voz de una colectividad ninguneada: la voz poética habla por sí misma y por las niñas maltratadas, por las muchachas violadas, por las vírgenes y por las rameras, por su madre y su abuela, porque no quiere que nadie más hable por ellas: “Jin suni chapia’ä äj näyikäjsi / u’ yajk näjmayaju’ Kopajktzoka / u Elena u Clitemnestra / u Lesbia u Piogbachuwe (No quiero que nadie más me nombre/ que nadie me llame Kopajktzoka/ o Helena o Clitemnestra/ o Lesbia o Piogbachuwe)”.
7. “Soy Mokaya / Soy hombre y soy mujer / Mojk’jäyä / la flor del maíz /la palabra cantada/ la dolorosa palabra / cultivo la palabra / cultivo la tierra”.
8. Actualmente, la poeta sigue escribiendo y participa de manera activa en el Movimiento Indígena del Pueblo Creyente Zoque en Defensa de la Vida y la Tierra, ZODEVITE.
9. Texto publicado en línea: “La literatura indígena no existe”, http://estepais.com/site/?p=42178 (consultado el 2 de mayo de 2018).
10. Víctor Vich, “Sobre cultura, heterogeneidad, diferencia”, en Estudios culturales: discursos, poderes, pulsiones, Santiago López Maguiña, Gonzalo Portocarreño, et al. (editores), Lima: Pontificia Universidad Católica de Perú, Universidad del Pacífico, Instituto de Estudios Peruanos, 2001, p. 38.
11. Ibid., pp. 38-39.
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