Poseedor de una escritura que emana del cine serie de B —especialmente el de luchadores—, del cómic, de la literatura fantástica, y de otros fenómenos de la cultura pop, Dán Lee es un narrador inclasificable. La evidencia de esto es su más reciente libro Deus ex machina (Paraíso Perdido, 2017). Publicado en la colección Biblioteca Instantánea de la editorial independiente ubicada en el occidente del país, este libro se presenta en un formato de bolsillo para inquietar a sus lectores.

Se trata de cuatro cuentos creados a partir de una prosa dinámica y absorbente, articulada desde el lenguaje cotidiano. En estas historias deambulan extraños personajes: un santero y luchador fantasma, un reportero en busca de noticias sensacionalistas, un guionista de cómic perturbado con uno de sus personajes, un escritor que ha perdido los apuntes de su primera novela, y un personaje de Deus ex machina que se rebela contra el propio autor Dán Lee, también convertido en un personaje de su propio universo.

De la perturbación al delirio de la insensatez cotidiana, Deus ex machina es un libro que se devora de principio a fin. Para hablarnos más de este libro y de sus obsesiones creativas, Dán Lee conversó en exclusiva con Tercera Vía sobre la literatura fantástica, el cuento mexicano contemporáneo y la relación entre magia y literatura, entre otros temas.

 

 

Deus ex machina es un libro de cuentos, pero ¿cómo defines tu narrativa?

No me gustaría definir mi escritura, porque me daría la impresión de que ya está acabada; hacerlo me sabe a ponerle límites, y espero que esos lleguen el día que muera o que logre curarme del vicio de escribir.

Por otra parte, mi afinidad por la narrativa breve es puro gusto: me gusta leer cuentos. La intensidad, la variedad, la búsqueda de la estructura perfecta, son aspectos que busco como lector, y por ello cuando me siento a escribir voy tras lo mismo. Soy consciente de que las teorías del cuento clásico han dado forma a mi estilo de construcción de ficciones, y que mis edificios narrativos siempre estarán decorados con carteles de películas de Tarantino y con efectos visuales o sonoros propios de la historieta. También sé que la voz del barrio se va a dejar oír con frecuencia en mis escritos. Hasta ahí sé, y mejor que no sepa más.

 

Hay libros que buscan un tipo de lector particular, ¿cuál es el lector de Deus ex machina?

Primeramente busco a lectores que, como yo, gusten del género cuento y gocen con las constelaciones narrativas que se encuentran en un libro de cuentos. Igualmente, me caen bien los lectores atentos, porque rara vez escribo un texto lineal.

Otro tipo de lector con quien me interesa dialogar es aquel que guste no sólo de las letras, sino también de otros fenómenos de la cultura pop, como el cómic y la lucha libre, que sin duda han influenciado mi obra. En realidad cualquier lector me viene bien; si es exigente, mejor.

¿Cómo se originó este libro?

Deus ex machina es fruto de la envidia. Así es. Yo quise figurar en la colección “Biblioteca Instantánea” de la editorial tapatía Paraíso Perdido porque allí están publicados varios de mis amigos literarios (Raúl Fierros, Rodrigo Chanampe, Rogelio Vega, Carlos Bustos QEPD, Ivan Farías, Miguel Antonio Lupián). Motivado por las ganas de no quedarme atrás, me puse en contacto con Antonio Marts, el editor. A él le gustó la idea y los textos que puse a su consideración. Se dio la coincidencia de que justo en esos días del año de 2017 la colección “Biblioteca Instantánea” creció en cuanto a las dimensiones de los ejemplares, por lo que fue posible incluir más páginas y textos. Así fue que Deus ex machina pudo ver la luz tal como lo conocemos.

El título, la selección de textos y el orden de los mismos es propuesta de Antonio Marts, a quien hay que darle crédito por ese acierto.

¿Te interesa la etiqueta de Literatura fantástica para tu obra?

La verdad es que no. Ahora que me has puesto a pensar en eso, me doy cuenta de que al menos la mitad de los textos que he escrito tienen elementos fantásticos, pero no es algo que yo busque concientemente. A mí lo que sí me interesa es escribir cuentos sólidos, bien construidos, que cocinen al punto la rebanada de mundo que quieren mostrar, la sirvan a la temperatura adecuada y la hagan memorable para el lector. A veces entre los ingredientes la fantasía se invita sola; cae allí y se incorpora en la cocción. Así nomás. Sin que yo ande tras ella.

Por otra parte, siempre es divertido romper con las reglas que la realidad impone, y la fantasía es la forma más sana de lograrlo.

Desde tu perspectiva, ¿cuál es la salud del cuento mexicano contemporáneo?

México es un país tercermundista con una tradición cuentística de primer mundo.
Esta pregunta me recuerda cuando en una revisión médica te cuestionan sobre antecedentes de enfermedades hereditarias de tus abuelos y padres, básicamente pasa predecir las causas de tu fallecimiento. Con esa idea en mente, noto que nuestros abuelos cuentistas dotaron de una salud titánica al cuento mexicano; salud que nuestros padres y madres literarios han sabido mantener con pulso firme y que mis contemporáneos y yo recibimos sin temor al relevo. El cuento mexicano actual goza de una salud inmejorable: tiene vitalidad, variedad, surge de todas las regiones y no para de florecer en nombres y textos.

Hay dos cosas en las que tengo claro que podemos competir contra cualquier país de tú a tú y chance hasta les llevemos ventaja: cuento y lucha libre. México es un país tercermundista con una tradición cuentística de primer mundo.

¿Tienes algún interés en la magia?

No tengo interés por la magia. En Deus ex machina se da la coincidencia de que “Pregúntale al mar” toca el tema de la santería y “El secreto de la magia” lo protagoniza Alan Moore, autor que se nombra mago y cuya obra me ha marcado de por vida; pero es sólo casualidad, la magia no es un tema que me interese.

En ese sentido, ¿para ti cómo es la relación entre magia y literatura?

Lo que sé del tema lo aprendí leyendo a Alan Moore, y coincido plenamente con él en que cualquier acto de creación es un acto mágico. Un artista crea de la nada, da forma a algo que no existía mas que en el mundo de las ideas. El proceso que va desde llevar una serie de impulsos eléctricos en las neuronas del cerebro de un artista hasta generar algo concreto, real, que alguien más puede experimentar con sus sentidos: eso es magia. Donde no había sino aire, ahora hay un relato, un libro. Escribir un punto final en un cuento equivale a hacer aparecer un elefante: ahí está, mírenlo, se mueve.

Otro aspecto en el que es claro cómo sucede la magia en literatura es que es el único medio en el que se puede experimentar la telepatía: con las letras dos mentes pueden comunicarse a través de la distancia y también del tiempo. He escuchado a gente que murió hace siglos, me he puesto en contacto con los muertos y si hay oportunidad, podré comunicarme con la gente del futuro. Nada mal para un ser humano común.

Además de Alan Moore, ¿qué otros temas te obsesionan?

He descubierto que los temas que rondan por mi obra como caballos de carrusel son: la venganza, la dualidad, la incongruencia en el ser humano, la crueldad, la desigualdad, el poder y el abuso del mismo. No tengo una explicación para esto, ni pretendo tenerla. Los temas emanan de fuentes subterráneas e incontrolables, mi trabajo es darles cauce.


¿Cuáles son los escritores que más te han influenciado? ¿y por qué?

P. Lovecraft. Inventó una nueva forma de horrorizar con letras, apelando al intelecto; aprendí leyéndolo el enorme peso de la creación de atmósferas y la verosimilitud, especialmente al incluir elementos sobrenaturales.

Irvine Welsh. Antes de conocer la obra de este escocés, tal vez hubiera dicho Charles Bukowski. No es necesario ser solemne u olvidarse de los orígenes para hacer literatura. Welsh apela al caló y a la brutalidad urbana para generar personajes inolvidables y salvajes. Aprendí a no tener miedo, cualquier situación vale la pena de ser ficcionada.

Ray Bradbury. Fue de los primeros escritores que me impresionaron por su maestría en el dominio de la estructura del cuento, la incursión de lo fantástico, y el uso creativo y bello del lenguaje. Muchos de sus textos combinan estos elementos a la perfección.

Para que la lista no sea tan extensa, intentaré resumir. Poe, sus cuentos centrados en la psique desviada, su teoría de la tensión y la unidad de efecto. Alan Moore, la habilidad para hacer alquimia: estudiar los elementos existentes, buscarles facetas ocultas, licuarlos con aspectos que parecerían incompatibles, generar algo nuevo y deslumbrante. Quentin Tarantino, estructuras rotas, dibujo de personaje con base en los rasgos y las conductas, la venganza como leit motif. Julio Cortázar y Juan Rulfo, la demostración de que el cuento escrito en español puede alcanzar las cimas más altas posibles de la narrativa.

No sobra mencionar a escritores de quienes aprendí directamente en el aula; entre ellos los más grandes maestros tanto en obra como en cátedra: Gerardo De la Torre, Aline Pettersson, y Eduardo Antonio Parra.

¿Cuál es tu top ten de libros indispensables?

Éstos son indispensables para mí porque vuelvo a ellos cada tanto; no pretendo que sean los indispensables de cualquier biblioteca. Sin un orden específico:

El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien.

El llano en llamas de Juan Rulfo.

El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, de Cervantes.

Crónicas Marcianas y El hombre ilustrado, de Ray Bradbury.

Trainspotting, de Irvine Welsh.

Los Mitos de Cthulhu, de H. P. Lovecraft, en editorial Alianza. Recomiendo esta edición específicamente por su estudio introductorio a cargo de Rafael Llopis, porque incluye a otros autores relacionados con el tema, y porque contiene algunos de los mejores cuentos de Lovecraft. Todo en un solo volumen.

Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons y V for Vendetta de Alan Moore y David Lloyd.

Los juegos, selección de cuentos de Julio Cortázar, en editorial Alianza (juro que no es comercial). Reúne muchos de los cuentos que tratan de la infancia, la adolescencia, o con algún elemento fantástico en la obra de Cortázar.

Narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe

Cuentos de amor, de locura y de muerte, de Horacio Quiroga.

 


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