Lo que me dejó Girls

No hay primavera calurosa sin Girls. O no había. El año pasado terminó esta serie de HBO creada por Lena Dunham que queda como una estampa particular de ser joven los 2010, con un Brooklyn miserable (que bien podríamos cambiar por cualquier urbe) y con el típico dilema de todos los jóvenes de clase media: checamos nuestras cuentas bancarias con cero pesos, desde nuestro iPhone (frase tomada, si mal no recuerdo, de @barbariana). Agregaría yo: Todo esto en nuestra renta que no podemos pagar (sin ayuda de nuestros padres) antes de malgastar el dinero comiendo fuera.

Mi amor por Girls está muy relacionado a que tengo la misma edad que los personajes y se dio esta sensación de que fui creciendo junto con ellos. La temporada final tiene varias conclusiones que alguien más joven no creería posibles o le resultarían lejanas viéndolo a los 22. Primero, las protagonistas en un principio llevaban una especie de relación de hermanas, cosa que se va diluyendo hasta que al final prácticamente el grupo de se desintegra y se mantienen sólo ciertas amistades. Eso es bastante cierto, esto de mis amigos igual a familia tiene caducidad, muchachos. Sólo los buenos se mantienen a pesar, y entendiendo, que la vida familiar y laboral los va a separar pero esos cortos momentos de convivencia entre amigos seguirán siendo invaluables.

Hannah Horvarth, el personaje de Dunham, a mitad de la última temporada y justo antes de tener todo solucionado, se entera que está embarazada de un amorío fugaz con un pelmazo que conoció hace meses. Si bien esto es un instrumento del guión para acelerar la historia de Hannah, trae varias sentencias como que -por desgracia- no siempre podemos tenerlo todo, y que la mayoría de nuestros amigos no crecerán con nosotros. O que podemos tener relaciones a los veintes que pudieran parecer trascendentales en el momento pero que simplemente ni a anécdota llegan en el total de nuestra historia. En corto: que somos unos puñetos, siempre lo seremos y sólo nos daremos cuenta años más tarde.

Al final Hannah sólo cuenta con su familia, representado por su madre que llega a arreglar el desastre que tienen viviendo con su recién nacido y la única amiga que le queda. ¿Y todas las demás personas? A mi me encanta como se representa su trascendencia: ni siquiera aparecen en el último episodio. Sólo Hannah, su madre (como avatar de la familia) y la única amistad real que le quedó de esos agridulces años en Brooklyn. Su amiga, que es la chica racista de Get Out, se aferró a Hannah para huír de sus propios problemas y al final entiende que ella también tiene que hacer su propio camino sin que eso signifique dejar su amistad o ¿dejar de ser cool?

La conclusión de toda la serie me parece hermosa: Hannah madura y se da cuenta que tiene ser responsable de ella misma, ya no huír en calzones ante los problemas, cuando comprende que no puede más. ¿Por qué? Alguien ya depende de ella, toda su vida. Y esto aplica para hombre y mujeres. Es algo inexplicable. Y verdaderamente puedo decir que es el momento en que uno madura.

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Una versión de esta columna fue publicada en LJA

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