Cuando se lucra con la intimidad: alzan la voz en Chiapas para que se legisle contra el cyberacoso

Soy Liz Ruiz y tengo 21 años. Entre 2014 y 2015 comenzó a circular contenido multimedia en el que aparecía con quien entonces era mi pareja, mismo que él difundió porque yo no quería seguir siendo su novia. Esa fue su manera de “vengarse”.

Interpuse una denuncia en Villaflores (municipio de Chiapas) pero nunca procedió. Me dijeron que no tenía las pruebas suficientes para demostrar que era él quien aparecía en las imágenes. Entre tanto, el papá de ese chico -que vive en Estados Unidos- amenazó a mi mamá con divulgarlas al otro lado de la frontera si no le daba cierta cantidad de dinero. Mi mamá cayó en la provocación.

A pesar de eso, yo decidí continuar mi vida de manera normal.

No volví a saber de él ni de su familia hasta hace algunos meses, cuando una amiga me mandó el mensaje de que había visto mi nombre completo en una aplicación que lucraba con las imágenes que yo denuncié años atrás. Corroboré que aparecía una carpeta con mi nombre, e incluso que éramos más de seiscientas chicas en una misma nube de información.

Por lo tanto, me entrevisté con la policía cibernética y otra vez interpuse una denuncia en la fiscalía, que ya me está dando seguimiento. El problema es que no existe algo que nos respalde jurídicamente: no hay en Chiapas una ley que castigue el mal uso de fotografías y videos sexuales.

Aunque no sé quién creó esas carpetas, hemos avanzado en saber cómo opera: una persona compró las imágenes -incluyendo fotos que fueron tomadas de mi cuenta de facebook personal- y ahora está lucrando con eso.

Si quieres acceder a ellas, por tanto, te contactas con ellos, te mandan un número de cuenta, les depositas en el Oxxo y mandas la foto de ticket, e inmediatamente te cae una notificación de una nube en donde puedes acceder al material de seiscientas personas. Cabe destacar que esta información es prácticamente imposible de bajar, porque en cuanto se borra el link, suben otro. Por eso estoy luchando para que se legisle y para que paguen los responsables.

Y es que esto te puede afectar muchísimo: no se imaginan cuántas solicitudes de messenger he recibido con mensajes horribles. Hay gente que te reconoce en la calle, que te acosa, que te dice cosas desagradables y hasta quiere pasarse contigo. El viernes pasado incluso viví una persecusión: me iban acosando y siguiendo, e incluso llegaron hasta mi casa. Ese es el miedo que tengo: que haya consecuencias para mi integridad física o de mi familia.

A raíz de que hice un post en facebook sobre este tema, mucha gente me escribió y me ofreció ayuda. Incluso se organizó una reunión en la que asistimos un grupo de víctimas. Congenié de inmediato con las otras chicas y les dije cómo había sido mi proceso, porque no todas habían denunciado; les hice el acompañamiento a la fiscalía y les dí una plática de cómo había sobrellevado esta situación a través de los años, porque lo mío era de hace más tiempo: de hecho, cuando a mí me pasó yo era menor de edad. Por eso les trato de transmitir que es algo que a todo mundo le puede pasar, pero que lo que no podemos permitir es que alguien esté detrás queriendo lucrar aun a costa de acabarnos la vida.

Por si lo anterior fuera poco, los medios de comunicación locales hicieron mal uso de la información. De hecho, publicaron una nota en la que comparten el link de la aplicación, con lo que le dieron mucha más difusión.

Por todo esto, no niego que el proceso ha sido difícil. La gente siempre quiere opinar y no se puede quedar callada. Eso afecta a toda la familia. Por mi parte, he tenido el apoyo incondicional de mi mamá y de mis hermanas. Pero es algo que no tendría que haber pasado nunca.

El camino es muy dificil, lleno de gente mala que recrimina, revictimiza y deshumaniza a las mujeres. Debemos empezar a entender el #cyberacoso como violencia contra las mujeres, porque:

1) No es normal.

2) En la aplastante mayoría de los casos los contenidos multimedia tomados/difundidos por el agresor en contra de la voluntad de la víctima.

3) Es un delito. No podemos tomarlo como “pornovenganza” porque las víctimas no hicieron daño a nadie; no es ciberbullying porque no sólo es una simple broma: es afectar la dignidad de la persona y atentar contra su cuerpo e incluso su vida. Entiendanlo: es un CRIMEN.

4) Al reproducir, difundir y promocionar el contenido multimedia también eres cómplice.

5) No se trata de juicios morales: si eres víctima absolutamente nadie tiene derecho a juzgarte. Se trata que todos y todas (víctimas o no) entendamls esto como un problema real y creciente que nos está doliendo a todas y que sólo se terminará enfrentándonos, informándonos/reeducandonos.

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