Sobre La Rosa de Guadalupe y la telebasura en 2018: Lo mismo, en modo cínico

La única diferencia entre Mujer Casos de la Vida Real y La Rosa de Guadalupe, es que en 2018 los creadores en televisió abierta saben que realizan basura y llevan el humor involuntario a extremos inauditos, para que el ridículo viaje más en redes sociales.

Hay un perverso placer kitsch en ver La Rosa de Guadalupe. Yo conocía de oídas la serie unitaria, por memes y miniclips en Facebook. La premisa es sencilla: simplemente resulta un reemplazo de Mujer…casos de la vida real para la piterez de esta década.

La semana pasada se reveló que La Rosa es el programa más visto por los niños mexicanos, de acuerdo al Instituto Federal de Telecomunicaciones. En segundo lugar está Como dice el dicho, que es el mismo programa pero con la bandera de Televisión Azteca. Esto no es resultado de encuestas una medición precisa, como el tráfico de los sitios web o redes sociales, sino los números que entrega Nielsen acerca del rating mexicano.

En El Financiero, más allá del morbo, indican algo importante: no está bien que los niños consuman dicha programación. Se menciona una política fallida de la SEP para clasificar los programas en tele abierta, pero también [consideraría el que escribe] es la típica irresponsabilidad de los padres  ante el uso de la televisión por parte de los niños.


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En la última semana vi dos programas de La Rosa. Cabe mencionar que por años a la hora de la comida, vi involuntariamente Lo que callamos las mujeres en una triste televisión Emerson la cuál sólo sintonizaba TV Azteca. Lo tomé como una graduación en televisión mexicana, para conocer un poco de lo que critico. Porque muchos hablan de la telebasura sin haber prendido la tele en años. Total que no me fue ajeno el trabajo pobre en guiones (supuestamente ejecutado por profesionales en pedagogía, guionismo y sociología) ni los valores de producción nulos, pero me parece que los creadores de La Rosa han tomado un cinismo pícaro y perverso acerca de cómo producir y promocionar sus historias.

El capítulos de los sugar daddy pensé que iba a tener algún giro de moda como que la protagonista era una chica trabajadora de las webcams, pero simplemente era una mujer universitaria que estafaba al papá de una de sus amigas, pidiéndole regalos caros o exponiendo necesidades (como la renta) para que el señor (adúltero, casado con una mujer en plena menopausia) los resuelva. Por supuesto, el don otorgó las llaves de un penthouse de 300 m2 a la universitaria.

Lo que no entendía era en donde entraba el elemento religioso. Resulta que a 10 minutos del final del capítulo, en todas las historias una de las personas afligidas, que generalmente (pero no de manera exclusiva) son mujeres, pide a la Virgen de Guadalupe que quien obra mal (generalmente un hombre) “entre en razón”. Es así como en precipitado tercer acto, las cosas se resuelven y las mujeres perdonan a los infieles. O los padres excusan a un hijo delincuente, como si nada. Además de que las conclusiones también involucran autoridades competentes y sin corrupción.

Menciono lo último porque también vi el capítulo acerca de una cougar que pide dinero a su vecino adolescente. Tal cual, esa es la premisa. El chico ingresa sin problema a una banda de maleantes de barrio, quienes hurtan casas, para satisfacer las peticiones de su vecina, quien supuestamente tiene treinta años pero la interpreta una actriz de casi cuarenta. Entonces, al regalar joyas, celulares y televisiones a la vecina, ella procede a darle sexo.

Trasciende que ambos episodios pintan a estas mujeres como una especie de depredadoras, incluídos desnudos parciales o imaginería erótica que rosa lo permitido en horario PG-13 de televisión abierta. Sus contrapartes, las hijas o esposas, visten diametralmente diferente. Esto perpetúa  estereotipos y cimbra ideas que casan (erróneamente) vestimenta con formas de ser.

Insisto en que los creadores de estos programas, con tradición en Cada quien su santo, La Vida es una canción y Casos de la vida real, ha  decidido dejar de ser la burla del humor involuntario y la telebasura para más bien convertirse en un ejercicio cínico.  Basta con ver sus copys en Facebook:

El cinismo, y tal vez hasta un ejercicio de genialidad por parte del equipo digital y los ejecutivos que saben que realizan telebasura, está en que abrazan la calidad pitera del contenido.

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Este es el estado de la telebasura en 2018. La misma porquería, pero ahora admitiendo y regocijandose en su condición.

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