Zel Cabrera #VocesVioletas

#VocesVioletas es un espacio semanal dedicado a compartir poesía escrita por mujeres de México y Latinoamérica.

Zel Cabrera (Iguala de la Independencia, Guerrero, 1988) Egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Becaria del Programa de Jóvenes Creadores del FONCA (2017- 2018). Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas, en el área de poesía durante el periodo 2014-2015. Obtuvo el Premio Estatal de Poesía Joven en el 2013, convocado por la Secretaría de Cultura del Estado de Guerrero. Autora de las plaquetas de poesía Naufragios (La tarántula dormida, 2011) y de Troya sobre una muralla (Editorial de Otro tipo, 2015). Aparece en la Antología de poesía para niños Triángulo del sol (Praxis, 2015). Algunos de sus poemas están publicados en diversos medios nacionales como Casa del Tiempo, Confabulario, Tierra Adentro y Este País.

A continuación presentamos una breve selección de poemas, del libro Una jacaranda en medio del patio (ISIC, en prensa):


Las primas de mi madre

Se casaron embarazadas

para guardar las apariencias

◊◊◊◊◊            la tía Becky,

◊◊◊◊◊            la tía Miriam,

◊◊◊◊◊            la tía Delia.

Todas ellas, ocultando en los tules

la barriga,

la deshonra

de no llegar virgen al matrimonio

—la torta antes del recreo—.

Sus madres estuvieron avergonzadas,

fue un día triste a pesar de la blancura de sus vestidos

porque mi familia —como todas las familias—

creía en la pureza y en la castidad

como si esas virtudes se les hubieran perdido

a las primas de mi madre,

como si la belleza fuera un asunto de pulcritudes.

Las primas de mi madre,

son bellas,

barrigonas o no,

dándole el sí a ese fulgor

que todas las mañanas les amanece

en los ojos,

en los cabellos.

 

II

Mi familia no sabe que se puede pasar por el pantano,

sin pisar el fango,

porque la belleza sí es algo

que no distingue el piso.


Cegueras

Con los ojos cerrados

—muy cerrados —

mi tía Delia llegó al altar.

De la mano de un hombre

cansado, poco formal,

impaciente,

poco confiable

y algo borracho,

mi tía Delia

le dijo que sí al juez,

le dijo que sí al destino triste,

le dijo que sí a los engaños,

a la vida precaria,

le dijo que no a sus sueños

de viajar por el mundo,

de tener una casa propia,

de hablar muchos idiomas.

Con los ojos cerrados

—muy cerrados—

mi tía Delia ya no sueña,

duerme sabiendo que su marido

sí sueña pero sueña con otras,

nunca con ella.

Mi tía Delia cierra los ojos,

abrirlos duele;

¿qué van a decir de ella si se divorciara?

no, es mejor no saber

si su marido miente

y si se esconde detrás de una cortina

para desear año nuevo,

para decir: te amo, mucho, bebé

eres el amor de mi vida, mi amor,

te mando muchos besos, corazón de mi alma.

Y es otra la que escucha

del otro lado del teléfono, no es mi tía.

Yo también escucho al marido infiel,

al cabrón escurridizo que miente,

salgo de la penumbra y lo miro

con los ojos abiertos

que no tiene mi tía.


Oficial Damián

 

Siempre la supimos diferente

pero nunca nos pareció rara.

Intrépida y valiente,

trepaba árboles

sin miedo a rasparse las rodillas.

Con ese mismo arrojo,

escogía disfraces que

difícilmente iban a encajar

en los estereotipos

mexicanos,

pero

no hacía falta encajar,

ella era nuestra prima,

como fuera que fuera

vestida o disfrazada

o jugando a ser Tarzán,

enseñándonos a las demás

a atarnos las agujetas,

enseñándonos trucos

en los videojuegos.

Con ella, aprendimos a ver películas de terror

sin tener pesadillas,

aprendimos que los prejuicios

o las miradas inquisitorias

no interrumpirían nuestros juegos,

nuestra vida.

II

A Shy nunca le gustó el color rosa,

nunca trajo vestidos a las fiestas,

se cortó el cabello todo lo corto

que se pudo.

Ahora es policía,

después de varios años lejos

ha vuelto a casa

con una insignia en el pecho,

la llaman por su apellido:

Oficial Damián

 


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