José Luis DF: Un nadie del rock de abajo

Por Alberto Colín Huizar

José Luis Díaz Frausto (alías José Luis D.F., en su nombre llevaba la penitencia) era un cantante de la periferia. Oriundo del oriente de la ahora llamada CDMX, creció entre claxonazos y smog. Recorría las calles de Iztapalapa, NezaYork y Chimalhuacan tocando su guitarra, poniendo letras y ritmos a las experiencias que vivía a diario como si fuesen descripciones densas. En su efímera carrera como músico, paso de escribir canciones de cumbia a proponer un “rock macizo”.

Durante sus años de carrera (finales de los años ochenta a mediados de la década de los noventa) grabo un solo vinyl titulado: Rock para todas las bandas. Sin apoyo económico, vendió su obra de manera personal y con mucho trabajo de autogestión se hizo reconocido en el barrio tocando sus rolas. Luego vendió sus derechos a una empresa más formal quien terminó remasterizando el álbum para renombrarlo: Atrapado en el smog [1]. En sus canciones relata la corrupción del Estado, la decadencia de la sociedad individualista, la pobreza, la exclusión, la drogadicción, la criminalización y los conflictos entre bandas urbanas.


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Sus canciones constituidas por acordes entre el blues y el rock nacional, acompañados de una armónica, ponían el respaldo musical a letras profundamente reflexivas del contexto. El potencial de la crítica social de sus letras resalta el México de los años ochenta desde la perspectiva de los sectores subalternos. En su canción Carne de presidio, relata:

Bajo la lluvia de la selva de concreto, huyendo de la justicia, se ve a un pobre valedor, lo han acusado de ser todo un delincuente nomás porque le ha gustado la música de Rock´n Roll. Él es un incomprendido y lo odia la sociedad, su banda tiene en el barrio y ahí se va refugiar. Ahora es carne de presidio, la ley lo quiere apañar, él pudo ser buen muchacho y ahora es un problema social.

A pesar de que se le puede atribuir el estilo de Rockdrigo González a sus canciones, su historia no debe compararse con la leyenda del profeta del nopal y el movimiento Rupestre. Es verdad que tuvo influencias de Rockdrigo, a quien le dedicó palabras en la canción Septiembre del 85, pero José Luis D.F. describió su propia realidad a partir de la identidad chilanga, situado en la colonia Vicente Guerrero, entre el exceso de drogas, los abusos policiales y las violencias cotidianas que se sufren en las colonias populares de la capital. En su canción titulada Masacre oficial decía:

Yo me pregunto hasta cuando tenemos que soportar, esos abusos de diario, la banda debe aguantar, si nos ven rocanroleando nos masacran de verdad y a todos nos van pillando, así es nuestra autoridad. Esa masacre es oficial.

Sus canciones no encuentran resonancia en todas las juventudes. De hecho es poco conocido. A algunas personas les parecería un músico bien grifo que escribía de cualquier locura, a otras les parece un naco, otras no entienden sus letras por el uso frecuente de regionalismos del barrio. Sin embargo, su influencia en quienes compartimos momentos en las calles, viviendo y sufriendo algunas de las historias similares a las que relata, nos deja huella. Nos recuerda la importancia de visibilizar las violencias en lo cotidiano, esas violencias que pasan desapercibidas porque nos acostumbramos a ser clasificadas(os) como indeseables. Las etiquetas impuestas sobre los barrios pobres [2] y los municipios asolados por la violencia (como Ecatepec) deben ser puestas en duda. Tal vez es la resignificación que puedo proponer desde la obra musical del buen José Luis.

Por último, de José Luis D.F. nos quedan sus canciones que nos recuerdan el caló del barrio. Pocos videos de sus conciertos se encuentran en la web [3], pero la mayor parte de su repertorio musical incluido en tres álbumes esta disponible. Con suerte, mientras viajamos en el bus o en el metro, alguna(o) que otra(o) cantante se avienta un palomazo de José Luis D.F, retomando canciones ya legendarias como La nave pvc y ¿Sabes que pasó? o quizá nos toca escuchar alguna de sus canciones en los toquines de rock urbano.

Su muerte llegó de manera sorpresiva, dándole un toque peculiar para cerrar la historia de un nadie del rock de abajo. Entre muchas historias dudosas sobre su fallecimiento que se pueden rastrear en internet, lo cierto –señala una nota de La Jornada- es que murió atropellado por un conductor alcoholizado. Fue el 16 de septiembre de 1995. La ambulancia tardó mucho tiempo en llegar. Luego del accidente, aún seguía vivo, recordó Julia [su hija]. Fue en el trayecto al hospital donde falleció. No se realizó ningún velorio ni tocada en su honor. Todo fue muy rápido [4]. Los últimos rayos del sol de aquel 1995 se llevaron a José Luis D.F. a contar historias en otro plano, mientras tanto lo recordamos como un relator de la vida en la periferia de la Ciudad Monstruo.

Referencias:

[1] Álbum completo disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=fe-hrQqZgWw
[2] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=iljUYUeL34c
[3] “Barrios pobres” en vivo en 1994. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=EqFqiz5clxU
[4] “José Luis DF hacía canción el caló del barrio; fue un cronista urbano”, en La Jornada, disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2016/01/05/espectaculos/a08n1esp

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