Carmina Mundana vs los hombres punks

La Ciudad de México es una pintoresca urbe donde el jefe de gobierno combate al acoso sexual en el espacio público con silbatos. Yo jamás he visto uno, no sé dónde conseguirlo pero asumo que su distribución debe estar sumamente restringida. Quizá la frecuencia de sonido que se activa al usarlos es tan fuerte que hace explotar los tímpanos de acosadores, ladrones y potenciales violadores en un radio de tres kilómetros… si es así, espero poder conseguir suficientes para mis amigas.

En esa ciudad habita un enorme gusano naranja que la recorre, si entras en él verás que hay algunas diferencias entre los vagones cargados de hombres y los exclusivos para mujeres. Para la mayoría de hombres ha terminado la jornada, sólo resta llegar a descansar y medio reponer fuerzas para el día siguiente, cuando sus músculos vuelvan a ser exprimidos para hacer girar el engranaje que mantiene vivo el mágico mundo de la producción.


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Por otra parte, muchas de las mujeres que ves en ese gusano [además de hacer lo propio para asegurar la continuidad de dicha maquinaria], aprovechan cada momento de cobertura telefónica para hablar por teléfono a sus hijos y a las personas que los están cuidando; dan las últimas indicaciones antes de llegar, mientras su mente repasa la lista de tareas diarias por cumplir. Para ellas el trabajo no concluye, el mundano sí, pero no ese otro lleno de amor, ese que representa la labor más noble y gloriosa del mundo; la maternidad, el epítome de lo inmaculado y también el trabajo por excelencia peor remunerado. Uno en el que, como amargamente señala Rosario Castellanos, “el jefe exige, los compañeros conspiran y los subordinados odian”.

El vagón llega lentamente a cada estación, rompiendo el estupor que satura el ambiente, tiene tantas personas dentro que avanza aletargado. Por fín sales del metro, de ese micro oasis de seguridad que es la sección de mujeres, te espera el taxista al que si le da la gana no te lleva a tu destino… cruzas esa esquina llena de vatos que siempre gritan cosas respecto a tus nalgas y lo que les apetece hacer con ellas, igual en una de esas se animan, por eso mejor hay que rodear esa parte (aunque implique 8 minutos más de camino).

¿Me preguntas que si los hombres punks me dan miedo en la noche?… Pues yo pienso que ésta, la cultura que insisten en defender, ha logrado que cualquier hombre desconocido que se me acerca en la calle me de miedo. Si lleva traje igual me cambio de banqueta. Si lleva lentes de montura negra y gruesa, corbata de moño y camisa de manga corta igual me quiero subir a un árbol… desaparecer… que no me vea… que no me siga.


Proyecto: Carmina Mundana
Texto: Melissa Benítez

Ilustraciones: O’tan Huerta

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