A propósito del tema Karla Souza: La diferencia en la cobertura del #MeToo en EEUU y México

Esta semana Karla Souza se convirtió en la primera actriz de peso en denunciar una violación por parte de un director en un programa televisivo con audiencia masiva.

Karla Souza revela que fue violada y humillada por un director de cine en México


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En la entrevista transmitida dentro CNN, no fue emitido algún segmento donde Souza revelara el nombre del agresor, pero no hay que dejar de lado que el mero de hecho de compartir lo sucedido es algo notable y de aplaudirse.

La falta de un nombre no fue pasado por alto en redes sociales, ya que algunos usuarios tomaron esta omisión para atacar a la actriz. Los trolls que criticaron a la actriz no tomaron en cuenta las razones, legales o personales, por las que una víctima no podría ofrecer el nombre de un violador de México.

Durante la noche, Televisa anunció un rompimiento con el director Gustavo Loza y la carta leída en el noticiero estelar liga este hecho con las declaraciones de Souza.

Televisa rompe lazos con director y productor luego de que Karla Souza reveló violación

Tanto en diarios generalistas como blogs informales, surgieron notas donde se retoman declaraciones [de hace años] inocuas de Souza acerca del uso de su sexualidad y las relaciones públicas. Estos contenidos no abonan a una empatía con la víctima y sólo buscan contrastar la valiente relevación de la actriz mexicana con una entrevista banal en un contexto diferente.

Por ejemplo, El Universal sacó una penosa nota titulada: Souza aceptó que coqueteaba para ganar personajes. Este contenido se basa en la mencionada entrevista con EstiloDF, en un contexto diferente y hace un par de años. Su existencia y publicación luego del scoop con Aristegui, no abona a una cultura de empatía.

Aunque en redes sociales no todas las posturas han sido críticas por la falta de un nombre o por declaraciones del pasado. Ha habido empatía:

Y por cierto, las respuestas al tuit de @ciervovulnerado son una muestra de que nos falta un sistema de apoyo como sociedad, para que las personas agredidas puedan denunciar con seguridad. La víctima tiene todo en contra al ser juzgado, vilipendiada y [en el caso de Souza] contar con entrevistas desenterradas de hace años para descalificar posturas actuales y un acto valiente (denunciar una violación y confesarse como la víctima).

Carmen Aristegui, tanto en su programa en la página web Aristegui Noticias como en CNN, dio espacio a Gustavo Loza para dar su versión (en un segmento más largo que la misma entrevista con Souza). El director de cine y televisión dijo que él tuvo una relación consensuada con la actriz pero que “eso no lo hace violador”. Él también indicó que el rompimiento con Televisa y el que la empresa lo ligara el día de antier con la actriz se debe a una rencilla empresarial añeja.

Este manejo mediático de lo que pudo ser el lanzamiento del #MeToo mexicano se ha visto golpeado por las reacciones insensible de usuarios comunes en redes, la cobertura poco empática de medios generalistas y el manejo al menos raro de tema Gustavo Loza por parte de una empresa que lo quemaría de manera velada (Televisa) y un puñado de medios que han dado foro al supuesto agresor sin seguir un protocolo adecuado.

En Estados Unidos, las respuestas por parte de los grandes medios a las denuncias dentro del #MeToo ha sido muy diferentes. Por ejemplo, sin pelos en la lengua los medios de Gizmodo/Univision han dado voz a las mujeres que acusan a Harvey Weinstein, sin generar contenidos posteriores donde las contrasten o descalifiquen.

En Jezebel, también han existido un análisis meta acerca de los hombres hipócritas que buscan notoriedad al condenar el acoso, siendo ellos mismos acosadores:


Tampoco hay que dejar de lado la historia que lo inició todo: la denuncia original contra Weinstein en el New Yorker y el New York Times. Por medio de periodismo de investigación y comprobación de fuentes, además de asesoría legal para poder denunciar a Weinstein y al mismo tiempo proteger a las denunciantes, ambos medios medios pudieron dar inicio a uno de los eventos más importantes de año pasado. Todo esto con buen gusto y sin caer en el amarillismo.

Incluso es notable el reconocimiento a Tarana Burke, la creadora del #MeToo incluso antes del hashtag. No hubo una avalancha en medios generalistas contra ella, ni se buscó en su pasado para quitarle valía. Esa es la diferencia de como son las denuncias en México y el escrutinio al que se someten las mujeres al exhibir un abuso.

Dylan Farrow, que por años ha denunciado un supuesto abuso sexual por parte de Woody Allen cuando era menor, también ha tenido respeto y un foro empático al hablar acerca del tema en este inicio de año. Es notable que medios no precisamente progresistas, como USA Today, han dado un tratamiento objetivo a la reciente entrevista de Dylan con CBS.

En el caso de Salma Hayek y su confesión para el NYT sobre las intenciones depredadoras de Weinstein sobre ella, desde los medios más rosas, pasando por otros diarios hasta blogs de cine independiente trataron con respeto su tema y expusieron sus puntos con empatía. Insisto, sin notas posteriores acerca de que vistió o que dijo en algún junket hace diez años que pudiera descalificarla.

Ahora, en los comentarios de Twitter y Facebook siempre habrá trolls organizados o usuarios insensibles, pero ¿por qué los mismos medios mexicanos tienen que ser tan injustos con las mujeres que denuncian un agresión? ¿por qué dar cabida a la duda y por qué darle incluso más tiempo al aire a los supuestos agresores?

Está para pensarse, ¿será esta cultura contra las víctimas lo que hará que realmente no comience un #MeToo mexicano?

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