Kobe Bryant y la lealtad a un equipo por siempre, un debate ético.

Esta semana se retiraron dos números de los Lakers de los Ángeles, el 8 y el 24, ambos de Kobe Bryant. Esos números jamás serán usados por ningún jugador que venga en el futuro a los Lakers.

En una entrevista en español, el campeón en 5 ocasiones de la NBA admite que aprendió español viendo La Madrastra donde actuaba Victoria Ruffo y que su día luego del retiro en las canchas se va trabajando en un escritorio y con sus hijas.

Sin embargo, pone sobre la mesa un debate sobre la lealtad y la ética. Kobe afirmó que el mejor momento de su carrera fue cuando decidió quedarse con los Lakers por siempre, aún en los momentos peores y cuando recibió ofertas de otros equipos, donde podía volver a coronarse y ser campeón.


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“Es muy fácil estar en un equipo cuando eres campeón, lo difícil es estar en los peores momentos, no puedes darle la espalda”

Kobe plantea un debate ético interesante. ¿Qué es más ético? ¿Quedarse en un equipo y nunca traicionarlo? ¿Irse a otro equipo para desarrollar sus capacidades y ser campeón?

Ninguna de las dos cosas parecería más o menos éticas. Las dos decisiones están bien. Una motivada por la lealtad, el compromiso, el amor, los sentimientos y el romanticismo. Otra motivada por el profesionalismo, la exigencia y la competencia. Ninguna de las dos decisiones tiene aspectos negativos o es menos ético.

En un sentido empresarial, es como si te quedaras en una empresa que va a la quiebra, una empresa que te dio muchas ganancias, riqueza y prestigio y que estés en ella hasta no tener nada. O la otra opción es decidir ir a otra empresa donde puedas seguir cosechando éxitos. En ese sentido, la respuesta sería fácil para todos, pero a nuestras figuras deportivas les exigimos perfección moral, un romanticismo irreal. Por eso fueron aplaudidos  los jugadres Buffon y Nedved cuando siguieron en la Juventus en segunda división, no hacerlo hubiera estado bien, pero seguramente hubieran recibido insultos de los aficionados de aquel club.

Pensemos en la política, pensemos en los “chapulines” ¿es ético dejar un cargo para buscar uno de mayor prestigio? ¿No es ético dejar un cargo de diputado federal para aspirar a ser senador? ¿O de gobernador para ser presidente?

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