Información y confusión: consecuencias del uso de Facebook tras el terremoto #19s

“El sismo ha sido un amplificador de la solidaridad, los asaltos, el cuidado mutuo, la intransigencia, la amistad espontánea, la desinformación y la confianza en los demás. Como toda salida forzosa de la normalidad, antes que cambiar a la colectividad, este acontecimiento la ha potenciado en todas direcciones. El sentimiento que predomina en mí, a pesar de todo, es de esperanza: saber que no importa quién seas, puedes ayudar, y no importa quién seas, serás ayudado, es el fundamento de la ciudad y el país en que quiero vivir.”

Así resumía César Alan Ruiz Galicia en su muro de Facebook las jornadas del 19 y 20 de septiembre en la capital de México. En medio de la emoción, miles o millones de capitalinos salieron a tratar de ayudar en la remoción de escombros, el auxilio a los heridos y aportando bienes de primera necesidad tras el terremoto: palas, cubetas, cascos, guantes, material médico, comida, agua. Los usuarios de las redes sociales generaban y difundían información sobre lo que estaba pasando en distintos lugares. Todo este enorme movimiento de solidaridad superó ampliamente al de las autoridades en las primeras horas. De hecho, los “voluntarios espontáneos” son los principales rescatistas en los momentos iniciales tras una catástrofe. En el terremoto de este 19 de septiembre, las personas que llegaron a ayudar lograron sacar supervivientes, acordonaron zonas de escombros, crearon centros de acopio, generaron listas con recursos para las víctimas y un sinnúmero de otras actividades.

Sin embargo, no todas las personas que se acercaban para ayudar pudieron hacerlo. A menudo se encontraban con que ya habían llegado miles de individuos al mismo punto, o que lo que habían traído respondiendo a un llamado ya no se necesitaba, y quizás se les necesitaba más en otro sitio… Al que llegaban después para descubrir a veces una situación similar.

¿Qué papel ha tenido el uso de Facebook en las horas siguientes a la catástrofe? De entrada, Facebook ha funcionado como una fuente primaria de información, al facilitar que ciudadanos anónimos registraran una necesidad y difundieran un llamado de ayuda. Muchas personas lo utilizaron para informarse, o incluso decidieron pasar a la acción tras leer llamados de ayuda en Facebook. Sin embargo, parece muy probable que también produjera importantes distorsiones en la circulación de la información y mucha confusión. Las distorsiones tienen que ver con la confusión temporal y la concentración del número de voluntarios en puntos concretos.

Distorsión del tiempo: en Facebook una publicación de hace horas puede aparecer en la página de inicio, pues los posts más comentados pueden presentarse antes que los más recientes. Hace falta fijarse en las letras chiquitas de cuántas horas lleva algo publicado para saberlo… Y, aun así, es posible que la publicación original en Facebook se base en una información que lleva ya un rato circulando por otras vías. Sin embargo, tras una catástrofe la información caduca muy rápidamente. Tras el terremoto, los posts pidiendo ayuda fueron compartidos una y otra vez. Cuando la gente llegaba a un lugar a menudo se encontraba con que el material que traían ya no se necesitaba, y ahora en cambio se necesitaba otro distinto. Una persona por ejemplo señalaba: “Ayer en el edificio de Zapata y Petén, pasaba que pedíamos unos botes, y llegaban como 30 botes y hasta comenzaban a estorbar”.

Al tiempo que lleva un post publicado hay que sumarle el tiempo de desplazamiento para llegar al lugar donde se pedía ayuda. Una buena idea entonces puede ser verificar la fuente y la hora en que se originó la noticia antes de saltar a Facebook, no compartir ningún post que tenga más de una hora máximo, y borrar o hacer invisibles por unos días los posts “caducados”.

Concentración de flujos de voluntarios: el uso de Facebook para decidir dónde ir a ayudar pudo propiciar desplazamientos más largos y complicados en una situación de colapso de las vías de comunicación. También fomentó que los voluntarios acudieran directamente a una dirección concreta, en vez de peinar toda una zona. Una chica señalaba que incluso en el triángulo de Colonia del Valle – Roma – Condesa había mucha disparidad en la afluencia de voluntarios entre unos edificios derruidos y otros.

El uso de Facebook también pudo influir en qué lugares recibían más voluntarios. Un factor a tener en cuenta es que las imágenes impactantes y los posts más dramáticos se viralizan más. Eso contribuyó probablemente a dirigir muchas personas deseosas de ayudar a lugares como la escuela donde quedaron decenas de niños atrapados en División del Norte. Llegaron desde distancias muy variadas, y su número aumentó tanto que quienes seguían viniendo ya no podían colaborar en el rescate, a pesar de la emoción y las ganas de ayudar. Otro ejemplo fue la noticia dramática de los derrumbes en San Gregorio Altapulco y Santa Cruz Acalpixtla, Xochimilco, agravada por el hecho de que al principio ahí no llegó ninguna ayuda, aparte de los propios pobladores. Como si de un movimiento de mareas se tratara, la información sobre la inicial escasez de voluntarios tuvo como consecuencia la llegada de muchos miles. Mientras tanto, el pueblo vecino de San Luis Tlaxialtemalco o la delegación de Milpa Alta tardaron más en recibir ayuda. La concentración del flujo de voluntarios hacia los dos pueblos más afectados de Xochimilco saturó rápidamente las estrechas vías de acceso, y una fila de ciclistas y peatones tuvo que trasladar a cuentagotas el material desde donde se concentraba el tráfico hasta los centros de acopio.

El uso de Facebook también pudo concentrar a los voluntarios en las colonias de mayor ingreso. Los medios de comunicación tradicionales tienen el sesgo de que tienden a interesarse más por lo que ocurre en las zonas más acomodadas, pero Facebook quizá también contribuyó a concentrar a los voluntarios en esas colonias. Las personas que residen o trabajan en tales lugares tienen en principio mayor capacidad para generar noticias en Facebook, porque poseen mejores smartphones, están más familiarizadas con las normas implícitas de la comunicación por redes sociales y sus contactos comparten esas características. Esto puede explicar en parte que en las zonas rurales de la capital se tardara mucho más en recibir voluntarios, y que apenas sepamos qué situación hay en las zonas rurales de Morelos.

En conclusión, igual que existe un cierto protocolo de cómo actuar en caso de terremoto, quizá se necesita también conocimiento de cómo ayudar en los momentos inmediatamente posteriores. Es importante antes que nada avisar de que se está bien. A la hora de dirigirse a un lugar a otro, probablemente es mejor revisar primero las necesidades que existen en la colonia donde uno está, y no desplazarse distancias excesivamente largas. Sería bueno no informarse únicamente a través de Facebook, sino también usar otras fuentes como Twitter, que crea menos confusión temporal y permite seguir a alguien que se encuentra en un lugar concreto generando noticias. Al usar Facebook, es conveniente verificar la fuente y hora de la publicación original y no compartir nada que tenga más de una hora. Al cabo de dos horas, borrar o invisibilizar el post “caducado”. Por último, es importante ser conscientes de que los sesgos asociados a Facebook o Twitter nos harán estar más informados sobre los lugares de donde existen imágenes impactantes, o donde los residentes tienen mayor nivel de ingreso y pueden comunicarse más fácilmente a través de estas redes sociales virtuales.

Es hermoso y da esperanza asistir a una movilización popular tan llena de energía y solidaridad entre desconocidos. Cuando pase la emergencia inmediata, llegará el momento de evaluar si los edificios dañados cumplían con los protocolos de construcción elaborados tras el terremoto de 1985, o encontrar a los responsables en caso contrario.

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