De cómo un grabado de Godzilla escapó de una exposición

Me contaron que en el guion original de Godzilla: King of the Monsters, escrito por Michael Dougherty —quien es el director— junto a Zach Shields y Max Borenstein, la lagartija nuclear tenía como primer depósito de su ira al Museo del Barro de Metepec. Una botanita antes de devorar la Torre Mayor de la CDMX. Al igual que ustedes, me mantuve escéptico hasta conocer los argumentos precisos. Una cosa es segura, si se hiciera una compilación de las escenas desechadas por los guionistas de Hollywood encontraríamos cosas realmente inimaginables. Si hacemos eco de nuestra memoria fílmica, sabemos que nada es excesivo ni disparatado para la industria cinematográfica.

Aquella extrañísima escena fue borrada porque, según las fuentes oficiales, no consiguieron los permisos necesarios de la dependencia correspondiente del Gobierno del Estado de México. El problema real fue que, en ese laberíntico y cruel círculo de la burocracia mexicana, el equipo de producción de la película pasó de una dependencia a otra sin que nadie supiera quién podía realizar el trámite. No resulta raro, la burocracia mexicana puede detener incluso al mismísimo Godzilla.

No, quien me contó el chisme no estaba pasado de copas. Tampoco yo había bebido demasiado. No me fie de tal anécdota, y puse en alerta mi sentido del olfato, me pregunté si se trataba de una gran historia o de una tomada de pelo.  Como buen periodista investigué un poco, y me encontré con una noticia que me dejó intrigado, estaba publicada en un periódico local de Toluca llamado Alfa Diario. El encabezado de la nota decía lo siguiente: “Godzilla visita Museo del Barro de Metepec”. ¿Se trataba de una broma? Por supuesto que no.

¿Por qué tanto alboroto con dicho museo? Leí con rigor metodológico la nota y saqué los datos esenciales. En aquel recinto ubicado en Santiaguito, Metepec, se alberga una exposición de grabados de manufactura nacional e internacional. Pero no se trata de simples grabados, sino de luboks. Los cuales son una forma de representación gráfica popular, que tiene su origen en Rusia. Impregnados de una fuerte dosis de humor, en la que se evidencia una crítica social, religiosa, política y moral, los luboks ilustran canciones, hechos históricos, acontecimientos políticos, sociales, culturales y literarios, de acuerdo a su época.

Si bien, los Luboks tuvieron su auge en el inhóspito siglo XVII ruso, esta literatura gráfica tiene a uno de sus exponentes más destacados en el joven grabador mexicano Alejandro Barreto, quien ha adaptado el formato lubokiano a la cultura popular mexicana. Así, podemos encontrar en estas obras de arte rusófilas a personajes del imaginario popular como el Chapulín Colorado, Kalimán o El Santo, también encontramos a destacados actores del siglo XX como Ninón Sevilla, Juan José Gurrola, Cantinflas o Tin Tán, y además, sin omitir este aspecto de crítica social y cultural, Barreto ha representado en su trabajo tanto al Hipster de la Condesa como al corrupto presidente Enrique Peña Nieto.

Godzilla —no faltaba más— también ha sido representado en luboks. Barreto creó en el 2011 un famoso lubok de Godzilla que le mereció el estupendo VII Premio de Grabado Internacional de la Fundación Vivanco. Este famosísimo grabado titulado “Godzilla destruye la Ciudad de México”, muestra al monstruo japonés enfrentándose a Quetzalcóatl y al personaje lovecraftiano Cthulhu. Este grabado ha sido expuesto en diferentes galerías alrededor del mundo, pero sólo en México sufrió un destino atroz. Fue robado del Museo del Barro durante los trabajos de montaje de la mencionada exposición.

Por supuesto, la nota que del diario toluqueño había sido escrita antes de que se suscitara el hurto. Posteriormente, sólo  El Gráfico, y algunos diarios sensacionalistas,  se dedicaron a comentar la nota, no sin un dejo de hilaridad. La obra no sólo era uno de los trabajos más valiosos dentro del formato lubok —por su calidad estética— sino que era un trabajo entrañable para el grabador. Y, ahora lo sabemos, también era una obra entrañable para los amantes de lo ajeno. Quienes, convencidos de que estaban frente a una especie de reliquia premonitoria para los coleccionistas de Godzilla, decidieron robarlo.

La noticia además de siniestra, me ha parecido digna de una historia oscura. El hecho me ha recordado el argumento de la novela El arte profano del escritor de best sellers Willson Leonard Shelter . En el libro, Shelter expone una situación dramática, bastante parecida a lo que he contado. Un artista gráfico ha sido víctima del robo de una de sus piezas emblemáticas. La razón: en la pequeña ciudad donde sucede todo están rodando la película de un famoso cineasta, por lo cual,  todos los productos que tienen alguna relación con el cineasta comienzan a cotizarse a precios perturbadores.  La pieza del artista gráfico era el retrato del cineasta. La novela narra las peripecias del detective Max Work por descubrir a los ladrones. Sin embargo, en un México sin detectives privados, ¿encontraremos el grabado de Godzilla?

*Un artículo ficcional basado en hechos reales

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