Los poemas desconocidos de Picasso

Pablo Picasso fue un pintor descomunal. Tan es así que ha sido considerado “el artista del siglo XX”. Sin embargo, esta faceta ha ensombrecido otra de sus manifestaciones estéticas, la de escritor. Por supuesto, la escritura de Picasso no es desconocida pues sus textos han sido publicados en diversas compilaciones por distintas editoriales de todo el mundo. Este pintor cultivó la poesía, fundamentalmente; pero también se dedicó a los textos en prosa y al teatro, de estos últimos destacan  “El deseo atrapado por la cola”, “Las cuatro niñitas”, y “El entierro del conde de Orgaz”. A continuación presentamos una breve selección de sus textos poéticos:


Poca vergüenza tiene el cristal

poca vergüenza tiene el cristal al que hacen

correr la voz mentirosa de la liebre

si su capa no flota atada al palo roto de su barca

que ni el carajo de su cresta podrá ya nunca

más reírse de la cuerda que cuelga del farol

si no fuera el azar el que manda

y la forma arbitraria de la sombra afilada por

la seda de su beso el estribo

y aún así y todo y a pesar de que ahora encerrado

ya está entre los cuatro muros del grano de la uva

sus ganas de cantarse al compás de la gota

de luz de la cazuela

que se está todo el día de rodillas y delante

del trapo tan sucio que gotea

el amor sentado en un rincón de la cocina se

entretiene cortándose las uñas

[7 de diciembre de 1935]


Minutos hormigosos

medio dormido y hecho una sopa tan campechano y fresco como una lechuga y sin un cuarto entre los pelos y con unos cojones que son bolsones llenos de oro y que viva la pepa minutos hormigosos muy zalameros con gusto de coquinas que dibujando a lo largo de su cuerpo todo el trajín de los dibujos que la adornan de acíbar y van helando cada flor de cada ramillete que se lo va comiendo crudo lo machacan de sus saltos de cabrito y se lo llevan en coche rodando como un duro sevillano hasta el cartel de las parrillas que se esconden los vencejos bajo el brazo echándose una larga el limón de aquel amarillo que rueda a lo largo de aquel nido de palomas torcaces de sus muslos rompiéndolas en terroncitos de azúcar abanicos de las patas de gallo del bordado de trompetas que apalean las medias del ciprés que va montando sobre la nata de la linterna mágica de los colores que lame la circunferencia angulosa y tuerta escuchando del brazo entretenida el canto de la larga parábola que la deshace fiesta del trigo sobre el mantel del sepulcro del retrato de la alegría meando entero el globo del olor de los cigarros jugando a la pelota debajo de las cortinas negras chorreando su cera clara de huevo embadurnando los cristales del baúl de la reliquia milagrosa del jamón de encajes derretido entre las sábanas de almendra tío vivo de tantas caricias y besos las cortinas de la música ratonera hilvanan sus ristras de cebollas sobre el morado que recoge con su cuchara la mata de sus cabellos la hoz pinta de azul el verde desangrado que se escapa del rojo anaranjado que lo aguijona y sacudiendo sus piernas el amaranto se descalza de la uña evaporada du bocal aux poissons


Divinamente puesto

divinamente puesto a secar sobre el plato de lentejas del alero del tejado de higos chumbos de la lengua helada que le acompaña con su cruz a cuesta el trapo viejo de la piel seca apolillada y sin dientes se va comiendo rabioso la espada que le atraganta y le escupe a los ojos figura geométrica deshecha en el ácido corrosivo que la tiene presa entre sus uñas a la garganta el desprecio que la torea de cerca no enjuga el paño que agita el grito que se inflama en el almíbar que baña el capotazo de lágrimas del cuero extendido a reír cara al sol

montón de senos verdeando del oído de sus aplausos cogidos por las uñas a las banderillas puestas cara a cara al sol que los torea las risas que queman sus plumas en el jarro se tiran a matar desde el alero del tejado

carro de la basura Reno de flores con sus ruedas de copas de vino tinto tirado por caballos de lágrimas azotados por las risas de unos niños sentados en el suelo en mitad de la calle repartiéndose una naranja mirada por el ojo de la llave la cara que gira sobre el vidrio los colores puestos en salmuera en la copa – moja su risa en la baba que llora el manojo de lágrimas puesto a secar piernas abiertas clavado en tierra partido en dos el aroma de la sombra que da el manojo de risas clavado sobre el rosal que asoma sus lágrimas por él silencio que se lo come – el pañuelo que cubría sus senos abre su ventana y enciende los farolillos a la tajada de sandía que arde en la cazuela los calamares

[13 de abril de 1937]

Nido de ratones

patas de las sillas de rejilla del comedor del nido de ratones del arado tirando de la noria sus orejas del plumero recortando con sus tijeras el percal de los sorbetes que se lo llevan de paseo por las nubes ojos de pollo del firmamento de miradas que se retuerce alrededor del palo de la barca borracha patar arriba sobre los escalones de la plata encaramada como un mono tomándose muy seriamente en serio encerrado en su olor dibujado a la pluma de las tintas de china del mantón de fideos con almejas que hace sus perentorias necesidades sobre el trozo de cielo que se rasca la espina entre los hierros de las nubes del verde manzana que tiñe su camisa del lío y las complicaciones de los juegos malabares del ovillo de hilos enredados a la severidad del pan moreno de las arquitecturas del aire puesto de pie muy tieso de orden y mando de las autoridades perspectivas llegando a tiempo y del color de los colores tiernos bollos de aceite rellenos de cabellos y de cintas pasta y jalea de membrillo Carmen y toréador prends garde (3) del frito de criadillas puesto sobre su hombro como un lorolas paredes que cuelgan de la tarde que se despega de sus mejillas a jirones canta callando sus remiendos rellenando de algodón sus ventanas y sus cierros la procesión de bocas que llaman a la puerta con sus lenguas hilan con la campana de la luz a cada grano de arroz sus abalorios de cada tren que sale del cortinaje lleno de avispas el silencio clavado al bastidor de la tela del tambor estalla como una madrugada sobre el vestido de las patas del nido de gorriones del agua que baja por la escalera del cohete

que se llevan tendido en el hule de la camilla del queso podrido de las afectuosas reverencias y rodillazos del montón de ovejas negras de todos los azules desteñidos del color pardo que se mete por las narices de los pliegues de la camisa en cruz de la larga cabellera de los muslos del chorro de plumas de la red de escamas del manojo de saltos del ala de perfumes que los van arrastrando por esos sueños el vuelo de naranjas abanicos meando bien abiertos luciérnagas lamiéndose los labios puestos alrededor del ojo a la hora justa del pozo que tira de la mantilla de moras el cubo lleno de noches de verano de sedas violetas y del color de su piel trozo de pan que se va tosiendo y poco a poco al otro inundo soplando en espirales sobre el techo del cuarto los pliegues de luz de la rueda de persianas

entornadas a pique al fondo del mar de la cama deshecha entre las rocas de la marea. de las sábanas que miran detrás de las rejas del sol presas entre sus garras la claridad llena hasta el borde de la penumbra. vestida de máscara y de fiesta mayor embalsamadas las caras de los dos espejos que se miran


La estúpida vejez

la estúpida vejez carajea y espanta metida entre las faldas a los pedos que roen su nariz de tantas necedades dichas derechas a la izquierda de la verdad torcida de tanto apoyarse bajo el infamante peso de lo sabido y aprendido por el lavativazo que tantos libros de cocina reduciendo el encomio con su salsa más negra hicieron rebosar la letrina con el solo tocar de su pincel de magia despacito y callando y disparando tiros al cartero que huele cada letra y la hace prisionera nada más que mirándole debajo de las faldas su olor de primavera nocturna nada más que el sosiego que trae debajo de su brazo es bastante para que aúlle el perro y se le coma el hueso artificial y se trague la noche el recuerdo de la visita hecha diciendo que aquí me las den todas las dos ahora que ya cerca de llegar a la una de esta madrugada hoy que es ya 19 de este mes de noviembre del año XXXV voy a apagar la miserable bombilla que está cogida por los dientes a mi cama para poder dormir y levantarme temprano y enviarle enseguida con la punta del pie un ramillete de carajos rascacielos

[18 de noviembre de 1935]
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