Camila Moreno “zafó”, pero no todas han zafado…

Ella es Camila Moreno, una cantautora chilena que me gusta un montón. Sobre todo ahora que en la CDMX ha dejado de hacer calor; llegó la época de sacar las botas de lluvia, el paraguas y el playlist que, encabezado por las viejitas de Shakira, también incluye canciones como esta:

Si eres morra, además de una trágica relación amorosa, Camila y tu tienen algo más en común. Y es que también ella ha sido acosada, tocada sin su consentimiento y violentada por una expareja. A Camila –al igual que a ti y a mi– la han parado desconocidos en la calle para enseñarle un pene que nunca pidió ver; a Camila también le han dicho que ese tome con humor el manoseo del güey que la asaltó de noche; a ella también la han intentado “calmar” con un “no es para tanto” (porque obvio la violencia es normal); igual han invalidado su opinión o participación en discusiones adultas porque menstrua y como está muy ocupada controlando “su naturaleza” las hormonas le impiden pensar.

Además de repasar desde otra voz las muchas violencias a las que nos enfrentamos todos los días, lo más valioso de la carta que Moreno publicó en su facebook, fue su “salida” como feminista.

Y es que comenzar a llamarte “feminista” es un proceso (más que nada) doloroso que empieza por la negación: ¿Yo?, ¿víctima?, ¡jamas!, si ya puedo votar, nunca nada malo me ha pasado por el “simple” hecho de ser mujer.

Luego sigue la justificación:

“Bueno, pero es que a los hombres también los matan”, “Es que yo lucho por la igualdad, no quiero tener privilegios”, “Las cuotas de género no sirven de nada”,  “¿Qué?, ¿tengo que votar por Josefina solo porque es mujer?. Si es más culera que los demás candidatos. ” y muchas más vergonzosas afirmaciones.

El tercer paso es algo así como el recelo de la casi aceptación. Viene cuando empiezas a aceptar que puede que sí la tengas más difícil porque eres morra, porque andas sola. Que es “molesto” que te manoseen en el transporte público, que igual no es “gracioso” que te pregunten si estás en tus días, que se siente raro que tus amigas de Guadalajara te digan que no te preocupes, que ya pronto encuentras marido con camioneta; te das cuenta que sí, a las mujeres las matan por el hecho de ser mujeres y que la violencia con la que lo hacen es terrorífica. También empiezas a notar que vives inmersa en una cultura de la violación que normaliza las agresiones y las justifica. ¡Mierda!. Pero, ¿feminista?, eso es como muy radical y exagerado, ¿no?.

Y de repente, ¡BAM!. Un día despiertas y te das cuenta que si algo es exagerado es el maldito patriarcado come cerebros que asesina mujeres y fomenta la impunidad, la pinche impunidad. Pero igual te das cuenta que el solo hecho de autoproclamarte feminista es un acto de resistencia y de combate al machismo. Porque sí, hay que nombrarlo, señalarlo y perseguirlo para erradicarlo. Que sí, el feminismo es incómodo, pero si a alguien le debería dar vergüenza es al idiota que te dice “feminazi” porque resulta que también eres una persona. Igual notas que efectivamente, puedes ser amiga/amar/querer a alguien con pene, pero que sí, es momento de repensar todas tus relaciones y aprender a decir basta cuando no son sanas. Aquí también es cuando te das cuenta que hay muchos tipos de feminismos, que no hay reglas, que siempre vas a estar llena de contradicciones, pero que es un PROCESO de deconstrucción, de repensar mil cosas y de buscar nuevos caminos.

Luego ya le subes al nivel, empiezas a notar que no solo es el hecho de tener una vagina, sino que viviste angustiada por años por no ser “flaca”, que ser güera o más blanca que morena es un privilegio, que haber ido a la universidad también lo es, que no puedes juzgar a “otras” por no pensar igual que tu, porque recuerdas que sí, tu también fuiste así y gracias a una paciente feminista es que estás aquí. Te das cuenta que no hay “UNA” forma de ser feminista, sino que hay miles.

Y luego, no se… el viaje continua. Conforme pasa el tiempo supongo que vas adquiriendo superpoderes como el de abolir la heteronormatividad, hablar 24/7 con lenguaje incluyente, dejar de competir con otras morras inconscientemente, reconocer y combatir tus privilegios en todas las áreas de la vida, te haces vegana, ya no vives con contradicciones y no se, yo todavía no paso ese nivel. Pero pues justo no es una competencia para ver quien es la más feminista, porque cada una va a su tiempo y en sus formas. Y sí, eso es bonito y está bien.

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