Siete canciones existencialistas para sobrevivir la semana

La filosofía no sólo está en los densos volúmenes de Copleston o en las mullidas barbas de profesores que no se quitan el saco ni durante el verano. También se puede encontrar en la música de todos los tiempos. Si no sabes a dónde vas en este mundo, quién eres o para qué naciste, no prometemos que esta playlist te dará las respuestas, pero encontrarás que hay muchas personas que se lo han preguntado antes que tu, y que por tanto, no estás sól@, camarada.

Hemos recopilado arbitrariamente los siguientes tracks para que te hundas placenteramente en tus preguntas durante cada uno de los siete días de la semana.

Blowing in the wind

Empezamos con el jubilado más triste del mundo, Bob Dylan. “Blowing in the wind” es un himno sobre la búsqueda humana del amor, solidaridad, reconocimiento y existencial. Cuando la escribió, Dylan era un joven profeta que sabía atrapar en las palabras adecuadas los sueños y temores de toda una época.

Ese muchacho de pelo revuelto supo anunciarlo todo, salvo su propia debacle. Hoy muchos no le perdonan que se haya convertido en una caricatura de sí mismo. Nosotros si se lo perdonamos, porque es un genio, y además, porque siempre hay puntos ciegos en la mirada de los seres iluminados.

¿Qué hacemos aquí? “La respuesta está en el viento”, anuncia Dylan. “Lo único malo -respondería otro grande, Javier Krahe- es que nadie habla viento”.

An american prayer

Morrison es un símbolo de una juventud inquieta que asumió la filosofía y la poesía como variantes del desenfreno. Inspirado en autores como William Blake, Arthur Rimbaud y Joseph Campbell, escribió letras con un halo iniciático, de una profundidad y un refinamiento inusual en el rock.

Antes de entregar su cuerpo a un último sacrificio de heroína, Morrison les regaló a sus compañeros de banda su libro de poemas. Ellos eventualmente lo musicalizaron, a partir de las grabaciones dispersas que Jim realizó. An American Prayer es un canto a las fuerzas absolutas que nos prodigan la gracia de gozar los placeres del mundo: “Oh, gran creador del ser / concédenos una hora más / para realizar nuestro arte / y perfeccionar nuestras vidas”. Puede que no sepamos por qué estamos aquí, pero ya que vinimos, hay que entregarnos a la danza, la embriaguez y el agradecimiento a lo divino que habita en nosotros. Este track, miel quemada para los sentidos. 

Cementerio Club

Spinetta decidió volarnos el cerebro en 1973, cuando siendo integrante de “Pescado Rabioso” publicó el album “Artaud”, un disco que ha marcado a generaciones de músicos y que nos sigue maravillando por su profundidad temática y su aliento existencial.

Cementerio Club es una liturgia melancólica en que la ausencia del ser amado, el terror del poeta ante el abismo de la muerte y el misterio de Dios se entremezclan, arrojándonos a una corriente de sensaciones vaporosas. Con elegancia, Spinetta nos permite visitar el cementerio de los vivos: la soledad. El taciturno requinto, por cierto, te sonará familiar, ya que fue ejecutado por Cerati, a manera de homenaje, en la versión unplugged de “Té para tres”.

La estatua del jardín botánico

Radio Futura es una banda española que marcó época durante los años ochenta y a principios de los noventa. Su vocalista y letrista, Santiago Auserón, -alias Juan Perro- se licenció en filosofía en la Complutense de Madrid y tomó clases con Deleuze en París, por lo que más allá de los ritmos pop del grupo, sus composiciones traslucen aspiraciones intelectuales y existenciales inquietantes.

Aunque la letra de esta canción es misteriosa y no podríamos asignarle un solo sentido -eso es lo rico- hay razones para considerar que el hilo conductor es el tiempo y nuestra actitud dubitativa ante la realidad. Auserón nos ubica en ese “jardín tan extraño” que es el mundo, en donde permanecemos a la espera de algo, ya sea un eclipse, un signo, o un evento trascendental. Tanto esperamos, sin embargo, que llega un punto en el que no recordamos la razón de nuestra espera.

La lírica de Auserón nos ubica en el desencanto. Ya conocimos “las ilusiones” -de Dios, del hombre libre, de las comunidades utópicas- y resultaron todas falsas. Así, transcurre nuestro tiempo vital, y dado que nunca “tomamos una determinación”, nos convertimos finalmente en “estatuas”. Lo único que se mantiene en movimiento son las ideas, y ellas son esos “peces” que nadean en las aguas del pensamiento.

Esta canción bien podría utilizarse en las universidades para explicar la posmodernidad y las dudas que inmovilizaron a muchos ante la caída de los grandes relatos. Como dato importante, Bunbury usa los primeros versos de Auserón para introducir “Alicia” en el disco “Pequeño Cabaret Ambulante”, a manera de homenaje.

Bocanada

Gustavo Cerati logró articular ritmo, elegancia y profundidad musical en su obra, tanto en su colaboración con Soda Stereo, como en sus discos en solitario. Si con “La Ciudad de la Furia” en su versión unplugged decantó, al lado de Zeta y Ficicchia, el sentido musical del grupo, en Bocanada logró desplegar su estilo personal en su máxima expresión.

Bocanada es un hipnótico ir y venir, tan suave como envolvente. Cerati nos ubica en el espacio que se abre entre los amantes cuando se hunden en su propio silencio. A tod@s nos ha pasado que comenzamos a sentir una extraña incomodidad cuando, estando con nuestr@ peor es nada, la pasión ha sido saciada y el deseo desaparece. Bocanada es ese momento en que descubrimos que luego de hacer el amor como locos, estamos de nuevo sólos, que seguimos desvaneciéndonos en el tiempo, que hay algo incomunicable habitando en cada uno y que eso nos carcome.

Cerati logra retratar la escena crucial del mundo moderno: cuando nos hundimos en el placer, y luego, en la nada. La pieza abre por eso con un gemido, en el minuto 0:17, para cerrar con un paisaje musical marítimo, que se pierde frente al mar. El placer, acaso el único consuelo de los mortales, no siempre consuela.

Nature boy

Nature Boy es una canción compuesta por Eden Ahbez que captura la eterna búsqueda de los seres humanos por alcanzar sentido, misma que no necesariamente culmina con la triste verdad de que estamos solos frente al infinito. La obra usa la alegoría de un encuentro con un extraño y delicado viajero, quien ha ido hasta el fin del mundo, más allá de los mares y de las tierras lejanas, y que luego de mirar por encima de las apariencias, tiene un mensaje qué compartir: lo más maravilloso que nos puede pasar es amar y ser amados en reciprocidad.

Más allá del Yisus Craist, el amor suele ser la respuesta final de quienes alcanzan la trascendencia. Como el viajero de Nature Boy, hay artistas que han recorrido el mundo, se han follado a la luna, se han empapado de cinismo, han querido morir, se han revolcado en su propia porquería, y al final, regresaron con el mensaje de que el amor es lo único que necesitábamos desde el principio. “All you Need is Love” de The Beatles o “All is full of love” de Björk dan testimonio de eso.

Esta canción ha sido interpretada por artistas como David Bowie, Ella Fitzgerald y Miles Davis. Sin embargo, esta versión de Nat King Cole es sublime.

Shine On You Crazy Dimond

Esta famosa pieza, compuesta en honor de Syd Barrett, fundador de Pink Floyd, es una síntesis lírica y musical de esas espirales en que puede caer nuestra mente cuando se enfrenta a los sinsabores de un mundo que se antoja insoportable, sobre todo cuando entendemos que los idiotas mandan y que no están bloqueadas las salidas de emergencia para quienes tienen sus propios colores en la cabeza.

Las subidas y bajadas de ritmo de la canción no son casualidad. La composición está atravesada por la bipolaridad del universo mental de Barrett, y pasa del más hondo lamento “You reached for the secret too soon / you cried for the moon” para elevarse después a la arenga “Shine on you crazy diamond!!!”. Más adelante, aterrizamos en profundidades inauditas con una guitarra repetitiva y un down instrumental, para terminar como montados en un caballo que lanza fuego por los ojos, por obra de un crescendo de saxofón hacia el final de la pieza.

El sentimiento de pérdida hilvana la obra. Damos vueltas sobre lo que se fue, ya sea un amigo, una mascota o incluso la capacidad misma de contacto con la realidad. Pink Floyd realizó esta pieza para tematizar el papel de la locura en la vida humana, ese momento en que la luz de la inteligencia se convierte en una pasa seca y caemos interminablemente en nuestros pensamientos. Si, existimos, pero sostenidos por una tabla que apenas flota en nuestros procelosos mares interiores.


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