El infierno de la elección en el Estado de México

Nos despertó el ruido de las patrullas. Trato de calmar a mi esposa, mis hijos lloran porque han sentido la tensión. La noche anterior habíamos descubierto que un hombre vigilaba nuestra casa. Para ellos somos basura, ni siquiera el enemigo. En este lugar del Estado de México las cosas andan como en el infierno.

Días antes recibimos amenazas de muerte. Hace unos días dejaron cerca de nuestra casa un montón de cabezas de cerdo, con sangre artificial y cruces de madera, también arrojaron una lista con nuestros nombres. Seré sincero, he visto cosas peores. Pero hay gente que sí les causó temor.

Yo no tengo armas pero, a pesar de mi propio miedo, tendré que rifármela en el callejón sin nombre y sin número de esta orilla del mundo. Soy representante de “la oposición”, ese maldito membrete que en realidad es una marca en la funesta en la frente. No diré nombres, pero ustedes saben de qué partido soy militante.



Represento a la única oposición posible en una guerra de hijos de puta. Si me expreso así es porque estoy encabronado, me duele el estómago, las sirenas siguen sonando, desde la ventana veo a los policías bajar de las camionetas.

También tengo miedo, pero este sentimiento me ha acompañado desde que empezamos la campaña. Desde aquellos primeros días vimos que las cosas andaban gruesas. El primer día aventaron petardos a la casa de campaña, cuando levantamos la denuncia sólo nos miraron con sorda. Dijeron que eso pasaba porque la gente ya estaba cansada de la grilla, que ya no quería más partidos políticos. Porque “todos son la misma mierda”.

Espero que esto sirva de testimonio, por si me “levantan”. Otro maldito eufemismo para encubrir mi homicidio, para dejar mi nombre entre el cúmulo de estadísticas de la muerte. Es mejor decir por si me aniquilan. Sí, eso es lo que han estado haciendo con nosotros, erradicarnos, poco a poco y estratégicamente. Hace unas horas desaparecieron a dos compañeros míos. A uno lo jodieron en Atlacomulco, esa ratonera de criminales que es el bastión del PRI. Al segundo, en Metepec.

Espero que esto sirva de testimonio, por si me “levantan”

Diré el nombre de mis compañeros porque quiero que no se olviden: Óscar Juárez Cárdenas, y el otro tiene el mismo que tú.

El mensaje me cayó como un balde de agua fría, me dijeron que tuviera cuidado. Todos los que participamos hemos tenido las mayores precauciones, pero ¿qué medidas se pueden seguir cuando la misma policía es el brazo más fuerte del PRI?

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Ellos fueron “levantados”. Así hace política el PRI, esta es su más efectiva forma de hacer campaña. Hoy es 4 de junio y la gente sabe que hagan lo que hagan va a ganar el pinche PRI. Esto no lo digo yo, lo dice la gente. Nomás hay que escuchar bien para entender lo que en verdad está pasando.

“Si gana Delfina, se la van a robar”, “el fraude está hecho aún antes de las votaciones”, “de todos modos va a ganar Del Mazo”. Ya nadie quiere al PRI en el Estado de México, pero muchos necesitan el dinero que ofrece. Esta es una realidad dolorosa, porque todos se quejan de la podredumbre pero la necesidad es cabrona.

La mayoría acepta cualquier limosna,  lo que fuera por su voto, “si de todos modos va a ganar el PRI mejor me chingo algo”. Su miseria duele, porque no sólo es económica sino moral. Por eso los odio, pero al mismo tiempo los entiendo. Me siento frustrado, y  a la vez, el estúpido miedo me paraliza. Sólo quiero huir con mi familia, salvarnos. Ya no se puede soñar, los sueños también tienen precio y color. La policía toca mi puerta. “Toca” es un decir, lo que realmente hacen es patearla.

Los golpes cada vez son más fuertes, es como si en realidad me estuvieran golpeando la cabeza. Me duele el cráneo, es un dolor horrible. No lo soporto.

 

*Este texto es una ficción basada en hechos reales

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