Políticas públicas, ¿del escritorio a la comunidad o de la comunidad al escritorio?

Una colaboración de Nosótricos Tik-Tak
Autora: Patricia Robles Muñiz 
Colaborador: Alejandro Larios Barrientos


¿Alguna vez has conocido gente que opina de tu vida sin entender de fondo tus problemas? ¿Tus amigos, vecinos o familiares te han dado soluciones que no encajan con tu realidad? Parece que esto es común en nuestra sociedad. Existen situaciones en las que la gente da consejos sin conocer nuestros problemas de raíz. Resulta sencillo opinar cuando no se vive una problemática desde dentro. Obviamente, para muchos esto genera enojo, y claro, por qué permitiríamos que alguien generara soluciones en nuestra vida sino entiende lo que nos pasa. Pero, ¿por qué nos oponemos a este tipo de situaciones en el ámbito privado y no levantamos la voz cuando las realiza el gobierno?

Las soluciones que ofrece el gobierno por medio de políticas públicas también se hacen sin conocer a profundidad las problemáticas. El gobierno invierte en proyectos que, a primera vista, podrían ser la respuesta a necesidades sociales. Sin embargo, frecuentemente sólo resuelven las consecuencias de un problema, o sólo una pequeña parte de los retos tan complejos a los que se enfrentan. Así, por ejemplo, la instalación de cámaras públicas de vigilancia se ha vuelto común en las estrategias para combatir la delincuencia. Pero la respuesta a la inseguridad va más allá de tener cámaras en las calles. Tal parece que ignoran que la inseguridad se da por un conjunto de factores que rompen el tejido social. ¿Será que no entienden cómo se vive el problema en la vida real? Seguramente si escucharan lo que pensamos los ciudadanos que vivimos día a día acciones delictivas, las soluciones serían muy diferentes.

Así como las problemáticas ciudadanas son complicadas, la falta de sensibilidad para entender demandas sociales también lo es

Pero, ¿por qué pasa esto en México? Así como las problemáticas ciudadanas son complicadas, la falta de sensibilidad para entender demandas sociales también lo es. Sus causas son una serie de aspectos que habrá que analizar a detalle. En este artículo mencionaremos sólo algunas razones que consideramos relevantes, más no pretendemos decir que son las únicas.

La tendencia: el enfoque vertical

Actualmente, el gobierno en su búsqueda de proveer servicios y bienes públicos de manera eficaz, transparente, y hacia objetivos claros, guía sus acciones con instrumentos internacionalmente reconocidos (Pérez-Jácome, 2012). Tal es el caso del presupuesto basado en resultados promovido por CONEVAL y la SHCP, o las Evaluaciones de Impacto que se han popularizado en México recientemente, también los análisis costo-beneficio, y no olvidemos el uso de la Metodología de Marco Lógico (MML), por mencionar algunos ejemplos. Aunque implementar estos mecanismos ha sido un acierto en el país, el enfoque vertical con el que se llevan a cabo en México, limita el mejoramiento de políticas públicas. Esto es porque:

  1. Se enfocan a cuantificar resultados, sin entender de fondo los porqués. Es tanta la importancia que se le ha dado al número final en los indicadores de resultados, que se ha ignorado cómo se generan, o qué es exactamente lo que miden. De aquí que la frase de CONEVAL sea “lo que se mide, se puede mejorar”, pero, CONEVAL ignora que lo que no se comprende, no se puede medir, o se mide mal. Consecuentemente,  CONEVAL evalúa dimensiones poco relevantes en sus categorías. Como ejemplo está su medición de “acceso a servicios de salud”. Dicho aspecto se centra en conocer si cuenta o no el ciudadano con un derecho o inscripción de servicios médicos, pero nunca profundiza en si los servicios son de calidad, si se atienden de manera humana a las personas, o si los servicios funcionan para mejorar la salud. ¿Qué caso tiene saber si tengo acceso a un hospital donde tardo 5 meses para agendar una cirugía que puede salvarme la vida?
  2. Tienden a generar soluciones universales sin adaptabilidad a contextos. Esto es: se implementan políticas nacionales sin contemplar riesgos o diferencias regionales. Por ejemplo, el caso del programa del Gobierno Federal en el que se regalaron computadoras portátiles a niños de primaria. Aquí, mientras en el Estado de México la gente las utilizaba de manera, más o menos efectiva, en Tabasco se empeñaron los dispositivos para satisfacer las necesidades inmediatas de las familias (Diego, 2014).  Y es que no es lo mismo implementar un programa en Nuevo León que en Oaxaca ¿verdad?
  3. Asumen a los procesos sociales como lineales. Es decir, si pasa “a”, después vendrá “b”, y luego “c”. No obstante, los procesos sociales son inciertos, están sujetos a diversas interacciones entre la gente y eventos en el tiempo. Por ello, se termina por sobre-estimar la influencia que tiene la intervención en atender el problema público (Jacobs, Barnett & Ponsford, 2010).
  4. Las soluciones recaen en la visión de “expertos”, quienes al no conocer las necesidades sociales de primera mano, desarrollan proyectos desconectados de la realidad. Por ejemplo, como respuesta a la falta de lugares de recreación, se han construido canchas de futbol, que una vez terminadas, no se utilizan porque el clima no permite practicar este deporte, o los pobladores querían un parque de patinetas, o no es seguro jugar en ese espacio, entre otras razones.

Todo lo anterior implica un gasto de recursos públicos en soluciones que impactan poco la vida de los mexicanos.

La respuesta: ¿la participación?

Como respuesta al entendimiento superficial de problemáticas y dinámicas sociales, autores como Chambers (2004) apuestan a la inclusión ciudadana en todas las etapas de los proyectos. De acuerdo con esta idea, los procesos participativos permiten a la gente incidir en las iniciativas. Sin embargo, en el contexto mexicano la  “participación” también tiene problemas complejos que limitan su potencial.

  1. La palabra de moda en discursos políticos. Pese a que “la participación ciudadana” se ha convertido en una idea recurrente en los discursos políticos, y claro ¿quién se opondría abiertamente a integrar opiniones de los ciudadanos en sus programas?, en la práctica pocos la llevan a cabo. Quienes lo hacen,  tienden a ver a la participación desde una perspectiva liberal guiada por la democracia a través de representantes. Lo que nos lleva al siguiente reto.
  2. El problema de la representación. Son pocas las ocasiones en las que se toma en cuenta la opinión ciudadana, y en las que se hace, existe un mal entendimiento de que la sociedad civil organizada o los líderes comunitarios representan la verdadera opinión del resto de la población. Por tanto, los asuntos que se llevan a la agenda bajo la bandera de “proyectos ciudadanos” comúnmente representan inquietudes de un pequeño grupo (Cornwall, 2008).
  3. La apatía de la ciudadanía a participar. En el país hay un hartazgo y una desconfianza generalizada a los procesos participativos. Esto se da principalmente, pero no exclusivamente, por los esfuerzos deficientes del gobierno para integrar a los ciudadanos. Es común que “participar en soluciones” se haga a través de procesos superficiales como las consultas previas. En éstas, únicamente se cuestiona si se aprueban un proyecto que ya fue diseñado y planeado por externos. De tal forma, que se limita a la población a decir: sí apoyo o no apoyo, pero no a originar soluciones conjuntas. Por si fuera poco, la existencia de consultas no asegura que su resultado sea considerado o respetado, lo que refuerza la idea de que la participación no sirve.

Entonces, ¿qué se puede hacer al respecto?

Es importante entender que no existen soluciones universales. Pero, sin duda, si nuestro vecino, amigo o familiar se acerca a comprender lo que estamos viviendo, sintiendo y enfrentando, sus consejos serán un poco más acertados. Por tanto, la participación parece ser un buen camino si se lleva a cabo de manera efectiva. Abrir espacios de verdadera participación permitirá que la gente exprese sus necesidades, que propongan propuestas y que evalúen las soluciones dadas antes y una vez que se implementen.

La participación parece ser un buen camino si se lleva a cabo de manera efectiva
Y, ¿cómo se llega a una participación efectiva?  Se necesita sumar esfuerzos de todos los actores involucrados. En primer lugar, es necesario que el gobierno y los tomadores de decisiones otorguen a los ciudadanos mayor espacio de incidencia. Los instrumentos utilizados por el gobierno tienen importantes áreas de mejora si se integra la visión de TODA la gente. En segundo lugar, los ciudadanos necesitan levantar la voz para hacer valer su opinión, iniciando en círculos comunitarios y con el objetivo de influir en esferas de poder. En tercer lugar, las asociaciones civiles deben acercarse a la sociedad y recoger sus verdaderas inquietudes. Por último, la academia y consultoras de políticas públicas, puede  dedicar investigaciones al tema, probando enfoques participativos como principal herramienta.

Claro que la participación es solo una vaga idea de lo que se puede realizar. Existe una variedad de posibilidades para resolver la falta de entendimiento de los retos sociales. Con este artículo, por ende, no buscamos brindar una solución exclusiva, sino invitarte a la discusión sobre el tema, y así, encontrar más caminos que puedan dar respuesta a lo que se expuso.


Nosótricos es un grupo de consultores que generan políticas públicas sustentables y efectivas. Por medio de metodologías  participativas, analizan “qué funciona, cómo funciona, en qué contextos y por qué”.


BIBLIOGRAFÍA

Cornwall, A. (2008) Unpacking ‘Participation’: models, meanings and practices. Community Development Journal, 43(3), 269-283.

Chambers, R. (2004) Ideas for development: reflecting forwards. IDS Working 238. Brighton: Institute of Development Studies.

Diego, Juan Manuel. (2014). Pedirán a casas de empeño no aceptar tablets escolares. El Universal. Obtenido de: archivo.eluniversal.com.mx/estados/2014/tablets-casas-empeno-tabasco-1031592.html

Jacobs, Barnett & Ponsford (2010) Three Approaches to Monitoring: Feedback Systems, Participatory Monitoring and Evaluation and Logical Frameworks. IDS Bulletin, 41(6), 36-44. Brighton: Institute of Development Studies.

Pérez-Jácome, D. (2012) Presupuesto basado en resultados: origen y aplicación en México. Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

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