Maternidad subversiva

Sucede que algunas decidimos parir con todo en nuestra contra. Devenimos madres y nuestras hijas son las hijas de la chingada, las hijas de puta, las hijas de perra. Ellas son nuestras crías: las brujas son las únicas que pueden parir monstruos. Nuestro cuerpo es el eslabón/ enlace animal, en nosotras se carga la sobrevivencia o la eliminación de la especie. Por esas razones nuestro cuerpo ha sido despojado de nosotras mismas, gracias a la ciencia, a occidente y su razón médica. Por eso lo desconocemos, e incluso por momentos, lo odiamos.

Nuestro cuerpo es el eslabón/ enlace animal, en nosotras se carga la sobrevivencia o la eliminación de la especie.

¿Quien quisiera parir ahora? Cuando estamos destinadas al éxito, a ingresar a la universidad, a ser trabajadoras, a acceder a todos los formatos de consumo. Porque de lo que se trata es de consumir. Los hijos básicamente “estorban” para realizarnos, y lo escuchamos de nuestras hermanas: “si no tuviera un hijo… no repetiría el ser madre… no lo recomiendo”. Ser madre se convierte en una carga porque en nuestro cuerpo y en muchas de sus experiencias, lo es.

Sin embargo, la maternidad no es exclusivamente personal, es social. Las diversas formas de gobierno lo saben, y los programas de asistencia distribuyen el dinero a las madres, porque en ellas está el bien de la nación, y si no, nos hacen responsables de criar machos. En nuestro cuerpo se carga la desgracia, somos las hijas expulsadas de Eva, por nuestro cuerpo desnudo lloramos el destierro. El mercado lo sabe, con comerciales de Diego Luna: nuestra fortaleza se compara a la de una aspiradora, y nuestra fuerza es que podemos limpiar a la perfección.  

Nuestro ejercicio de la maternidad es un híbrido: es occidental, pero no dejamos a un lado nuestra raíz mesoamericana. Hace unos días leíamos a Maria Llopis, y no dejamos de sentir la sensación de estar despojadas…maternidad subversiva es eso, con lo que nosotras socializamos nuestra maternidad. Hay una red de mujeres, acompañamientos, rituales de crianza…y ahora resulta que las blancas llaman maternidad subversiva a eso que en nosotras es constante negociación entre mujeres, experiencias y cuidados, sin dejar de cuestionar las tecnologías de género en la crianza. Nosotras realizamos nuestra maternidad desde un reclamo social al derecho a nuestro cuerpo, a nuestra experiencia, para en un contexto de muerte, reclamar la vida.

El mercado lo sabe, con comerciales de Diego Luna: nuestra fortaleza se compara a la de una aspiradora, y nuestra fuerza es que podemos limpiar a la perfección.

En América Latina las cifras de desaparecidos aumentan: hasta el 2016, en Mexico hay 27 mil 659 desaparecidos. Parir, dar vida, es un acto de resistencia. Crecimos escuchando que somos muchos, que ya no hay que parir, que si vamos a parir debíamos tener acumulación de capital y las condiciones materiales, solo así en nosotras podía existir el deseo de ser madre, las pobres no pueden parir, las analfabetas no pueden parir, nuestras hermanas en secundaria han parido y les hacen responsables a ellas de la desgracia que es tener un hijo a esa edad, mientras que el aborto no es la opción. Abortar es arriesgar tu vida…pero parir lo es más. En este país puede desaparecer tu hijo, y entonces será cuestionada tu maternidad. Las madres son las que reclaman la vida de su estirpe, y han llegado a ser tan incómodas que también las desaparecen, las asesinan afuera de las instancias de “justicia” .

Parir en este contexto de heridas, de violencia, es un grito a la vida como acto creativo. Vamos a parir porque en nosotras está la potencia de la vida, mientras la estructura de poder apuesta por el genocidio. En nuestro cuerpo está la declaración de guerra.

Abortar es arriesgar tu vida…pero parir lo es más.
La maternidad como ejercicio despliega de manera casi innata la frase aquella de que lo personal es político. Cuando las blancas dicen maternidad subversiva teniendo doulas en casa y red de mujeres, evidenciando lo ridículo que es el estereotipo de ser madre, recuerdo a la mía, recuerdo mi parto, mi bienvenida a la experimentación de mi cuerpo, como potencia, pero también está el miedo de las child free condenándome a mí, precaria, de parir, porque pobres, somos un chingo, porque mi hijo estorba y devengo fiera furiosa, defendiendo su espacio en el mundo, que habita el sur global, que nuestra maternidad como subversión no está en escribir post desde la Mac sobre como otras culturas ejercen su maternidad, para apropiárnoslo de manera colonial y decir: “si ellos lo hacen, nosotras las occidentales también podemos”. Blanquear el discurso le llaman, para así legitimar esas prácticas que a nosotras nos son condenables.

Nosotras disfrutamos de la maternidad, pero también es un faro en la lucha de las mujeres, un coto que nos ha sido arrebatado y que solo nosotras, las madres, tejiendo nuestros lazos, podemos desbordar, pero eso si, desde otros espacios, otros contextos y otros lugares de enunciación.

La maternidad es un acto político que atraviesa por nuestros cuerpos y experiencias de vida, en contextos concretos. Disfrutar de ella es una subversión, defender nuestro derecho a parir sin violencia, una disputa. El placer de ser madre, pese a este contexto de condena…es dinamita.

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