La desolación y la muerte en la obra del pintor Francisco Goitia

Una de las obras más interesantes dentro de la exposición Pinta la Revolución. Arte moderno mexicano, 1910-1950, que permanecerá en el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el domingo 7 de mayo, es Paisaje de Zacatecas con ahorcados de Francisco Goitia (1882-1960).

Sobre el fondo de un cielo azul y una tierra árida y amarillenta, los restos de un árbol seco sirven como sostén para dos cadáveres en descomposición que se mecen con el viento. El horror viene al fijarse en el detalle, alrededor de ellos todo está muerto. Hay osamentas por doquier. Vigilando aquellas muertes están un par de aves de rapiña.

Esta es la desolación de la guerra, la que dejó la Revolución Mexicana y de la que fue testigo el mismo artista. “Es una obra que refleja cómo durante la Revolución, en su fase más violenta, los cuerpos eran el botín a exhibir”, comentó Dafne Cruz Porchini, una de las curadoras de la exposición.



Como se sabe, el creador de origen zacatecano vivió el movimiento desde sus trincheras. A su regreso de Europa, donde estudió con el artista Francisco de A. Galí, Goitia se unió al ejército revolucionario como pintor oficial del general Felipe Ángeles.

“Fui a todas partes con su ejército, observando. Nunca porté armas porque sabía que mi misión no era matar,” recordaría el mismo Francisco Goitia más tarde. De esa experiencia nacería la serie Los ahorcados, a la cual pertenece la obra.

La muestra Pinta la Revolución. Arte moderno mexicano, 1910-1950 reúne más de 200 obras a través de las cuales los artistas mexicanos registraron las diversas realidades de aquel movimiento social ocurrido en los primeros años del siglo pasado.

 

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