El infierno de la prostitución retratado en una novela de Myriam Laurini

Myriam Laurini ha publicado ‘Qué raro que me llame Guadalupe’, una novela que expone el infierno de la prostitución en México

Myriam Laurini (Santa Fe, Argentina, 1949) nos conduce al infierno de la prostitución en México a través de su novela ‘Qué raro que me llame Guadalupe’ (Editorial Resistencia, 2017) que se publica por primera vez en el país. Sin ninguna advertencia previa, el descenso es paulatino y estremecedor.

La protagonista de esta sórdida novela negra es una prostituta de 16 años, cuyo nombre es Berenice. Una adolescente, casi una niña, que ha nacido en las entrañas de la violencia de la esclavitud sexual. Hija de una prostituta, esta joven sólo ha conocido el mundo que describe.

Acusada de tres asesinatos, la prostituta narra los acontecimientos de su vida mediante las confesiones que realiza en las indagatorias previas tras su detención. El relato que nos ofrece se construye en parte mediante las declaraciones de la joven, quien intenta ocultar su nombre verdadero: Guadalupe.

“No me gusta ese nombre de virgencita, porque ni de virgencita ni de virgen tengo un pelo. Soy puta de nacimiento”, confiesa Berenice para declarar también su odio por un país donde la doble moral engendra los peores vicios. 

El relato que nos ofrece es brutal en la medida que se evidencia todo el resentimiento que guarda la protagonista contra ella misma, contra su hijo recién nacido, contra sus circunstancias, y contra una sociedad que la condena.

En contraposición al relato de la protagonista, la autora nos presenta la visión de un narrador que conoce todos los actos que suceden en el microcosmos de un hotel donde la esclavitud sexual y el tráfico de drogas son los ejes que operan una maquinaria funesta de lenocinio, asesinatos, violaciones, y violencia cotidiana.

“Pasé toda mi vida entre putas y debo reconocer que ellas me enseñaron mucho del oficio, aunque no todo, lo mejor lo aprendí por mi cuenta. Desde los nueve años trabajo más y gano más que ellas…”

La visión de esta niña prostituida sólo es opacada a través del relato de los asesinatos en los que se ha visto involucrada. Los feminicios son expuestos por la autora con un lenguaje sórdido y sin ambages, no hay dubitaciones ni sutilezas, la crudeza de los crímenes y las escenas violentas se describen a bocajarro.

“Olores nauseabundos flotaban en la habitación. El excremento, los orines, la sangre de la niña. El vómito del ayudante. Los meados del asesino sobre el rostro de la víctima, capricho final, rúbrica del crimen.”

La narración es efectiva en tanto que se revela honesta, y en esta acción se entrega una denuncia cargada de toda la violencia que exige retratar temas como la esclavitud sexual, la prostitución infantil, el tráfico de personas con fines de explotación sexual y el feminicidio.

Desde la Merced hasta Tijuana, el prostíbulo es un mismo sitio donde convergen todos los crímenes: El Universo. Así se llama el hotel, donde Berenice y sus compañeras son sometidas por la vorágine del desprecio y la violencia. De esta manera, la miseria moral, social y económica se evidencian como el cáncer que devora las entrañas de una sociedad.

El lenocinio se presenta en su rostro más infame, el cruel verdugo de la protagonista es, al mismo tiempo, y en un sentido literal, su padre, su amante, su proxeneta y el procreador de un hijo que lleva en las entrañas y al que odia con todo su ser:

“Parir no fue fácil… Me tapaban la boca con toallas para que mis alaridos no espantaran a la clientela, me hacían morder trapos, la comadrona me empujaba la panza para abajo pero el muy puto no quería salir. Por fin salió después de horas y lloró y lloró y no paró de llorar.”

“No me gusta ese nombre de virgencita, porque ni de virgencita ni de virgen tengo un pelo. Soy puta de nacimiento”, confiesa Berenice para declarar también su odio por un país donde la doble moral engendra los peores vicios. 

Myriam Laurini ha profundizado en una de las enfermedades más profundas de la sociedad mexicana, la cual conoce bien porque ha vivido en ella como exiliada desde 1980; esto sin añadir que la mayor parte de su obra literaria y periodística ha sido realizada en México.

Uno de sus trabajos periodísticos más importantes fue la compilación ‘Nota roja 70-79’ (en colaboración con Rolo Díez), a través del cual se ha adentrado en la violencia que ha destruido esta sociedad a partir de las crónicas cotidianas que se publican en la prensa.

Sin perder de vista nunca el oficio y el olfato periodístico, la autora narra con eficacia el drama de las prostitutas más pobres, y a través de las confesiones de una mujer que es incapaz de escapar del infierno en el que vive. Por esta razón, el personaje principal sabe que tarde o temprano tendrá que contar toda la verdad, una verdad que nadie desea escuchar. Aunque esto implique devorar sus propias entrañas y salpicarnos a todos de sangre.

Laurini es considerada la primera mujer en escribir novelas de género noir en México. Este título nobiliario es poca cosa comparado con la capacidad que ha tenido la autora de renovar el género con cada una de sus novelas. Entre las que destacan ‘Para subir al cielo’ y ‘Morena en rojo’.

‘Qué raro que me llame Guadalupe’, que fue publicada por primera vez en la editorial barcelonesa Ediciones B en 2008, no es la excepción.

Trabajo o violación remunerada, la prostitución en México en un sistema que ha crecido de una forma polarizada y contrastante. En esta enmarañada red hay personas que trabajan bajo amenazas de muerte y hay quienes ejercen la prostitución por voluntad propia.

Sin embargo, el problema es alarmante cuando los índices de esclavitud sexual se elevan a niveles increíbles. México es el país del continente americano con más mujeres desaparecidas que son convertidas en esclavas sexuales. El tráfico de mujeres es un negocio en alza que arrastra un entramado de violencia que golpea profundamente a miles de familias.

Como si esto no fuera suficiente, otro título de la ignominia debe agregarse a nuestro país, pues México posee el segundo lugar a nivel mundial en prostitución infantil, un cáncer que ha ido en incremento en los últimos 15 años.

Los más grave de estas circunstancias es que este tema ha sido invisibilizado social y políticamente. Por esta razón, novelas como ‘Que raro que me llame Guadalupe’ aparecen en el panorama literario como una crítica profunda en tiempos de zozobra.

En México son asesinadas en promedio 7 mujeres al día, estas son las cifras oficiales del feminicidio, sin embargo, sabemos que muchas personas más corren el riesgo de ser violentadas por el simple hecho de ser mujeres.

Hoy mientras escribo esta reseña, cientos de mujeres han hecho trendic topic el hashtag #SiMeMatan en respuesta a los comunicados donde la misma Procuraduría General de Justicia ha desestimado el asesinato de una joven de aproximadamente 25 años en el campus de Ciudad Universitaria.

Es evidente que si las mismas instituciones que procuran “justicia” muestran un cinismo en sus declaraciones, cargadas de un machismo apabullante, el acto de impartir justicia también estará marcado por la violencia de género.

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