Científicos ponen a prueba las reflexiones de Kant respecto a la ‘Belleza’

La belleza como problema ha preocupado durante mucho tiempo a la humanidad, con la destacada visión de Immanuel Kant que afirmaba que la belleza requiere pensamiento, a diferencia del placer sensual que no podría ser hermoso.

Es un hecho que la división histórica en las formas de explorar el mundo (producto de la constitución de los recintos universitarios en épocas de la Revolución Francesa), había relegado el problema de la belleza al campo de la Filosofía, dejando fuera a la Ciencia por tratarse de un concepto que aparentemente no era susceptible de ser puesto a prueba empíricamente.

Pero ahora, con las Ciencias abordando asuntos como la bondad o la belleza y con la Filosofía retomando su papel en la búsqueda de la verdad, ambas áreas demuestran la importancia de cooperar y nutrirse entre sí para fortalecer nuestra forma de entender la complejidad de la existencia.

Ahora, investigadores de la Universidad de Nueva York han puesto a prueba las nociones filosóficas de Kant, respecto a la belleza, y en una serie de experimentos aseguran que tenía razón pero tan sólo parcialmente.

Sus hallazgos, publicados en Current Biology, demuestran que las distracciones interrumpen la experiencia de la belleza. En otras palabras, se necesita pensamiento para experimentar la belleza al mirar una imagen hermosa. Por otra parte, su evidencia demuestra que los placeres sensuales también pueden ser hermosos.

“Encontramos que la belleza, cuando sucede, es muy placentera, y ese placer fuerte siempre es hermoso”, dice Denis Pelli de la Universidad de Nueva York. “El placer y la belleza intensas requieren pensamiento.”

Para explorar estas teorías filosóficas, Pelli y Aenne Brielmann pidieron a 62 personas que indicaran cuánto placer y belleza sentían mientras veían una imagen, probaban un caramelo o tocaban algo suave.

https://i0.wp.com/www.lavanguardia.com/r/GODO/LV/p3/WebSite/2015/11/27/Recortada/img_jpi_20151127-173358_imagenes_lv_otras_fuentes_immanuel_kant_painted_portrait-k7U-U30434684039H8D-992x558@LaVanguardia-Web.jpg?w=1140

Los investigadores mostraron a cada persona muchas imágenes diferentes, algunas bellas, otras simplemente agradables y otras neutrales, como una silla en un catálogo de muebles. Los participantes evaluaron su experiencia de cada objeto en una escala de belleza de cuatro puntos.

En otro momento del experimento, se pidió a los participantes que repitieran lo que habían hecho antes, es decir, ver las mismas imágenes, pero esta vez mientras estaban distraídos con una tarea secundaria. En esa tarea, los participantes escucharon la lectura de una serie de cartas y se les pidió que presionaran un botón cada vez que oyeran la misma carta que habían escuchado antes, todo ello al mismo tiempo que veían por segunda vez las mismas imágenes.

Los investigadores descubrieron que esta distracción no cambiaba la experiencia de objetos no bellos, como la silla de un catálogo. Sin embargo, la distracción suprimió  la experiencia de la belleza cuando a un participante le fue mostrada una imagen que antes había considerado hermosa. En otras palabras, Kant tenía razón. La belleza requiere pensamiento.

Sin embargo, contrariamente a la propuesta de Kant de que los placeres sensuales nunca pueden ser hermosos, alrededor del 30 por ciento de los participantes dijeron que definitivamente habían experimentado belleza después de saborear un caramelo o de tocar un suave osito de peluche.

La herramienta del experimento. Zach Gross
La herramienta del experimento. Zach Gross
Belleza inalterable

Sorprendidos, los investigadores preguntaron a algunos participantes que habían respondido “definitivamente sí” a la belleza en los ensayos de dulces lo que realmente querían decir. Como Brielmann y Pelli informan, “la mayoría de ellos comentó que saborear un dulce tenía un significado personal para ellos, como un recuerdo afectuoso de la infancia.” Uno de los participantes respondió: “Por supuesto, cualquier cosa puede ser hermosa”.

“Nuestros hallazgos demuestran que muchas otras cosas, además del arte, pueden ser bellas, incluso dulces”, dice Brielmann. “Pero para el máximo placer, nada supera a la belleza inalterable”.

Los hallazgos destacan el hecho de que la belleza, subjetiva y efímera como es, todavía se puede medir y modelar matemáticamente, dicen los investigadores. Tales exploraciones científicas de la belleza tienen aplicación práctica también.

“Estas son ideas importantes para las personas que quieren crear belleza, como artistas o conservadores de museos”, añade Brielmann. “Por ejemplo, no debes distraer a la gente en los museos si quieres que encuentren belleza en el arte”.

Los investigadores planean continuar con esta línea de investigación con la esperanza de responder preguntas sobre el papel de la belleza en nuestras vidas. Por ejemplo, preguntan: “¿Hay personas que no pueden experimentar la belleza, qué papel juega la belleza en la toma de decisiones, es un sentido de belleza necesario para la creatividad, y la fealdad es lo contrario de la belleza o es una dimensión separada?

Previo

“Tenemos que seguir escribiendo”: Javier Valdez Cárdenas

Siguiente

La depresión se supera mirándola directamente en el cerebro