Es un asunto social: el pendiente en la reforma a la política de drogas en México

Vía Libre es el vertical de opinión de Tercera Vía. Los artículos son responsabilidad de su autor y no necesariamente comparten la postura de Tercera Vía


En 2006 el gobierno federal mexicano inició una guerra contra las drogas que ha continuado en la presente administración y ha costado más de 150 mil muertos, y miles de desapariciones forzadas. Ante estos hechos, pareciera que la parte más visible y con mayor incidencia de los grupos antiprohibicionistas sólo ha emprendido una simulación de reformas de política de drogas, la evidencia más clara es que los niveles de violencia se han incrementado en todas sus dimensiones, además de que están creando un escenario que en el mediano/largo plazo beneficiará a quiénes promueven la guerra contra las drogas

La guerra contra las drogas es un proyecto que varios gobiernos nacionales han emprendido, bajo el discurso básico de que al erradicar la oferta de drogas. Parten del argumento de que atacando frontalmente con policías y ejército a los cárteles del narcotráfico, erradicarán los problemas de delincuencia organizada y salud pública ocasionados por el consumo de drogas. Proyecto que ha fracaso, tanto en la revisión teórica de sus premisas, como en su puesta en práctica.No hay un solo territorio en el mundo en el que la estrategia de Guerra a las Drogas no ha significado un aumento exponencial de los niveles previos de violencia en todas sus dimensiones, México no es la excepción.

En todos estos territorios los niveles de violencia sólo han disminuido cuando los gobiernos emprenden reformas en sentido contrario a las del prohibicionismo que implica la Guerra a las Drogas. Es decir, cuando cambian sus leyes de forma más o menos radical para permitir el consumo de algunas drogas. En los mejores casos, esto se ve acompañado de una fuerte regulación estatal del consumo de esas drogas.

En México los movimientos y logros antiprohibicionistas comenzaron desde la academia y la sociedad civil organizada, y ha llegado hasta los más altos niveles de gobierno. Desde 2006 en el Congreso de la Unión se han presentado más de 42 iniciativas para cambiar la regulación de la marihuana, de ellas muchas se han desechado, otras se han estancado, y otras han logrado cambios legales. Tal vez, los cambios mediáticamente más significativos ocurrieron en 2011, 2015 y 2017.

En 2011 se reformó la Ley General de Salud, entre los cambios destaca el actual artículo 479 que incluye la Tabla de Orientación de Dosis Máximas de Consumo Personal e Inmediato para Opio, Heroína, Marihuana, Cocaína, LSD, MDA, MDMA, y Metanfetamina. Que, aunque con cantidades un tanto irreales, pretendía distinguir legalmente a los consumidores de los distribuidores, y con ello evitar criminalizar a los consumidores, y sus consecuencias como enviar a prisiones federales a quienes no era parte del crimen organizado. Han pasado 6 años, y el consumo de drogas, incluso dentro del rango establecido por la ley, se sigue criminalizando.

En 2015 la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó inconstitucional la prohibición absoluta del consumo de marihuana (incluyendo su uso recreativo), ya que prohibirlo atenta contra el libre desarrollo de las personas, mismo que está por encima del paternalismo y perfeccionismo estatal. Además de conceder a la Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerable A.C. (SMART) el amparo para producir y consumir su propia marihuana; tanto los beneficiados por el amparo como quienes los apoyaban, argumentaban que ese amparo crearía un precedente y motivaría que más grupos pidan amparos semejantes lo que paulatinamente llevaría a la despenalización total de la marihuana en México, han pasado dos años y no se ha pedido ni otorgado otro amparo parecido. (Previo al amparo SMART escribí en este mismo espacio un texto más detallado, del que se está cumpliendo el segundo escenario que planteé.)

En Abril de 2017 la Cámara de Diputados aprobó las reformas a la Ley General de Salud y Código Penal Federal para legalizar la marihuana para uso medicinal y con fines de investigación científica. Sin bien ésta reforma beneficiara directamente a pacientes con gliomas, glioblastomas, distintos tipos de cáncer, tumoraciones del sistema nervioso central, ataques epilépticos, glaucoma, Parkinson, Alzheimer, esclerosis múltiple, fibromialgia, neuropatía diabética, y será de gran ayuda en terapias de manejo de dolor, el hecho de que se limite sólo a medicamentos con igual o menor cantidad al uno por ciento de THC limita cantidad de pacientes que podrían beneficiarse por el uso medicinal de la marihuana; además de que socialmente no abonará a la reducción de violencia por Guerra a las Drogas como las reformas anteriores. Es un logro, por supuesto, pero falta todavía más.

Estos dos últimos cambios en la política de drogas tienen algo en común, abordan el problema desde una perspectiva liberal, reduciendo todo a cuestiones individuales, y no como un tema social. Por ello, aunque distintas voces han salido a cantar esos cambios como triunfos casi personales; hoy en día la violencia y violaciones a derechos humanos siguen incrementándose. Simplificar el problema del consumo de drogas a la dimensión individual, es limitar un problema que tiene muchas más dimensiones, y que su verdadera solución (y no simulación de solución) sólo será posible considerando todas esas dimensiones.

No sólo en las ciencias sociales mexicanas el debate tiene un enfoque casi único y sin muchas visiones críticas dentro del antiprohibicionismo. La ciencia médica también tiene debates limitados, por ejemplo, mientras que en países donde las consecuencias por el prohibicionismo de drogas no han sido tan devastadoras como es el caso de España el debate, es mayor entre psiquiatras el contraste con México es enorme.

O el caso de Estados Unidos donde las Academias Nacionales de Ciencias y de Medicina de USA publicaron el libro Human Genome Editing: Science. Ethics, and Governance. Que trata sobre los diferentes aspectos que involucra la técnica denominada CRISPR/Cas9 la que permite modificaciones precisas del ADN humano y debate sobre las regulaciones pertinentes. José Ramón Cossío Díaz resume este tema a la perfección: “Podríamos estar en el umbral de una nueva manera de generar desigualdad y dominación tan imperceptible que terminará pasando y justificándose como natural, o arribar a un tiempo de mayor accesibilidad a la salud y al bienestar.”

El nivel de nuestros consumidores de drogas también deja algunas cosas que desear. Pues mientras en la pasada marcha Cannábica, Julio Zenil invitaba a los consumidores a hacer uso responsable de su cuerpo, las modas de consumo irresponsable de plantas sagradas como la Ayahuasca o Peyote, han puesto en peligro el ambiente de donde son originarias.

Ahora bien, imaginemos que esta tendencia sigue, que los grupos antiprohibicionistas sigues enfocándose en medidas que tienden a la simulación y enfocándose únicamente en la marihuana, y que el debate público como político sigue realizándose sobre un nivel de conocimientos sobre el tema más o menos bajo (como hasta ahora). Si esto pasa, los prohibicionistas podrán pararse ante cualquier foro, mostrar estadísticas de violencia y crimen, y argumentar que ante las reformas emprendidas por los antiprohibicionistas la situación no ha mejorado, que la sociedad mexicana no está lista para la despenalización y que lo mejor es regresar es fortalecer los mecanismos de prohibición.

La Guerra contra las Drogas ha costado muchas vidas, mucha desigualdad, muchas familias en un luto interminable al tener desaparecidos a sus seres queridos, como sociedad no merecemos reformas simuladas ni debates con ideas centradas en una sola perspectiva, es necesario avanzar con visiones propias y críticas.

Previo

Todd Clouser y Alain Derbez interpretarán la literatura Beat en un concierto de jazz

Siguiente

El sexto sentido: ¿Cómo es que tu cerebro predice el futuro?