Plantas inteligentes: Un nuevo reto para el estudio de la conciencia

Stefano Mancuso se ha dedicado profesionalmente a desmitificar una visión común de las plantas, que han sido consideradas históricamente como pasivas y simples en comparación con los sistemas animales.

Los bordes entre conciencia e inteligencia se diluyen gracias a las investigaciones de Mancuso y demás personas dedicadas al estudio de la Neurobiología Vegetal, un área de estudio relativamente reciente que ha maravillado a la comunidad científica con sus experimentos. Como él mismo señala, las plantas no tienen neuronas, pero por extraño que nos parezca pueden ser inteligentes sin ellas. Por inteligencia Mancuso se refiere a la forma en la que las plantas captan información y reaccionan para asegurar su supervivencia; de hecho, Mancuso afirma que las plantas son más sensibles que los animales por una razón bastante lógica; su falta de movilidad. Pueden respirar, ver o escuchar con todo el cuerpo.

“No tienen ningún tipo de órgano y eso es importante. En los animales existen órganos específicos que nos ayudan a cumplir ciertas funciones de forma muy eficiente: vemos con los ojos, respiramos con los pulmones, etc. En el caso de las plantas no funciona así porque también representan un punto débil. Imagina que eres una planta: no puedes huir, estás enraizada al suelo y todos los animales pueden comer un poco de ti. Tener órganos sería muy peligroso porque un pequeño daño en un solo órgano te mataría”, señala Mancuso, quien además es el director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal de la Universidad de Florencia.

CEREBRO, MENTE Y CONCIENCIA

El paradigma actual para estudiar la mente y/o la conciencia, está basado en el cerebro humano, aunque se ha expandido considerablemente a otros animales con sistemas nerviosos complejos (en particular a los grandes primates). Pero hasta el momento existe un considerable debate al respecto, que en el ámbito científico se ha reducido entre quienes tienen la visión del cerebro como un sistema computacional y otros investigadores que consideran al cerebro como un órgano mucho más complejo que no almacena información y la procesa como un ordenador, sino que es tan sólo una parte (considerablemente importante) de un sistema más complejo donde la mente está descentrada, no sólo presente en el cerebro, sino que se distribuye hacia el sistema periférico e incluso a otros cuerpos1Al respecto vale la penar revisar los postulados del neurobiólogo chileno Francisco Varela y los experimentos del destacado neurocientífico Richard Davidson (apoyando la idea de intersubjetividad).

Pero este debate se vuelve más apasionante si se incorporan los estudios y propuestas de Mancuso, que considera al sistema de intercambio vascular e información de las plantas como una estructura análoga al cerebro animal. “Las plantas pueden producir una señal eléctrica con todo su cuerpo. No tienen nada similar a nuestro cerebro, pero sí raíces. El aparato de la raíz es un sistema muy complejo, una sola planta puede tener literalmente millones de raíces y cada raíz tiene su propio centro de mando, donde integran toda la información que captan del ambiente y deciden qué hacer. El conjunto de todos estos millones de pequeños centros de mando podría ser descrito como un tipo de cerebro. Por supuesto, estoy hablando metafóricamente, no es un cerebro, pero sí ejerce la misma función de una manera completamente diferente al nuestro”.

Pueden ver, aunque no tengan ojos; pueden escuchar sonidos; y son capaces de oler con una sensibilidad increíblemente buena ya que su receptor para las sustancias volátiles es mucho más avanzado que en animales.

Si las plantas tienen una forma de procesar la información análoga, aunque claramente distinta a la de los animales, cabe considerarlas también como organismos inteligentes. De hecho, gracias a este sistema de procesamiento descentrado las plantas son mucho más sensibles que los animales (presentan 15 sentidos más que nosotros), algo que no sólo les provee de un tipo de inteligencia sino que, según el neurobiólogo, les hace conscientes. “En efecto, sienten que algo cambia en su ambiente mucho antes que los demás, para así poder prepararse. En este sentido, las plantas son organismos conscientes. Cualquier planta conoce exactamente cómo es el mundo físico que la rodea, y es capaz de detectar los cambios en otros organismos a su alrededor, por ejemplo de otras plantas. Son capaces de cambiar su fisiología para contrarrestar el cambio y sobrevivir”.

Recomiendo esta excelente conferencia de Diego Cosmelli para aproximarse al problema desde un enfoque científico pero sin pretensiones reduccionistas, ni mecanicistas.

ALTRUISMO, CUIDADO PARENTAL Y PROCESOS DE COMUNICACIÓN COMUNITARIOS

Aparentemente existe una correlación positiva entre la inteligencia de los organismos y los sistemas sociales que son capaces de desplegar. Quizás la prueba más sólida respecto a la inteligencia y la conciencia vegetal, es su capacidad de desplegar comportamientos de apoyo mutuo, sistemas de defensa organizados en colectivo o incluso cuidado parental. Como el investigador explica “son capaces de interactuar entre ellas de la misma manera que los animales y a veces de forma mucho más compleja. Por ejemplo, las plantas normalmente compiten por el territorio con otro tipo de plantas y especies e incluso dentro de la misma especie si no son parientes. Si son parte del clan, en ese caso no compiten, sino que comparten el territorio de una forma amistosa”.

Lo más fascinante de estos organismos es que también presentan comportamientos de alta complejidad como el altruismo y el cuidado parental; “Imagina un bosque, que es un entorno muy oscuro. Allí a una semilla que está germinando le cuesta muchos años llegar al nivel donde puede captar la luz. En todos estos años, ¿Cómo consigue sobrevivir? Hay un clan familiar que le suministra los nutrientes que necesita a través de las raíces, igual que hacen los humanos, que cooperan en muchas especies”.

Respecto al altruismo Mancuso refiere a una investigación donde se describía un experimento que se hizo en un bosque de abetos en Canadá, “donde todos los árboles estaban conectados los unos con los otros. Los científicos impidieron que a uno de ellos le llegase agua, pero mantuvieron todas sus conexiones con el resto de las plantas del bosque. Entonces observaron algo sorprendente: este abeto, que era incapaz de tomar agua, sobrevivió durante muchos años gracias a la ayuda de sus compañeras”.

PLANTAS SENSIBLES E INTERNET

Volviendo al problema de la mente y la conciencia, cabe señalar que una hipótesis igual de válida es la del cerebro visto no como una computadora, sino como parte de una red ultracompleja similar al internet (desde esta visión la metáfora del hardware (cerebro)-software (pensamientos) queda descartada). En todo caso el organismo, con todas sus funciones (digestión, metabolismo, entre otras) y caracteres emergentes (como la conciencia y la mente) podría ser entendido como un grupo de ordenadores con la capacidad de procesar información específica que actúa interconectada en un flujo constante de información y energía (todo esto para mantener su autonomía y generado a la vez por la autonomía misma2Ver el desarrollo del concepto de autopoiesis por Maturana y Varela).

Visto así, definitivamente deberíamos incorporar los avances en la neurobiología vegetal para tratar el problema de la conciencia y la mente, ya que como afirma Mancuso las plantas en su conjunto funcionan de forma similar: “Internet funciona de la misma forma que este aparato de raíces. Es una red de pequeños ordenadores que de manera conjunta se convierten en una herramienta poderosa. Si lo quieres detener puedes matar el 90%, pero siempre habrá un 10% que sigue funcionando”.

NUEVAS RUTAS PARA EL ESTUDIO DE LA MENTE

La pregunta es si vale la pena incorporar esta información a un problema que de por sí ha demostrado ser tan complejo que no ha alcanzado respuestas claras. Pero es que quizá el “cerebro” ha resultado ser un problema tan extraordinario y apasionante que cuando se trata de mente y conciencia no hemos sabido ir más allá; porque aparentemente ninguna estructura sin cerebro nos proveía de un marco referencial para abrir el problema a nuevos paradigmas. Abrir la pregunta a la luz de la información recabada por la neurobiología vegetal es totalmente válido como ruta de investigación; es probable que características como inteligencia, mente y conciencia, emerjan desde procesos evolutivos diferenciados (convergencia evolutiva).

De hecho, la confirmación de dicha hipótesis sería consistente e incluso comprobaría que los procesos evolutivos no están encaminados a ningún fin particular, no habría tal cosa como una visión antrópica de la evolución. Nuestra sobrevalorada inteligencia no sería más que el resultado azaroso de la continuidad de la vida, que en su afán de mantener autonomía y sobrevivir pudo, o no, derivar en estructuras con cerebro.

Sé bien que “sobrevalorado” es un término que genera controversia, pero no me refiero a que supuestas estructuras dotadas de inteligencia y elevada conciencia sean capaces de llevar al exterminio a miles de especies, acabar con los recursos fundamentales para su propia supervivencia, o elegir a sus congéneres menos brillantes y más perversos para dirigir sus sociedades (como aquellos que se ufanan al lanzar la “Madre de Todas las Bombas”), sino a algo mucho más concreto en términos de eficiencia biológica, ya que como el mismo Mancuso concluye, si en lugar de este centro de comando de raíces las plantas tuvieran cerebro un pequeño agujero en ese cerebro las mataría… Así que la pregunta sigue abierta y ahora incorporando un apasionante reto lanzado por la inteligencia de las hermosas plantas.

Este texto está basado en las respuestas de Mancuso en una entrevista para Agencia SINC.

Referencias   [ + ]

1. Al respecto vale la penar revisar los postulados del neurobiólogo chileno Francisco Varela y los experimentos del destacado neurocientífico Richard Davidson
2. Ver el desarrollo del concepto de autopoiesis por Maturana y Varela
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