Así se vivió la Marcha por la Ciencia en la CDMX

Bajo un sol deslumbrante en el Paseo de la Reforma, una de las avenidas más amplias de la Ciudad de México, el estudiante de doctorado Adhemar Liquitaya agarra su megáfono para animar a la multitud de miles marchando hacia la plaza principal, el Zócalo… “¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta el que camina la lucha por la ciencia en América Latina! ”

Para Liquitaya, la lucha es personal. En enero de 2017, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), la agencia gubernamental encargada de implementar las políticas científicas y tecnológicas, redujo la cantidad de dinero ofrecida a estudiantes de posgrado como él. “Si antes me esforzaba por pagar mi alquiler y comprar alimentos, ahora me veía obligado a apretarme aún más el cinturón”, dijo Liquitaya, que estudia bioquímica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la Ciudad de México.

Patricia Ramírez Romero, hidrobióloga de la Universidad Metropolitana Autónoma (UAM), también se preocupa por la ruta que las recientes políticas de financiamiento están tomando para la ciencia y la tecnología. Como coordinadora de un programa de postgrado en energía y medio ambiente, ve que los científicos más jóvenes son los más afectados. “Realmente es una pena que Conacyt haya cortado todas las becas para aquellos que desean obtener una maestría en el extranjero”, dijo. “La situación sigue empeorando. Necesitamos un cambio”.


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Otros estaban preocupados por las colaboraciones científicas entre México y los Estados Unidos. Ariel Rivers, entomóloga estadounidense del Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT), cerca de la Ciudad de México, sostenía un letrero decorado con mariposas monarcas que decía: “Estos migrantes necesitan ciencia, no una pared”. El monarca representa la cooperación entre nuestros dos países, dijo, pero esa conexión puede estar en peligro. “Muchos proyectos en los que trabajo reciben fondos del gobierno mexicano, pero también del gobierno estadounidense”, dijo Rivers. “Estoy preocupado por la estabilidad a largo plazo de esa financiación” [1].

Fuente: El Universal

“Las actitudes anti-ciencia de Donald Trump han sido muy dañinas para nuestros dos países”, dijo Antonio Lazcano, biólogo evolutivo de la UNAM. Pero aún así, él ve alguna esperanza. “México y Estados Unidos no serán desgarrados, ni siquiera por la deriva continental. Somos vecinos para siempre”. El propio Lazcano apunta que “Marchar por la ciencia implica marchar por la cultura, por una visión democrática de la sociedad, por la posibilidad de abrir opciones de desarrollo a la inteligencia, sobre todo a las capacidades de los jóvenes, y porque en el contexto actual, en el caso estadounidense pero por extensión a otros lados, una marcha por la ciencia es una marcha por la cultura, contra la xenofobia, contra el racismo, contra la exclusión”.

El laureado biólogo evolucionista, quien marchaba a paso firme, expuso al respecto un dato concreto publicado hace unos días en la revista Science: “En Estados Unidos, en este momento hay cuatro millones y medio de ingenieros y científicos empleados en las universidades; cerca de dos millones de ellos son extranjeros, eso demuestra la necesidad de tener la ciencia como un sistema abierto”.

Irma es estudiante de la maestría en comunicación de la Facultad de Estudios Superiores de Acatlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y afirmó que otro motivo de participar fue porque le interesa que futuras generaciones tengan las mismas oportunidades que ella ha tenido de estudiar un posgrado.

¡Más posgrados, menos diputados!

El contingente de alrededor de dos mil personas entró al Zócalo por la calle 5 de Mayo. Avanzó frente a la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional, para llegar a la Suprema Corte de Justicia, en donde realizaron un mitin para conjugar los propósitos de la movilización.

Pedro Camilo Alcántara Concepción, profesor investigador de tiempo completo de la Universidad de Guanajuato y miembro del equipo organizador de la marcha, dijo que se tenía que marchar por la ciencia, “porque es importante defenderla y que las decisiones que se toman en el país estén basadas en ciencia, no en creencias, no en intereses particulares ni en paradigmas económicos”.

Expuso que algunos de los objetivos del movimiento fueron, primero, demostrar que la ciencia es algo vivo y que al relacionarse los científicos se pudiera reconocer que la ciencia no es perfecta, porque la están haciendo seres humanos.

El otro fue exhortar a los tomadores de decisiones y quienes hacen políticas públicas a una revisión de la política científica en diversos ámbitos para que se asigne el uno por ciento del producto interno bruto (PIB) a la inversión en ciencia y tecnología; además de llamar al Conacyt para que el criterio de asignación de montos en becas de posgrados de salarios mínimos a unidades de medida y actualización (UMA) sea revocado.

Esta marcha fue un punto de partida para la realización de foros de discusión que los llevarán a plantear una propuesta integral de ciencia y tecnología.

Foto: El Siglo de Torreón

Para el investigador de la UAM Iztapalapa, Raúl Alva García, ninguna sociedad que trate de negar la verdad que se aprende con la ciencia tiene futuro, pues la sociedad actual depende de la ciencia. Replicando casi con exactitud una de las famosas enseñanzas de Carl Sagan, Alva García sentenciaba “Si no fuera por la ciencia, no estarían las cámaras, el micrófono, tampoco estaríamos aquí más de la mitad, somos una sociedad altamente dependiente de ciencia y tecnología, y gran parte de la gente no entiende esa ciencia y tecnología, y peor aún, los tomadores de decisiones tampoco la entienden”.

Además de los objetivos mencionados, Raúl Alva dijo que este llamado mundial por la ciencia tuvo, en el caso de México, otros propósitos como son el de la apropiación social de la ciencia, el que todos la puedan entender y que sepan que la ciencia es útil para el bienestar y la supervivencia.

“En el otro objetivo, somos los científicos y los estudiantes de ciencias los que debemos tomar conciencia del papel que jugamos en la sociedad mexicana. Tenemos que construir la ciencia mexicana moderna como un factor que contribuya al bienestar de la sociedad, y los primeros que tenemos que ser conscientes de ello somos los científicos. Nosotros no somos niños consentidos de la sociedad mexicana, somos profesionales con responsabilidades sociales que debemos asumir y debemos rendir cuentas a la sociedad”, consideró el investigador.

Se entrecruzan causas y motivos a los pies del Ángel. César Jurado, estudiante del posgrado de filosofía de la ciencia de la UNAM, hizo el recorrido al frente del contingente repartiendo folletos del movimiento a los transeúntes. “Marchamos por la ciencia, por el planeta y la sociedad mexicana, hay que entender que la ciencia es una gran mina de soluciones para todos los problemas que aquejan a la sociedades contemporáneas, queremos que se haga mejor ciencia en México para que a partir de la ciencia podamos resolver los grandes problemas que tiene la sociedad”.

El joven estudiante espera que la marcha sea solo el pretexto para que se puedan construir espacios de discusión y reflexión que permitan hacer una autocrítica de la forma que se hace ciencia en México.

¡Ciencia y Conciencia hacen la Diferencia!

Quizá la ausencia más grande en la Marcha por la Ciencia en México, fue la autocrítica. No se debería levantar una pancarta con la sentencia “Sin Ciencia no hay futuro”, sin advertir que lo que hoy en día pone en riesgo el futuro de la humanidad y de la biósfera en su totalidad es producto de la investigación científica; tecnologías como el arsenal nuclear, el sistema agroalimentario ecológicamente insostenible e incluso tecnologías tan específicas como la Genética Dirigida, son algunos ejemplos de lo que puede generarse si el método científico se utiliza para favorecer la concentración de poder, tanto por gobiernos como por grandes empresas.

Es indudable que la Marcha del sábado en la Ciudad de México tuvo como objetivo principal señalar los recortes, pero en el templete en ningún momento hubo claridad en las acciones que se podrían tomar para organizar una ciencia popular y mucho menos fomentar el desarrollo de un México con cultura científica. Más allá de los recortes y la lucha que en ese sentido se estará llevando en los espacios académicos, hace falta que la capacidad creativa de las y los investigadores, de las y los estudiantes, irrumpa en el espacio público para empoderar desde el método científico a nuestra sociedad.

Las buenas intenciones mostradas por los académicos para democratizar la Ciencia, ya están en marcha en múltiples espacios de México y el mundo. Ejemplos de ciencia aplicada a procesos comunitarios muy específicos se pueden encontrar en la Sierra Norte de Puebla, específicamente en el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (CESDER) o incluso en la reciente iniciativa de las comunidades zapatistas, nombrada ConCiencias por la Humanidad. Y es que cómo lo están demostrando algunas iniciativas de Ciencia Libre, Abierta y Comunitaria, no sólo se trata de llevar más gente a las Universidades, sino de llevar las Universidades a la gente y eso depende en gran medida del papel activo de la comunidad científica… Indudablemente podemos decir que #SinCienciaCríticaNoHayFuturo

Selección, edición y notas del Colectivo Alterius | Con información de [1] Nature una nota Agencia Informativa Conacyt bajo una licencia de Reconocimiento 4.0 Internacional de Creative Commons 

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