El privilegio del fracaso: la risa ante la destrucción del amor

Sumido en el frenesí amoroso el ser humano es pervertido por la literatura. Los libros poseen el privilegio de destacar el delirio. La literatura trastoca. Y el amor, una de las emociones más profundas del ser humano, al ser trasgredido se evidencia en su ensencia. La forma más eficaz de realizar este acto literario es la ironía. El humor como un evento dramático. Entonces la gran tragedia del amor es la risa, no el llanto. La canción de Odette (1982) de René Avilés Fabila (Ciudad de México, 1940-2016) expresa muy bien esta perversa paradoja. Reímos para destruirlo todo.

El mundo está consumido por sus pasiones. Los seres humanos habitamos nuestros deseos con el afán de vencerlos y vencernos, pero son éstos lo que terminan ridiculizándonos. El espejo de la derrota asume su posición absoluta: nunca lograremos comprender nuestro fracaso: “¿por qué eres así?” Resuenan con insistencia los memes, y las redes sociales muestran nuestro rostro desfigurado por la tristeza, pero no hay llanto, todo es una risa lúgubre.

Hemos admitido uno más de nuestros privilegios como especie: fracasar. Reír de nuestro fracaso es lo más cercano a la santidad. Pero este nivel espiritual no se obtiene a través del sexo, como creen algunos. Hay una frase en La canción de Odette que desprestigia uno de los actos más valorados de la civilización moderna: “El sexo, cuando no hay amor, es gracioso o animal; cuando lo hay tiene algo de tragedia”.

La novela de Avilés Fabila está enmarcada en una poderosa tradición de occidente: la literatura amorosa. Nuestra condición humana siempre ha sido arrebatada por dos fuerzas complementarias: Eros y Thanatos. La novela es inquietante por una tesis simple: ¿Cuál es vínculo real entre la muerte y el amor? El escritor responde: la risa.

La ironía como una máscara de lo verdaramente oscuro que hay en el ser humano. Si la burguesía se ha adueñado de la ironía, y la ha poseído como si fuera  la inventora de este arte. En la novela se expresa con violencia el fracaso de las clases privilegiadas, resumida en sus condiciones humorísticas. El que ríe es porque está muerto, parece expresar con ahínco esta novela. Los vivos no ríen, simplemente aman, es decir, lloran y entristecen. Por esto, la novela también es catalogada como una comedia en donde el humor lo corroe todo, salvo una condición: la belleza. Todo lo demás es destruido por la risa.

La protagonista es Odette, una aristócrata que organiza fiestas todas la noches, rodeada por jóvenes estúpidos, trata de mantener su belleza ante el inevitable paso del tiempo. Una historia se teje paralela ante esta situación irremediable: el amor entre Enrique, el narrador protagonista, y Silvana. Pero la tragedia está inscrita, la muerte de Odette es el camino trazado por donde todos los recuerdos habrán de habitarse. Nada se salva de esta esencia, porque todo ha muerto desde el principio. De lo realista a lo fantástico, los recursos estilísticos del autor, desdibujan los límites entre la agonía y la felicidad. Sólo la risa evidencia a los fantasmas.

Analista agudo de la política mexicana, el escritor ha desmenuzado con ironía feroz el pantano y la bruma de la coexistencia de los comunistas de salón, que frecuentan las fiestas de Odette con la idea de “destruir la burguesía desde la burguesía misma”. La mirada crítica del escritor, obviamente, también ha desmenuzado el otro polo, los burgueses que sólo admiten dos preceptos: belleza y diversión. Entre estos dos elementos antagónicos Avilés Fabila ha expuesto una minuciosa orgía de deseos que desembocan en la muerte. Matamos lo que amamos, ha dicho la poeta. Pero el escritor Avilés Fabila sentencia: “hay aves que cruzan el pantano y lo dejan peor, mi plumaje es de esos”.

Tras leer La Canción de Odette queda una certeza kafkiana, si el hombre “es un predecible animal de costumbres”, una de ellas es el fracaso.

 

 

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