¿Por qué tomarse un descanso de las redes sociales? Owen Jones lo explica

Owen Jones, columnista de The Guardian y exitoso autor británico, decidió tomarse un descanso de las redes sociales. Compartimos sus razones, traducidas al español.


Voy a tomar un descanso de las redes sociales, excepto para publicar artículos, videos y publicitar eventos ocasionales.

No me voy por un berrinche. Es sólo que ha llegado al punto donde es: a) totalmente improductivo y b) francamente, sencillamente, completamente y totalmente deprimente.

Diariamente tengo a extraños gritándome enojados, por un lado, que soy responsable de la destrucción del Partido Laborista, y por el otro, soy un vendido de derecha, aliado de Tony Blair y posiblemente pagado por el gobierno israelí (y que soy un puto Blairista que tiene que irse a la mierda, y así sucesivamente).

Lo que une a ambos grupos es una incapacidad casi crónica para aceptar el desacuerdo político de buena fe. No, tiene que haber algún motivo ulterior siniestro. Su creencia es tan justa y pura que la única razón posible para alguien este en desacuerdo con ella es malicia o avaricia. Que soy un pretencioso, obsesionado con mi propio perfil, impulsado por la venta de libros o ganar dinero, que The Guardian me ha lavado el cerebro, que nunca fui realmente de izquierda, y así sucesivamente.

Nadie que me conozca realmente piensa que estoy impulsado cosas por algo distinto a mis creencias, incluso cuando no están de acuerdo conmigo. Mis padres son partidarios leales de Jeremy Corbyn; son los miembros líderes de su movimiento regional Momentum. No están de acuerdo con mucho de lo que he dicho. Pero a diferencia de los cada vez más espumosos guerreros de teclado, no dudan por un segundo que lo que digo viene del corazón.

Me encuentro constantemente discutiendo con la gente que cuestiona mis motivos y que me envía insultos. Y mis amigos me preguntan: ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás desperdiciando tu vida en esas tonterías? Y tienen razón.

Aunado a los habituales miembros de la derecha extrema, enviándome descripciones cada vez más creativas de cómo van a torturarme y asesinarme, ya no estoy convencido de que las redes sociales sean una herramienta útil para el debate y la discusión política como antes.

Conozco las respuestas obvias que voy a recibir. Guarde el violín, deje de sentir lastima por usted mismo, no sea tan delicado. Usted pone sus opiniones, los ataques son de esperarse. Así es como esto funciona.

Pero para ser honesto, no se trata de eso. Estoy desperdiciando mi vida. Yo no elegiría caminar todos los días a una habitación llena de extraños que me gritan insensato y mienten sobre qué pienso y cuáles son mis motivos, pero en cierto sentido eso es lo que estoy haciendo actualmente.

No puedo dejar de pensar que es angustiante, no por mí, sino por la causa que amo y he dedicado mi vida, la izquierda, el movimiento que existe para librar a la sociedad de la injusticia, la explotación y el fanatismo. Siempre quise una izquierda que fuera inclusiva, acogedora, cálida, que intentara convencer a la gran masa de gente que no tiene un interés diario en la política de que un mundo mejor es posible. Si es apoderada por una minoría ruidosa, cada vez más unida por el odio mutuo hacia cualquiera que se considere se ha desviado de su santidad, de su causa, entonces no hay futuro. Ninguno. Sé que hay algunos en la izquierda que gustan de la caza de traidores, y los odian más que a cualquier Tory. Pero me temo que si triunfan, convertirán a la izquierda en una protuberancia cada vez menor que, para el resto de la población, se presenta como cruel, vengativa y rencorosa, y ciertamente no una causa de la que quieran ser parte.

Miren, todo el tiempo me dicen que estas personas enojadas y amargas no son representativas. Sé que eso es verdad. En la vida real, nadie viene a mí y se comporta así, nunca. Lo cual es probablemente un argumento para gastar menos tiempo discutiendo con extraños y más vinculándonos con personas decentes y bondadosas en la vida real.

Nunca quise escribir ni hacer nada de lo que hago. Yo sólo quise luchar por las cosas en las que he creído, y en los últimos años he hecho todo lo posible en esta posición limitada para denunciar la injusticia de las políticas conservadoras, promover alternativas que podrían construir una sociedad justa, dar una plataforma a la gente que de otra manera es demonizada o ignorada, apoyar el movimiento obrero, oponerse a la injusticia en el extranjero, y así sucesivamente. Por encima de todo, quería animar a otras personas a hacer frente a la injusticia y a hacer oír su voz. Sí, ahora me preocupa que las cosas en las que creo más que nunca serán enterradas y desacreditadas por el gobierno Tory, aterradoramente derechista, no porque esas cosas no sean correctas y populares, sino por fallas totalmente evitables, sí, incluso a pesar de todas las probabilidades en contra de cualquier movimiento que busca enfrentar la injusticia. Eso no es porque yo sea un traidor, chaquetero o corrupto, sino porque es un miedo sincero que persigue cada momento de mi existencia, y algo que estoy muy desesperado por evitar.

Yo sólo quería hacer una contribución útil y constructiva a las causas en las que creo. Ni siquiera disfruto escribiendo, lo hago para defender las cosas con las que creo de todo corazón. Está llegando al punto en el que no estoy seguro de si puedo hacerlo, si hay algo más que pueda hacer con mi vida que realmente ayude a la gente. Algunos escriben porque lo disfrutan; tal vez algunos disfrutan ser el centro de atención (y no hay nada malo si lo hacen). Pero yo no, y no tiene sentido hacer algo si piensas que la consecuencia de lo que haces, cualesquiera sean tus buenas intenciones, es sólo daño.

Cualquiera que sea el futuro, nunca dejaré de creer apasionadamente en lo que creo: una sociedad dirigida por el interés de la mayoría, no de una minoría, una sociedad dirigida a las necesidades y aspiraciones de la gente, no del lucro, donde la explotación, la opresión y toda injusticia sean superadas. Todavía creo que la causa será, un día, vindicada con la estrategia y la visión correctas. Serán otros quienes lo lograrán, y no serán amargos, o maliciosos, o vengativos, sino personas impulsadas por su humanidad y un sentido de justicia.

Y sí, estoy seguro de que habrá un montón de comentarios sobre cómo todo esto es auto-indulgente. Pero no los leeré, me temo. Terminaré con una apelación. Si tienes creencias impulsadas por un sentido de  humanidad, entonces ese mismo sentido de humanidad siempre debe influir en cómo te comportas. Podemos ganar, pero sólo si persuadimos a la gente que actualmente no piensa como nosotros. Se puede hacer, pero no es fácil. Un día lo haremos y construiremos un mundo mucho más justo que el que tenemos hoy.

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