La denuncia como anestesia: el mal trip del progresismo.

Gracias a Ita y a Fabiola por las anotaciones y aportes

El derecho es un método tecnócrata. La racionalidad política, una derrota. Hay que inscribir la denuncia como una práctica jurídica que nos devela la fragilidad del poder, que busca regular conjuntos poblacionales y que es una técnica biopolítica que no resuelve y tampoco tiene la intención de resolver una problemática, sino de normalizar las relaciones de poder, capturadas por el Estado.

La izquierda progresista nos da la ficción de que somos ciudadanos y sujetos de derecho, porque pagamos impuestos, tenemos junta de vecinos, así como garantías y facultades que nos permiten tomar decisiones en un marco de la igualdad ante la ley, mientras que ésta última se dedicada a administrar la vida de los sujetos y a establecer sus comportamientos.

Hace unos días, Tamara de Anda denunció a un acosador. Pese a que es necesario discutirlo desde una condición racial y de clase -que no justifica el acto- el feminismo liberal nos hace creer que basta con la denuncia porque somos sujetas de derechos. Tenemos que transmitir en vivo, postear a cada minuto, y por favor, ser trend topic.  

La denuncia es un performance virtual que no trasciende en términos materiales. La apuesta es por modificar la ley, pero para castigar mejor. Antes del encierro, la exposición: hay que herir, marcar desde la vista pública para que la producción de la subjetividad criminal sea efectiva. En ese sentido no se renuncia a la sociedad disciplinaria punitiva.

Pero la denuncia no es más que una técnica sofisticada de simulación que no garantiza el acceso a la justicia. Hablan de la cultura de la denuncia, que despierta al policía interno: hay autobuses urbanos paseando con números telefónicos para denunciar de manera anónima, pero olvidan que las mujeres no somos sujetas de derechos.

Si la denuncia se ha hecho, se da seguimiento. ¿Cuál fue el problema? Incluso México está inscrito en al menos cuatro tratados distintos sobre derechos de la mujer, y sin embargo, éstas sitúan el poder en el Estado, pues solo el Estado opera los derechos, no sólo como límites, sino también como exigencias.

Nos hacen creer desde la política progresista que solo es posible ser sujetas de derechos desde la lógica del Estado, y una pregunta nos ha dejado enmudecidas: ¿Qué otra estrategia, menos performatica y más real en términos materiales, nos garantiza acceso a la justicia? Denunciar no basta, pues se establece como anestesia y se minimiza la agresión. Denunciar no es la solución de nada: muchas mujeres en el país que han sido víctimas de violencia física y sexual, han denunciado, y muchos feminicidio también, antes de ser ejecutados, tenían una denuncia previa. Denunciar es una ficción que tiene efectos materiales de poder, sin olvidar que este corresponde a un mapa de fuerzas, de territorio social, en un momento dado. Se construyen así dispositivos y técnicas que se producen en cuerpos: la mujer, el homosexual y el delincuente.

No significa, en ningún sentido, que no deba existir consecuencia por los actos de los cuales son responsables los acosadores. Sin embargo, ante la falta de respuesta que garantice transitar libremente en la calle, la denuncia en tiempo virtual-real, es ya un método que no trascienden. Nos topamos con la evidencia: la tarea disciplinaria de la sociedad punitiva recae en nuestros cuerpos, y no, no somos sujetas de derechos, la ley no está a nuestro favor, sino que nos confina y neutraliza. Nos hace creer que basta con denunciar y exigir que las instituciones hagan su trabajo: mantener el status.

¿Si no es la denuncia, qué opción tenemos?

La denuncia me pone a pensar en una crisis del hecho de ejecutarla, porque se ha  naturalizado, y eso es, a mi parecer, lo más preocupante. El derecho difumina el orden en el que participamos y construimos, poniendo en juego nuestra agenda en la medida en que nos son impuestas otras, y dejamos a un lado los espacios de libertad y el horizonte de posibilidades de acción.

¿Si no es la denuncia, qué opción tenemos? He consultado amigas, investigado alternativas, y parece que no tenemos elección mayor. He ahí que no aumenta nuestra autonomía individual sin que la monopolicen los gobiernos.

A pesar de todo, también podemos permitirnos proceder mediante políticas de articulación entre mujeres, que al parecer, son las únicas que salvan. Ah! Y un bat de beisbol, con purpurina.

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  • Juan García

    interesante artículo