Dejen morir con dignidad al Libro Vaquero. Carta abierta a los políticos corruptos

Es de todos sabido que durante la primera mitad del siglo pasado las historietas jugaron un papel decisivo en la formación emocional e intelectual de los mexicanos. En un país mayormente analfabeta, los monitos enseñaron algo más que a  leer: enseñaron  a amar, a pensar y a reír. Ahora, en el convulso siglo XXI,  en un país que mantiene sus profundos rezagos sociales y culturales, las historietas siguen llegando a nuestro corazón, pero en una forma cada vez más despiadada.

Me refiero a la más reciente edición del Libro Vaquero, que ha albergado en sus páginas los “logros” del Sistema Nacional Anticorrupción. Una iniciativa ideada por la Cámara de Diputados, y la empresa Think Tank Ethos Laboratorio que toma como pretexto el consabido imaginario popular de la historieta propiedad de Hevi Editores. En una República de la Impunidad, este libro es un mensaje sin botella, arrojado al mar. Las páginas se degradaron al contacto de la realidad, convertidas en el fluido de un mar ingrato, ante el estupor de los lectores que saben, de antemano, que las instituciones mexicanas siempre llegan tarde al tren del mame.  Y cuando llegan, lo hacen de la manera más deshonrosa posible.

Es cierto que el Vaquero fue, hasta hace poco años, el formato ideal para profundizar en estratos particulares de la sociedad mexicana. Ahora esta forma popular de la literatura es un consuelo, no una compensación. La melancolía es el usufructo de los mexicanos, quienes seguimos confiando en la cada vez más absurda frase: “todo tiempo pasado fue mejor”. El mexicano es coleccionista de fantasías, y esta edición vaquera no es más que la rídicula preservación de un insulto. Las instituciones siguen creyendo que el mexicano es un consumidor de basura. Y no lo digo por la honorable calidad literaria y gráfica que tiene un objeto de culto como el Libro Vaquero, que en algunos momentos de la historia moderna, ha alcanzado la cima en cuestión artística. La basura que nos arrojan a la cara es un imitación absurda y cantinflesca de un discurso barato que sólo los políticos están obstinados en difundir.

Quienes deben de leer esa basura son, principalmente ellos: la clase política. En lugar de buscar una opción ingenua, es necesario impulsar una consgina más ardua: que  hagan libros que puedan leer los políticos. Porque son ellos a quienes más trabajo les cuesta leer. A ver, yo les pregunto, ¿qué harían ustedes para que el Presidente  esntendiera la siguiente frase: “La ética política y la moral pública deben ser una premisa cotidiana en la actuación de los actores políticos”? No es una cuestión fácil, pero les aseguro que un Libro Vaquero para la clase política no es la opción. O a lo mejor sí.

El sentimental de vaqueros es un objeto de culto que más vale no sacar de su fórmula romántica, no es lo mismo leer esta historieta en su formato físico que en su forma digital, sucede que hay cosas que, al quitarles el aura, terminan conviertiéndose en un ejemplo de la desgracia.

Pobre Libro Vaquero, en tu nombre se siguen reeditando insultos.

P.D.:

Queridos y deleznables políticos corruptos, dejen que esta historieta muera con dignidad.


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