A siete años del asesinato de dos estudiantes a manos del Ejército

Jorge Mercado y Javier Arredondo eran grandes amigos, estaban estudiando posgrados en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). El 19 de marzo de 2010 tabajaron hasta tarde en sus proyectos de investigación, cuando se disponían a abandonar el campus por la puerta que está en el cruce de las avenidas Garza Sada y Luis Elizondo en la capital de Nuevo León, fueron asesinados.

Las circunstancias precisas de su muerte aún son inciertas, lo que es un hecho es que las balas provenían del ejercito, del Escuadrón Néctar Urbano 4, adscrito a la Séptima Zona Militar de Nuevo León. Inicialmente Jorge y Javier fueron señalados como sicarios por las autoridades, intentando criminalizarlos pretendían justificar su muerte.

Los militares aseguran que estaban respondiendo a un llamado para abatir a un supuesto grupo armado en las inmediaciones de la universidad, en un primer momento aseguraron que los dos estudiantes habían descendido armados de una camioneta.

Desde entonces sus familiares, amigos, amigas, compañeros y compañeras se han enfocado a exigir a las autoridades verdad y justicia. El 12 de agosto del 2010, la Comisión Nacionadl de Derechos Humanos (CNDH) emitió la recomendación 45/2010, en la que reconoció que Jorge y Javier eran estudiantes. Además, atribuyó al caso violaciones a los Derechos Humanos en perjuicio de ambos estudiantes, sus familiares, la comunidad del ITESM y la sociedad mexicana.

Apenas en octubre de 2016 el caso fue atraído por el poder judicial de Nuevo León, el avance ha sido poco, pero seis ordenes de aprehensión han sido emitidas para capturar a los seis militares presuntamente responsables del caso. Tres ya están tras las rejas con un auto de formal prisión, uno está reportado como desaparecido y dos más se encuentran prófugos. En 2013 un elemento del ejercito fue juzgado por modificar la escena del crímen, pero fue absuelo por la corte marcial.

Rosa Elvia Mercado, la madre de Jorge, sabe que es un proceso lento y largo, pero mantiene la esperanza no sólo de obtener justicia y limpiar el nombre de su hijo y su amigo, sino de todos los casos que hay en el país.


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