Luz y política

No hay pura luz

ni sombra en los recuerdos:

éstos se hicieron cárdena ceniza

o pavimento sucio

de calle atravesada por los pies de las gentes

que sin cesar salía y entraba en el mercado.

Pablo Neruda

Según la Real Académica Española, luz es el agente físico que hace visible los objetos. Los poetas han usado el concepto de luz para hablar del amor, de cómo las luces hicieron visible la belleza de una persona, de un paisaje, de una obra de arte, de una pintura, de un cuerpo, de un momento, de un abrazo o de un beso.

Neruda escribió: no hay pura luz ni sombra en los recuerdos, refiriéndose a que no existen absolutos en la memoria y que nada en la vida lo es tampoco…si acaso, la verdad, pues para todo lo demás existen matices. 

La luz, ese agente físico que hace visible los objetos, ha hecho patente la posibilidad de la paz en la política; la luz juega un papel protagonista para buscar la paz, en la luz es cuando la inseguridad disminuye, cuando las violaciones cesan, cuando la prostitución se evidencia, cuando la corrupción se denuncia y cuando los toques de queda no son de queda.

Las luces en las calles no son adorno, sino la garantía de la sociedad para dar cumplimiento a los derechos humanos, al derecho a transitar de manera libre por una banqueta, al derecho humano de información verdadera para tomar decisiones. Sin luz no podríamos ver la información, sin luz los niños no podrían jugar en las calles ni los viejos tener un momento de recreación al lado del ajedrez.

José Miguel Sokoloff dirigió un plan de comunicación para desintegrar a la guerrilla en Colombia, y lo hizo a través de luces de Navidad. No hubo mecanismo más efectivo y menos violento para desarmar a guerrilleros que las luces navideñas. Mientras más expuestos estaban los guerrilleros a las luces, menos querían estar en la guerrilla, porque la luz les hizo recordar a su familia, la luz les hizo recordar que antes de ser guerrilleros fueron seres humanos y la luz los hizo regresar a casa.

Enrique Alfaro Ramírez, alcalde de Guadalajara, realizó un festival de luces para celebrar el 475 aniversario de la ciudad, apropiándose de los edificios antiguos del centro de la ciudad, con focos en los andadores de un espacio cercado por el desarrollo urbano y el incremento del parque vehicular, mediante video mapping en los edificios históricos e incluso los edificios religiosos. Así, el gobierno de Guadalajara logró reunir a miles de ciudadanos de diferentes clases sociales alrededor de la luz.

Miles olvidaron la crisis de inseguridad y la batalla política con destino a una urna electoral. Miles se dejaron llevar por las luces, la historia y los juegos pirotécnicos. Convivieron alrededor de la luz, haciendo cultura cívica y reconstruyendo un tejido que hemos permito que sea descosido por un grupo de delincuentes o un grupo de políticos que lo que menos quieren es que nos adueñemos de las calles, de la ciudad y de la política, como lo hicimos de unas fuentes bailarinas en Guadalajara. 

La luz se convierte en ese catalizador que nos hace volvernos a sentir humanos. Un amigo afirmaba que los seres humanos actuamos como polos opuestos frente a la luz y al fuego porque las vibraciones entran en el fondo de nuestro cerebro y nos hacen vibrar en el corazón, nos roban la atención y nos perdernos en simplemente pensar el destino y origen de esa luz.

La luz debe ser ese agente físico que haga visible nuestra capacidad de ser pequeñas luciérnagas, que pueden reconstruir el tejido social o de convivir en paz. La luz debe hacer visible los sentimientos más buenos, las soluciones más viables a los conflictos; debe hacer visibles a los malos, para denunciarlos, y a los buenos para reconocerlos, pero sobre todo, hacer visible la verdad, en esta era donde decir verdad es la acción más arriesgada.

Todos estamos hechos para reunirnos alrededor de la luz, mirarla, vivir a la luz de la verdad y caminar hacia ella. En la luz nacimos y en la luz moriremos.

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